El segundo sexo de la cultura

  • Con el S. XXI haciendo cada vez más camino, la desigualdad entre la mujer y el hombre es aún muy evidente. La falta de leyes con un cumplimiento real y la escasa representación de la mujer en los órganos de decisión agrava, más si cabe, esta condición
  • Cristina Guirao,  profesora del Máster de género e igualdad de la Universidad de Murcia y miembro de la asociación Clásicas y Modernas, destaca la gravedad de la influencia de la cultura en la perpetuación y la legitimación de la desigualdad

A lo largo y ancho de la historia de la humanidad, el sexo femenino ha sido relegado a un segundo plano, a la sombra de su gigante homólogo. Hasta hace relativamente poco, la mujer apenas gozaba de derechos que la convirtiesen en una ciudadana más y, por desgracia, en algunos lugares del mundo aún se habla de esta situación en presente. Desde finales del S. XVIII, el movimiento feminista ha luchado para conseguir una sociedad igualitaria entre mujeres y hombres, exigiendo tres derechos fundamentales: el derecho a la educación, el derecho al voto y otro grupo de derechos civiles. Sin embargo, a pesar de que en muchos países (España incluido) esta demanda ha dejado de ser una utopía, no ha resultado ser suficiente. La profesora Cristina Guirao sostiene que  seguimos viviendo en un mundo atravesado por la dominación masculina y el ámbito cultural confirma en numerosas ocasiones la veracidad de esta afirmación.

Además de ver en la mayoría de obras literarias, en películas o en pinturas a la mujer como un simple objeto, como una musa o en función de un varón, la figura femenina también aparece en un papel secundario (casi anecdótico) cuando se sitúa como creadora de material cultural. El  Diagnóstico estadístico sobre la presencia de las mujeres en la industria cultural española  (2014) enseña solo algunas pruebas de ello. El balance de la investigación desarrollada por Esmeralda Ballesteros señala que, en cuanto a formación en el ámbito de la cultura, existe un 70 % de mujeres licenciadas, graduadas o que han obtenido algún tipo de título relacionado con dicho sector, mientras que solo el 30 % de estos casos son hombres. Paradójicamente, en la práctica, quien ejerce más actividad en el mundo cultural son ellos, dando lugar a porcentajes totalmente inversos a los anteriores: un 77 % de la actividad cultural pertenece al género masculino, mientras que solo un 22 % pertenece al género femenino. El reflejo (y la consecuencia) de esta situación son las pocas pinturas de mujeres expuestas en museos, las pocas obras cinematográficas visibilizadas por la industria cultural y los medios de comunicación o los pocos premios otorgados a mujeres artistas.

Balance del "Diagnóstico estadístico sobre la presencia de las mujeres en la industria cultural española". Foto: PDF publicado en http://myhcultura.wixsite.com/myhcultura

Balance del “Diagnóstico estadístico sobre la presencia de las mujeres en la industria cultural española”. Foto: myhcultura.wixsite.com/myhcultura

Para visualizar mejor esta información es preciso indicar que solo un 25 % de las obras de arte exhibidas en museos de España llevan la firma de una mujer y, de ellas, únicamente el 10 % son españolas. Asimismo, las artistas galardonadas con premios representan nada más que el 20 % del total.

Otro de los casos más graves que representa esta situación es el del cine. Según datos facilitados por el ICAA (Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales) (2014/2015) las directoras españolas se mueven en un rango de porcentajes de entre el 7 y el 8 %, las guionistas representan alrededor del 15 %, las productoras equivalen al 20 %… Pero lo que resulta más significativo es que las mujeres cuentan de media con la mitad de presupuesto que los hombres para realizar películas. Cristina Guirao explica esta situación desde un punto de vista sociológico afirmando que “el cine es una de las expresiones artísticas donde más recursos hay que manejar, que implica tener capacidad para moverse por espacios públicos, etc., y la mujer no responde a dicho perfil y no lo hace por problemas estructurales. Por lo general, la mujer se ve obligada a pasar muchas más horas que el hombre cuidando de la familia y del hogar, tiene un tiempo mucho más limitado puesto que, a menudo, abandona el espacio público para quedarse en un espacio privado (su casa); lo que limita tanto su tiempo de producción como de trabajo”.

Manifestación de mujeres feministas. Foto: www.culturacolectiva.com

Manifestación de mujeres feministas. Foto: www.culturacolectiva.com

Este fenómeno resulta extraño, casi inexplicable a simple vista. Surgen muchas preguntas a la vez que aparecen más datos. ¿Cómo es posible que los hombres sean los que dominen por excelencia el ámbito de la cultura si, por estadística, son ellas las que más formación tienen? ¿Dónde queda ese 70 % de graduadas y licenciadas que vemos en las aulas de los distintos centros educativos? Laura Freixas, escritora catalana y presidenta de la asociación Clásicas y Modernas, destacaba en una de sus conferencias en la Universidad de Murcia una idea clave de la cultura patriarcal que puede justificar esta situación: la idea de que lo masculino per se es positivo, mientras que lo femenino per se es negativo. “El lenguaje está lleno de palabras que inciden en esta idea. Así lo vemos, por ejemplo, en palabras o expresiones como viril, caballeroso, hombre de bien, gran hombre…, que son términos elogiosos y que se aplican únicamente a varones, es decir, no tienen equivalente femenino. En cambio, en el lado de la mujer, encontramos diversos términos peyorativos que no tienen equivalente masculino, como maruja, arpía, bruja…, y se han calculado alrededor de 600 sinónimos de la palabra puta”, afirma Freixas.

Activistas de Guerrilla Girls manifestándose frente al MOMA. Foto: www.widewalls.ch

Activistas de Guerrilla Girls manifestándose frente al MOMA. Foto: www.widewalls.ch

Ahora es cuando se comienza a divisar lo peligroso de esta situación y se ve con más claridad cómo su trasfondo está muy relacionado con la perpetuación y la legitimación de la sociedad patriarcal y de la violencia machista o, dicho en términos sociológicos, vemos cómo esta realidad es una muestra más de lo que Galtung denominaba violencia cultural. Cristina Guirao recalca, con cierto tono alarmista, que “desde la infancia lo que las mujeres hacemos o cómo nos construimos se desarrolla siempre en relación a lo que el hombre hace, que es lo considerado importante. Por ello, los niños ya desde pequeños, cuando quieren desvalorizar algo, tienden a decir que “eso es de nenas”. El cómo somos las mujeres, cómo desarrollamos nuestras capacidades y qué hacemos en el mundo siempre tiende a desvalorizarse. De este modo, es lógico que el hombre, construido sobre la idea de que lo estúpido y lo malo es de “nenas”, pase de la violencia simbólica a la física fácilmente, ya que supone que la mujer no vale nada”.

Asimismo, y como no podía ser de otra manera, la desigualdad del mundo cultural se ve reflejada en el ámbito económico. Cristina Guirao, especialista en conciliación de la vida laboral y familiar, afirma que “en el fondo, la dominación masculina da lugar a una situación en la que los varones ganan más dinero, creando así una brecha salarial muy importante. Pero no solo eso, sino que el hecho de disponer de una trayectoria profesional más larga (pues las mujeres gozan de menos oportunidades y quedan muchas veces relegadas al hogar) hace que luego ellos tengan una pensión mayor, más prestaciones sociales, más derechos… que nosotras, solo por el hecho de haber tenido la oportunidad de permanecer más tiempo en el espacio productivo”.

Cartel activista de Guerrilla Girls (1985). Foto: www.guerrillagirls.com

Cartel activista de Guerrilla Girls (1985). Foto: www.guerrillagirls.com

“No es país para viejos”, enuncia la novela de Cormac McCarthy y, por lo visto, este tampoco es un mundo para mujeres. Sin embargo, hay muchas personas que luchan día a día para cambiar las cosas y que intentan romper, a base de duros golpes, ese metafórico techo de cristal que ha excluido a la mujer de la historia. Y es que, aunque se opine lo contrario, existen muchas alternativas a la cultura que el patriarcado impone. Así lo podemos ver en numerosas obras de Alice Monru, Marjane Strapi, Isabel Coixet o Katherine Mansfiel, que nos presentan un mundo más paritario, donde la mujer adquiere protagonismo e incluso se critica el sistema dominante. No obstante, las y los críticos inciden en que hacen falta soluciones más drásticas, como el cumplimiento efectivo de los planes de igualdad establecidos. En la actualidad, las distintas asociaciones de mujeres creadoras reclaman el aumento de la presencia femenina en los órganos de toma de decisiones, pues en estos reside el filtro que es capaz de valorar y dar visibilidad las diversas obras de arte. Aunque, siendo realistas y como argumenta Cristina Guirao, “toda esta situación cambiaría realmente si los hombres se concienciasen de la desigualdad  y la violencia que afecta a las mujeres. La igualdad debe ser un asunto de todos, no sólo de las mujeres”.

Hay muchos factores a cambiar en la sociedad para que los dos géneros humanos puedan convivir en equilibrio, eso está más que claro, pero como bien dice Laura Freixas: “Para construir un mundo mejor, antes tenemos que soñarlo: en las novelas, en las películas, en los cuadros…”, en la cultura.

Imagen de perfil de Camila Correa Pacheco

Camila Correa Pacheco

Estudiante de Periodismo en la UMU. "Y los días se echaron a caminar. Y ellos, los días, nos hicieron. Y así fuimos nacidas nosotras, las hijas de los días, las averiguadoras, las buscadoras de la vida."

CC BY-NC-ND 4.0
El segundo sexo de la cultura por Camila Correa Pacheco está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

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