Crítica — Cenicienta (2015)

Helena Bonhan Carter, insuperable en su papel de Hada Madrina. FOTO POR JONATHAN OLLEY.

Helena Bonhan Carter, insuperable en su papel de Hada Madrina. FOTOGRAFÍA POR JONATHAN OLLEY.

Todos podemos decir que esta versión de Cenicienta no es más que un repetitivo remake a la animación de 1950 que cuenta las aventuras (o desventuras) de una joven huérfana que acaba bajo la tiranía de su madrastra y sus poco agraciadas hermanastras. Pues bien, esta no va a ser menos, y de hecho, es un poquito mejor que aquella que decimos.

Puede que en la actualidad existan cientos de películas adaptadas a la historia de Perrault, y cada una a su manera. Pero la factoría Disney esta vez no ha querido arriesgar en elaborar una versión alternativa de un clásico, como la no tan malvada Maléfica en 2014. Han conservado el cánon de historia de amor con final feliz, en el que se premian valores como la generosidad y el valor (mucho valor por no haber apaleado a Lady Tremaine desde el principio). Y no es precisamente gracias a los guionistas, que en este aspecto han estado un poquitín bastante escuetos en cuanto a la interacción del reparto, ni a esa insoportable narradora que te suelta el cuento sin más remedio, sino por la interpretación fidedigna de Lily James y Cate Blanchett encarnando el papel de Cenicienta (Ella, para aquellos que desprecien el descarado humor negro de sus hermanastras) y Lady Tremaine. El dúo altamente discordante conforma una química envidiable entre los polos opuestos de una historia marcada por la buena moral.

También debemos dar las gracias a la insuperable labor de Kenneth Branagh como director, así como a los encargados de vestuario y decoración que por un momento, nos han llevado a la fiesta más colorida y elegante desde la versión 2012 de El Gran Gatsby. La magia corre a cargo de los efectos especiales que sin duda alguna, han concebido maravillas visuales en los momentos claves y esperados de la película, como la transformación de Ella para ir al baile (así como la aparición sorprendente de una acertada Helena Bonham Carter como el Hada Madrina), la coordinada coreografía que se marcan los protagonistas enamorados delante de centenares de invitados, así como la predecible escena degenerativa de la carroza tras las campanadas del nuevo día.

Pero la disyuntiva queda en la pregunta: ¿es una película de sobresaliente o de suspenso? Ni una ni otra. Disney ha conseguido con éxito plasmar una vez más su eslogan “los sueños se hacen realidad” en un tema tan banal como el amor, envuelto en un sugerente “la imagen no es siempre lo que importa, y mucho menos de dónde vengas”. No quito que en ciertos tramos de la película encontremos momentos excesivos y azucarados como la primera conversación entre el Príncipe Kit y Ella, pero por lo demás es una película llevadera y fácil de ver. Además justifica hechos completamente inverosímiles de la película de animación en esta adaptación en carne y hueso, como la concepción del vestido por cuenta de la princesa o la disyuntiva planteada en el matrimonio concertado marcado por la conveniencia o el auténtico compromiso.

Esta película puede no ser apta para escépticos y cerrados de mente que hayan descartado la idea de seguir las películas de Walt Disney en su infancia, adolescencia o quién sabe en qué etapa de sus vidas. Por otro lado, los fervientemente creyentes de los cuentos de hadas, pensarán que se trata de una de las mejores adaptaciones que se han hecho desde la imposición de los remakes en carne y hueso. Pero lo cierto es que Disney ha ofrecido un espectáculo, y será lo que el público infantil, y puede que el adulto, valore más.

CC BY-NC-ND 4.0
Crítica — Cenicienta (2015) por Javier Sánchez está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

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