“¿Cómo has hecho eso? Tiene que ser magia…, ¿o es ciencia?”

  • La joven Alba, junto a centenares de alumnos, disfrutó en la Semana de la Ciencia de los secretos que guarda la ciencia para aquellos que la desean conocer

Como si de la salida de una carrera de Fórmula 1 se tratase, los alumnos no esperaron ni un segundo para dirigirse al Malecón cuando sus maestros les dieron luz verde para “disfrutar y aprender sobre ciencia”. El sol junto al inesperado viento helado de finales de año fueron los invitados de lujo en el jardín del Malecón de Murcia para dar la bienvenida a la Semana de la Ciencia y la Tecnología 16 (SECYT16) que, poco a poco, vio cómo esos enérgicos jóvenes, niños y profesores de más de veinte institutos de toda la región, iban ocupando el jardín.

En cuestión de minutos, la totalidad de las casetas estaban a rebosar de niños hambrientos de conocimiento. Los mayores no tenían prisa, pero los pequeños estaban ansiosos y, haciendo gala de esa energía que tanto les caracteriza, corrían para llegar los primeros y recibir algún premio por su velocidad. “Vamos aquí. No, allí que hay un volcán”, conversaban dos chicas de unos 7 años que no se decidían a dónde ir primero ante la enorme diversidad que se les ofrecía.

Insaciable apetito de conocimiento

“El interés me mata”, comentaba Sandra, del IES Ruiz de Alda, mientras esperaba su turno para entrar a la proyección animada que se ofrecía sobre los planetas del sistema solar. Para Mario y Antonio, Marte no alberga vida alguna, pero el simple hecho de poder viajar a otro planeta es “algo que mola”. Los pequeños no se paraban a descansar ante todo un Malecón lleno de “formas curiosas de aprender”.

Logo de la Semana de la Ciencia y Tecnología 16 en Murcia

Logo de la Semana de la Ciencia y Tecnología 16 en Murcia

“¿Cómo has hecho eso? Tiene que ser magia… o ciencia, no lo sé”, respondía entre risas María, estudiante del IES Miguel de Cervantes cuando le preguntaron cómo era posible que Pac-man devorara todo el corcho que le echaban. Ninguno de los jóvenes presentes daba con la respuesta ante tal incógnita, y es que el compuesto “mágico” era un poco de acetona. “¡Oh, flipante!”, exclamaban  los más pequeños cuando los alumnos del IES Juan de la Cierva y Codorníu les aseguraban que les mostrarían una “serpiente negra” mezclando azúcar, alcohol, gasolina y un poco de calor en una cerámica con tierra.

Todos disfrutaban: no solo los alumnos se entretenían y aprendían con la dinámica del evento, sino que los docentes también se entusiasmaban al ver cómo sus alumnos se interesaban por aquello que a ellos tanto les costaba impartir en clase. “¿Las “mates” que damos en clase valen para esto?”, preguntaba incrédulo Carlos cuando un coche armado con piezas de lego realizaba tareas simples de forma autónoma sin tener que llevarlo él con su mano.

Los alumnos se “visten” de profesores

Cada día los profesores se enfrentan al reto de captar la atención de sus alumnos, haciendo más amenos y dinámicos los temas a impartir. Pero esta es una batalla que la mayoría de profesores que asistieron al Malecón reconocen tener perdida, ya que “los alumnos están más preocupados por usar el WhatsApp, hablar de fútbol o de contarse el último cotilleo, antes que de atender en clase”. Para demostrar que la ciencia suscita mucho interés en los estudiantes, en el IES Juan de la Cierva y Codorníu decidió dar la oportunidad a los alumnos del Bachillerato Internacional de demostrar cómo mantener a sus compañeros atentos en clase, con ellos “vistiéndose” de maestros.

“El Bachillerato Internacional es un programa eminentemente práctico, donde echan muchas horas de laboratorio. Por eso, se les ha dado la oportunidad de explicar aquí lo que aprenden en clase”, aseguraba Juan Francisco Otálora, director del instituto, para dejar clara la propuesta del centro y el porqué de esta idea. Para Otálora la forma más divertida y directa de mostrar la ciencia a los pequeños es que sean alumnos quienes hagan de divulgadores científicos y difundan lo que aprenden. Para él, los profesores “montan unas películas un poco extrañas y no saben llegar a los chavales”, y es así como se empieza a perder al alumno, a la par que disminuye el interés del mismo por la asignatura.

“Te sientes como un docente que está ayudando a los niños, enseñándole lo divertido que puede ser aprender en lugar de solo dar teoría”, confiesan los jóvenes alumnos de Totana que sentían en sus carnes lo que sus profesores viven todos los días. En el Bachillerato Internacional saben lo que quieren y aprovecharon la oportunidad brindada y el éxito que estaban teniendo para mandar un mensaje a todos los maestros en cuanto al método de enseñanza que suelen impartir: “Deben demostrar lo que explican, mucha teoría sin hechos no sirve para nada. Tenemos que verlo para entenderlo, porque de lo contrario, no nos entra en la cabeza lo que nos explican”.

Con el triunfo que cosecha cada año la Semana de la Ciencia, cabe lugar la duda: ¿cuándo aprenderán los científicos que su rama sí puede ser divertida? En la carrera por hacer una ciencia accesible para todos, los científicos tienen mucho que aprender de los participantes de todas y cada una de las ediciones de SECYT, que les llevan varias vueltas de ventaja y ya han demostrado que la madre ciencia está disponible para todos y que los pequeños alucinan con ella, siempre y cuando se les presente de la forma que tanto les encanta: con experimentos dinámicos.

CC BY-NC-ND 4.0
“¿Cómo has hecho eso? Tiene que ser magia…, ¿o es ciencia?” por Roger Daniel García está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

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