Eurovisión y el misterio de los Kit Kats desaparecidos

Qué noche tan rara la del 23 de mayo, ¿verdad? En realidad, ver a todos los países implicados cada año en la hipócrita amistad que envuelve los escenarios de Eurovisión lo hace todavía más extraño. Este año se ha celebrado en Viena la sexagésima edición del concurso eurovisivo, de donde surge la ganadora del pasado año, Conchita  Wurst, como un fénix. Espero que captéis la analogía. Y como no, vivimos con la ilusión de que algún día, mejor dicho, algún año, España gane el festival después de que ya lo hiciera Massiel en la época de las cavernas, sin ir más lejos.

Esta vez, Edurne se ha convertido en nuestra representante, y al mismo tiempo, en lo más parecido a nuestro “Mesías” con la que poder salir de la crisis personal que vivimos en este contexto, sin llegar a un triste top 5 (espero que si Ruth Lorenzo y Pastora Soler leen esto, alguna vez, no se ofendan). Y siento ser portador de malas noticias, pero este año como cualquier otro, hemos tocado fondo. Puesto 21, 15 puntos en total. Portugal nos odia y todavía no lo sabemos. Pero no penséis mal, la actuación de la rubia ex-triunfita fue digna de ovación: primero, por una cuidadosa producción como es “Amanecer” (dato: en ella han participado compositores de éxitos como “Euphoria”, ganadora de Eurovisión en 2012); y segunda, por la puesta en escena y la portentosa voz de la madrileña en acción. ¿Encontraremos el problema en la mecánica de votación por la que los países del este se dan la mano todos juntos para repartirse la tanda de doce puntos entre todos ellos? Puede que sí, aunque los más fanáticos no querrán verlo desde esta perspectiva, más que nada porque seguro que creerán todavía en Papá Noel o en el poder de las Power Balance.

¿Y qué hay del resto de concursantes?

Suecia, ganadora de Eurovisión por segunda vez esta década. FOTO: The Telegraph.

Suecia, ganadora de Eurovisión por segunda vez esta década. FOTO: The Telegraph.

Sin novedades. Muchos medios califican esta edición como la menos llamativa, la gala “con menor frikismo de la historia del programa”, a pesar de la incorporación de Australia en el concurso, que ha causado cierto revuelo en el continente. Las actuaciones en conjunto fueron sobrias: punto positivo para canciones con mensaje de paz como el de Armenia tras el genocidio llevado a cabo en él hace treinta años; una mezcla muy extraña de charleston y pop electrónico por parte de los británicos (un año más); ¡incluso un dueto interpretando una balada alternativa en la que la cantante llora! Sin duda, Estonia ganó muchos puntos por este detalle en “Goodbye to Yesterday”. No obstante, hubo tres grandes triunfadores aquella noche. En tercer lugar, Il Volo con “Grande Amore” consiguió levantar pasiones entre las más lozanas y fervientes eufofans del recinto. Un escalón más arriba, la altamente criticada ambición rusa (porque iba vestida de Marilyn Monroe, ¿lo pillas? Ambición rubia, ¡rusa! Nah, es igual) interpretando “A Million Voices”, un tema que hizo justicia a la superbalada pop. Y ya por último, la estrella de la noche: ¡Suecia! con un “Heroes” que, más allá de ser una copia de David Guetta en colaboración con Avicii, nos enseñó un original espectáculo animado. Mans Zelmerlöw se hizo con el micrófono de cristal después de luchar contra un marcador bastante ajustado. Esta vez, superó a Rusia por sesenta puntos, que dicho así suena excesivo, más entre ambos países que batallaban a sangre fría por ver quién conseguía más apoyo de los europeos.

Otros representantes sorprendieron en cuanto a calidad técnica, vocal y estilo: Aminata, representante de Letonia, consiguió el mejor puesto en la historia de su país con “Love Injected”, envuelta en un vestido rojo y electrónica percutida, o el belga Loïc Nottet que se marcó “un Lorde” muy pegadizo con “Rhythm Inside”, que convenció tanto al público como a las votaciones (quedó en cuarta posición y todo).  No obstante, hubo algunas bastante desacertadas, como la reivindicativa Serbia que luchó por la justicia a lucir un cuerpo con dignidad, más allá de sus kilos de más, con “Beauty Never Lies. Poco faltó para lanzar confeti por todo el escenario e impactar contra algún bailarín con el contundente moño de la representante, Bojana Stamenov. Los estilismos neogóticos de Georgia no hacían honor a “Warrior”, que resultó ser otra canción del estilo de Jessie J, así como Azerbaiyán y la grotesca coreografía dentro de “Hour of the Wolf”.

En resumidas cuentas, esta edición le ha faltado chispa suficiente para alcanzar el dinamismo de la edición de 2014, aún añadiendo los fallos técnicos encontrados en la votaciones con países como Portugal (¡devolvednos los puntos, maldita sea!). No obstante, nos quedamos con los momentos más divertidos que nos han regalado los tuiteros españoles sobre la actuación de Edurne. Que conste en acta que nos reímos con ella, no de ella.

 

Aunque hay quien no se escapa de la risa conjunta de la comunidad tuitera aparte de Edurne, como Rusia tras la derrota contra Suecia, la lógica territorial de Australia en el concurso o aquel baterista de sonrisa “engatusadora”.

A todo esto, ¿y mi Kit Kat? Ah no, que no hemos superado a los quince primeros.

 

I can’t believe this is happening.

 

CC BY-NC-ND 4.0
Eurovisión y el misterio de los Kit Kats desaparecidos por Javier Sánchez está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

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