Cómo crear un pueblo de la nada

Se define como romántico, soñador y bohemio. A sus 72 años, Miguel Vivancos ha viajado 26 veces al Sahara y 8 a Honduras, donde ha descubierto una segunda vida ayudando a la gente con menos recursos.

Miguel Vivancos es un promotor murciano que ha dedicado media vida a ayudar a la gente, ya sea en sus viajes a Honduras y al Sahara, o en actos de menor envergadura como en los que le hemos visto aquí en Murcia, repartiendo mantas y comida a los indigentes o haciendo de payaso para los niños pequeños.


Miguel Vivancos Gallego. Fotografía: www.laverdad.es

Miguel Vivancos Gallego. Fotografía: www.laverdad.es

Toda esta historia empezó con una simple pregunta al antiguo presidente de la región, Carlos Collado: ¿Hay alguna localidad llamada Murcia en Hispanoamérica? A partir de este momento, Miguel Vivancos emprende la dura tarea de construir una aldea para los campesinos que viven en chozas.

“El agua y la vegetación fue lo que más me enamoró” dice Miguel cuando recuerda las primeras fotografías que le mandó su hermano. Fue entonces cuando comienza su andadura para poder crear la aldea Nueva Murcia, donde se construirían 50 casas cedidas a gente de los pueblos cercanos que vivían en “chabolas”. Durante los primeros años Miguel se encarga de recoger dinero, subvenciones y preparar licencias, mientras su hermano supervisa la construcción.

En 1986 el hermano de Miguel, el cura Pepe, decide ir de misiones a Honduras, donde adopta un niño de 14 años llamado Leonel. Con los años, este chico decide casarse; y este será el acontecimiento que lleva a Miguel hasta Rio Lindo por primera vez, pueblo donde están construyendo la aldea.

La primera casa construida fue subvencionada por el ayuntamiento de Lorca y fue destinada a los trabajadores. “La llamamos la casa de la cultura para el pueblo, porque los trabajadores necesitaban un sitio donde poder ir” dice Miguel orgulloso por su trabajo, añadiendo: “nunca habían visto una barra americana hasta que les hice una con su máquina de café italiana y todo”.

Honduras fue golpeada fuertemente por el huracán Mitch en 1998, cuando la organización de Miguel ya tenía construidas 18 casas en una de las zonas afectadas. Para él no fue cuestión de suerte que ninguna sufriera daños, sino que se demostró que las estaban realizando con calidad, como deberían de estar hechas todas las casas para que soportaran una catástrofe; pero allí la mayoría de la gente vive en chabolas o cabañas que no resisten a este tipo de tormentas. Aprovecho este momento para preguntarle por los hogares, cómo son esas viviendas que son cedidas a la población. Miguel nos enseña fotos de las pequeñas casas blancas que constan de 3 habitaciones, un cuarto de baño y una cocina, pero nos cuenta que “la cocina no la usan porque se construyen unas de adobe en el patio”, mientras busca más fotografías para mostrarnos estos patios y jardines en los que algunos de los inquilinos incluso plantan un pequeño huerto.

Cómo crear un pueblo de la nada

Primera casa construida por la organización.
Fotografía cedida por Miguel

Las ultimas 5 casas que se construyeron fueron pagadas con la ayuda de un partido de fútbol benéfico realizado por “Pepito Soler, un torero amigo mío; y Juan Antonio, un futbolista murciano”. En total ya se han construido 23 casas de ese proyecto de 50, que al parecer se encuentra estancado por temas económicos.

Cuando sale a relucir el tema del dinero, el semblante de Miguel se endurece y su tono se vuelve más indignado, ya que no está de acuerdo con el trato que le han dado los bancos, sobre todo Cajamurcia que, tras presentar el proyecto en varias ocasiones para pedir financiación, siempre se lo denegaban por algún tecnicismo. Miguel achaca este comportamiento a la falta de motivación económica, porque Cajamurcia no recibiría ningún tipo de comisión. “Los bancos no me financian porque ellos no sacan tajada, están acostumbrados a los grandes constructores corruptos” concluye seriamente.

“Con lo que cuesta un coche aquí, construiríamos 27 casas”

Miguel explica que el dinero necesario para acabar de fabricar estas 27 casas sería de 45.000 euros. “Con lo que cuesta un coche aquí, construiríamos 27 casas” dice con un deje de ironía. Cuando comenzó a realizar los planos del proyecto, las primeras construcciones costaron 3.000 euros cada vivienda. Hace dos años ya que Miguel no va a Honduras -debido a que el precio del viaje cada vez es mayor y él vive de su paga de jubilado-, pero se está dedicando a buscar financiación para poder concluir el proyecto. Mantiene la seguridad de verlo algún día acabado. Rafael González Tovar, candidato socialista a la Presidencia de la Región de Murcia, habló con él en su día sobre ayudarle a buscar subvenciones si salia de presidente en las pasadas elecciones, pero dado el panorama electoral, todavía es pronto para saber qué tipo de ayudas podrá aportar (si es que lo hace).

A pesar del tiempo que hace del último viaje, Miguel sigue en contacto con toda la gente de la aldea Nueva Murcia mediante el Facebook, y se entera así de los problemas políticos que puedan surgir en el pueblo, porque las casas “se ceden por uso y disfrute de los inquilinos de por vida”, al ser el terrero  del gobierno y no poder venderse. La asociación de vecinos y el presidente del patronato negocian con el alcalde, convocan asambleas y, de esta forma, deciden qué familias serán las afortunadas de recibir una casa. Miguel nos cuenta preocupado que en los últimos meses, las chicas del equipo de fútbol que él creó le han estado mandando mensajes para que vuelva pronto, ya que el nuevo alcalde -por el que todos hicieron campaña y al que ayudaron- se está “despistando” y ya solo mantiene conversaciones con el presidente del patronato, olvidando todas las promesas electorales que prometió cumplir.

Aldea Nueva Murcia.  Fotografía cedida por Miguel Vivancos

Aldea Nueva Murcia.
Fotografía cedida por Miguel Vivancos

La vida de nuestro protagonista está llena de anécdotas curiosas que contar, pero cuando le pedimos que señale una en concreto, nos habla de una amenaza de muerte: “Padre Pepe, su hermano Miguel tiene la lengua muy larga y puede ser que una mañana amanezca muerto tirado en la cuneta”. Esta es la llamada que recibió una noche el cura con un aviso para su hermano, por haber estado haciendo campaña con el partido liberal de Manuel Celaya en Rio Lindo. Miguel pretende hacerles entender a los lugareños que los “gringos” (estadounidenses) se están aprovechando de ellos, y no tienen que permitirlo. “Con la edad que tengo, me da lo mismo que me maten por defender a esta pobre gente” contesta Miguel a su hermano ante la insistencia de este para que deje de hacer campaña.

“Las que llevan adelante el país son las mujeres”

Una de las cosas más bonitas que Miguel recuerda haber visto en Honduras son las orquídeas que nacen en los cables de alta tensión. Estos se enredan y van recogiendo la tierra y semillas que mueve el aire, donde acaban naciendo “esas flores tan preciosas”. Para Miguel este viaje todavía no ha acabado; tiene la fe de ver Aldea Nueva Murcia terminada: “No pierdo la esperanza, además tengo una nieta de 18 años estudiando que quiere seguir mis pasos y es una fiera.”

P.: ¿Te irías a vivir a Honduras actualmente?

R.: Sí, claro que sí, pero quiero ver crecer a mis nietas -dice con un semblante a medio camino entre tristeza y orgullo paterno, a causa del dilema que se produce cuando tienes familia en dos lugares tan separados.

“Las que llevan adelante ese país son las mujeres, todo está controlado por los caciques y la gente joven tiene que reaccionar ya” dice mientras golpea la mesa en varias ocasiones, sin poder evitar el disgusto que su misma afirmación le produce.

CC BY-NC-ND 4.0
Cómo crear un pueblo de la nada por Paula Férriz está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

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  • Roxana

    Excelente articulo de el Señor Miguel Vivancos. Saludos cordiales Dios los bendiga