Desnudando a Luis Gómez, guitarrista de Maldita Nerea

Cinco de la tarde, 41 grados a la sombra. Daba la sensación de que estuvieran “cayendo chalecos de pana” desde el cielo. Un día que podría asemejarse al clima que debe haber en el mismísimo infierno. Ese día tuvo lugar nuestra cita, en el local más cosmopolita del pueblo murciano de Fortuna, ‘El Templo del Perro’. Y podrían preguntarse, ¿por qué ahí? Pues, precisamente, porque nuestro protagonista fue el dueño del primer ‘Templo del Perro’ que se inauguró en Fortuna, y porque él se encuentra a sus anchas entre su ambiente embriagador, como bohemio parisino abrazado a su botella de absenta. El establecimiento es una sala de conciertos bastante amplia, pero escogimos el rincón más recóndito y oscuro que posee el recinto. Ese ángulo tenebroso atrae a la intimidad e incita a sincerarse. Y así fue, nuestro artista entrevistado se sinceró.

Foto: http://malditabeachrock.com/img/monitores/monitores%20(3).png

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Muchos, si os presento a este personaje del panorama nacional como Luis Gómez, seguramente no sepáis de quién estoy hablando a no ser que seáis fortunero (natural de Fortuna) y cercano a él. Sin embargo, si os digo que su ocupación actual es guitarrista del famoso grupo español de pop, ‘Maldita Nerea’ -entre otras cosas-, seguramente ya sabréis de quién estoy hablando. Cuerpo fino, coronado por su pelo largo y oscuro, y complementado por una cordial sonrisa. Pero todo esto se queda en un segundo plano cuando te cruzas con la mirada que posee, franca y humilde, que te estimula a hablar horas y horas con él sin notar ni una pizca de vanidad.

Todo comenzó para él a los cinco años. A esa edad experimentó por primera vez la sensación que te produce la música cuando te domina. “Venía del Valle de Ricote con mi padre en el coche y en la radio sonaba ‘Hey Jude‘ de The Beatles. Al llegar a la cola de la canción se me erizaron los pelos y yo no lo entendía, y le pregunté a mi padre: ¿Por qué se me erizan los pelos? A lo que él respondió: hijo, estás sintiendo la música”. Ese emotivo momento le hizo saber que la música formaría parte de su vida. En sexto de EGB, junto a sus compañeros, crea una pequeña banda y tiene sus primeros contactos reales con la música.

Luis Gómez en la entrada de 'El Templo del Perro'. Foto: José Francisco Valero Pagán

Luis Gómez en la entrada de ‘El Templo del Perro’. Foto: José Francisco Valero Pagán

“Me tocó sentarme en clase con mi gran amigo, David Moretti. Junto a él y otros compañeros empezamos a hacer nuestros primeros pinitos en la música”.

“Comparto una cosa contigo. Tuve una época que me gustó mucho el rap. Compuse canciones y estuve muy vinculado a muchos géneros musicales”. Que Luis se sintiera atraído por diferentes tipos de música no era nada nuevo, pero sí lo era su gusto por el género musical nacido en Bronx en los años 70, lo que ayudo a una mayor compenetración durante nuestro encuentro. No se asemeja, en realidad, con ningún artista en concreto, “en la arquitectura, te diría Gaudí, pero en la música no podría decirte un artista con el que identificarme”.

La canción ‘All along the watchtower‘ versionada por Jimmy Hendrix tiene muchísima importancia para él, ya que está cargada de simbolismo que extrapola a su vida. “Estuve ingresado en el hospital siete meses y me recordaba que todo lo largo de la torre del reloj era como: no te preocupes, hay mucho tiempo que se puede recuperar. Y esa era una canción que me motivaba mucho”.

Todo lo que se quiera hacer en la vida, ya sea más o menos, conlleva un sacrificio, un coste de oportunidad. Y la vida de un músico de un grupo importante en el panorama nacional, no va a ser menos. Él reconoce que no es bueno para dedicarse a más de una cosa a la vez, que funciona mejor centrándose en solo una modalidad, y esa fue la música. Esto supuso abandonar sus estudios universitarios y subirse al tren de la melodía que le ha llevado hasta la posición que ocupa ahora.

“Venía de pasar la muerte de mi padre y el ingreso que sufrí en el hospital. Llevaba unos dos años tocando la guitarra de forma autodidacta. Unas fiestas de Fortuna salí a mi portal y un conocido me presentó a Jorge Ruiz (cantante de Maldita Nerea). Me contaron que estaban montando un proyecto en el cual todavía faltaba el segundo guitarra. Me preguntaron si quería aventurarme; me presenté en un ensayo y se quedaron conmigo. Por eso digo que el factor suerte ha afectado en mi vida un disparate”. Así describe él su inicio en Maldita Nerea, que fue más producto de la casualidad que de la causalidad.

Y es que no solo participa en el proyecto de Maldita Nerea. También participa con el Bosco, un grupo de música psicodélica con mucha puesta en escena y teatralidad, aunque, en realidad, Luis se ofrece a tocar “con cualquiera que se preste y sea mi amigo, y me sienta cómodo para tocar, indiferentemente de cuál sea su nivel musical”. Aparece la humildad. No es costumbre ver este tipo de actos en gente del caché de Luis. Más tarde, él criticaría eso.

Ha llevado “palos en la vida”; ha aprendido a vivir gracias a las situaciones a las que le ha llevado su ajetreada vida y, lo más importante, ya no es un niño. Estas situaciones han hecho que su humildad se curtiera y se cultivara. Porque el mundo de la música a gran nivel “te puede hacer perder la cabeza“. Pero él la tiene en su sitio. Del Luis aquel que era dueño del primer “Templo del Perro” al Luis actual “lo único que ha cambiado en esencia son las experiencias vividas”. El dinero y la fama “si tú no quieres, no te cambia”. Él piensa que estos dos factores dan un poder que no estamos capacitados para asimilar y que pueden llegar a convertirse en algo que no quieres. “Si esta entrevista llegara a un gran alcance, me sentiría muy orgulloso de las palabras que voy a decir: el mundo de la música está lleno de vanidosos y ególatras, a veces muy detestables“, esta es su reacción al preguntarle si piensa que el dinero, la fama y el poder alimentan el ego. No sabe a qué achacárselo; no cree que ser músico lleve implícito que te vayas a convertir en una persona ególatra, pero sí que es cierto que ocurre. “Son personalidades que no están muy forjadas en sí mismas, tienen miedos y están refugiándose en una coraza de dinero y ego”.

Foto: viventia.files.wordpress.com

Foto: viventia.files.wordpress.com

El momento de abandonar Fortuna al irse de gira, para Luis, no es un momento fácil. “Lo echo todo de menos. Las raíces me tiran muchísimo, además de que creo que vivo en uno de los pueblos más bonitos que existen”. Y es que Fortuna, no sabemos lo que tiene, pero todo el que viene acaba quedándose, aunque estas afirmaciones seguramente cualquiera puede hacerlas de sus raíces.

Da pena alejarse de tus familiares, de tus amigos, pero una vez que te subes al escenario y todo el complejo de sensaciones y sentimientos se activa, todo queda atrás.

El escenario tiene sus exigencias, “el primero que te exige es el público, y tú lo que quieres es que se queden contentos”. El público puede ser el que te alce a la gloria o, por el contrario, el que te hunda en la más decepcionante indiferencia. Luego está la propia exigencia con uno mismo. Quieres darlo todo, que las energías fluyan. “Cuando estás en el plano instrumentista y estas tocando, entras en otra dimensión, y la racionalización del pensamiento se centra solo en sentir y en trasmitir lo que sientes a tu público; de ahí la exigencia”. El equilibrio es vital para la canalización de los sentimientos. Crear un triángulo perfectamente equilibrado entre el público, el músico en sí y la banda en general siempre es la clave para garantizar el éxito del show. “Sí, a veces, no encontramos el equilibrio en nosotros mismos. Mira qué difícil que es encontrarlo entre público, instrumentista y banda”.

Llegamos al clímax. Os pido imaginar que estáis en un gran escenario; con un equipo completo de instrumentistas y vocalistas; con miles de personas entregadas a vuestra merced pidiendo más y más, dejándose la voz necesitadas de esa droga llamada música; con las emociones poseyendo el cuerpo de estas personas borrachas por la adrenalina. Esta escena es para Luis: “el motivo por el que sigo en Maldita Nerea”. Es feliz tocando. “Hay quien lo llama Dios; quien lo llama experiencias con lo divino; y hay quien lo llama arte: experiencias para transmitir y para sentir. Y eso es lo que mueve mi mundo”.

– Luis, ¿artista naciste o te hiciste?

– No lo puedo saber. Pero sé que la música se ha movido muy dentro de mí; sigo escuchándola; sigo emocionándome con ella; sigo llorando con canciones; sigo poniéndome enfadadísimo; sigue poniéndome nervioso; y sigue poniéndome en los niveles más extremos del ser humano.

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Desnudando a Luis Gómez, guitarrista de Maldita Nerea por José Francisco Valero Pagán está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

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