Francisco Espinosa fotografía su futuro

Francisco Espinosa en el Parque Fofó. Foto: Cristina Salinas Gutiérrez

  • Se confiesa adicto al movimiento y a la adrenalina, no nació para encerrarse en despachos. Con una actitud tan positiva resulta difícil imaginar el trágico recorrido que esconden sus retratos tan llenos de vida. Lucha, paciencia, superación y constancia son las palabras que mejor definen la vida y trayectoria del artista Francisco Espinosa. Esta es su historia
  • “Mi vida siempre ha sido el deporte y ayudar a los demás”

Buscamos cualquier sombra que nos pueda cobijar del asfixiante calor que azota la ciudad. Entre las calles de Murcia aparece un rincón que resalta sobre los demás: el “Parque de Fofó”. Allí se encuentra la estatua con la que los niños de Murcia y Alicante quisieron recordar al payaso Fofó, fallecido en 1976, y de ahí el nombre por el que mucha gente conoce a este popular jardín. Hierba, flores y un lago envuelven una replaceta con bancos que parece de cuento. Danzan los rayos de sol colándose entre las ramas de los árboles al son de los patos que nos deleitan como sinfonía de fondo. Por un segundo, piensas que en cualquier momento pueden aparecer cantando y bailando un séquito de ninfas a las órdenes de la diosa Artemisa. Y, entre la maleza, nos encontramos con el héroe de nuestra historia: Francisco Espinosa, que nos fascina con sus múltiples hazañas aunque tenga solo 25 años.

A pesar de que ahora lo conocen por su increíble trabajo con la fotografía, los planes de futuro que Espinosa eran muy diferentes hace un par de años. “Mi vida siempre ha sido el deporte y ayudar a los demás, mi intención era meterme en la Unidad de Rescate”, recuerda con voz melancólica. El esfuerzo y el ímpetu que había dedicado a preparar su cuerpo casi nos permite considerarlo el Rocky Balboa de Murcia. En su currículum incluimos un máster en la Universidad de Deporte de Madrid; un año de preparamiento para competir en la categoría profesional de la Spartan Race de la capital; casi un contrato con SJCAM para promocionar sus productos, y toda una vida dedicada a lo que más le gustaba: el deporte. Estos logros, junto con su sueño de entrar en la Unidad de Rescate, se convirtieron en un espejismo en apenas un instante. Un día cualquiera, un accidente con su bicicleta acabó con sus sueños. Con la pierna destrozada, el joven no ha podido volver a llevar la vida que conocía: primero tenía que rescatarse a sí mismo.

Reorganizar sus planes fue el paso más fácil, el verdadero reto estaba en su mente: “Fue un giro muy bestia para mí”. No volvió a ser el mismo. Nueve meses de escaso movimiento transformaron su cuerpo tanto que la familia de su entonces pareja, con la que compartía nueve años de relación, no pudo reconocerle en una boda a la que fueron juntos, y admite que no es fácil aceptarlo psicológicamente. Por ello, es admirable la fortaleza con la que no ha dejado que eso sirva como excusa para tirar la toalla.

El filósofo danés Kierkegaard decía que “la vida debe ser comprendida hacia atrás, pero debe ser vivida hacia delante”. Y así es como lo hace Espinosa; cada vez le resulta menos doloroso recordar, pues hoy solo es una construcción de todo lo vivido en el pasado. De modo que, como la casualidad no le permitía llevar la vida que él quería, cambió la barra de dominadas por una cámara y salió a la calle a contar la vida a su manera.

Cuando empecé no tenía ni idea

Cuenta cómo dio sus primeros pasos en el mundo de la imagen cuando, irónicamente, no podía moverse. Le esperaban demasiados meses en cama y, en lugar de ver la televisión, decidió armarse con la herramienta que daría un giro a su mundo: su cámara.

Francisco Espinosa posando con su cámara. Foto: Cristina Salinas Gutiérrez

Ya había estado involucrado en el mundo de las artes por su buen manejo con la ilustración. Incluso contaba con formación en diseño debido a unos cursos que había realizado gracias a una beca que consiguió en el instituto por su gran trabajo. Apoyado por su familia (también envuelta en el mundo del diseño) y sus amigos, se puso manos a la obra. Solo había un inconveniente: no sabía por dónde empezar. “Cuando empecé no tenía ni idea”, confiesa.

Partió de una experiencia previa con un fotógrafo conocido en el panorama nacional, que ahora agradece, pues “aunque no [se] diera cuenta en su momento de que le estaba sacando provecho, sí que se lo estaba sacando”. Ríe al percatarse de cómo han repercutido, de manera inconsciente, las charlas en el coche a las seis de la mañana sobre parámetros o la ley de tercios cuando tenían que viajar a Madrid, Valencia y muchos otros lugares para trabajar. “Si es que cuando yo empecé, que salí con 18 años, no había la cantidad de módulos que hay ahora para estudiar los temas audiovisuales, por ejemplo los temas de diseño y fotografía”, aclara. Pero esto no le frenó para completar su formación con unos cursos de preparación que realizó y con las constantes consultas a Youtube, donde admite haber tenido un aprendizaje incluso más completo.

Para sorpresa de Francisco, todo esto podría incluso haber resultado innecesario, pues para él la fotografía es algo innato, algo que no fuerza sino que le nace, tal y como nos narra con una voz sincera: “Fue como si yo ya lo llevara dentro y nada más tuviera que coger la cámara y ponerme”. La intensidad con la que expresa su ingreso en la comunidad fotográfica deja ver un trasfondo emocional que va más allá de la propia imagen: “Yo intento que transmitan algo las fotos o que a mí me expresen algo”. Por esta razón, recalca la importancia de la naturalidad y la complicidad en una sesión para que la fotografía sea algo más.

Mi hermana se tuvo que sentar conmigo a explicarme cómo funcionaba instagram

Su intrusión en redes sociales como Instagram debe agradecérsela a su familia, pues debido a que su vida giraba únicamente en torno al deporte, el fotógrafo desconocía el funcionamiento de cualquier clase de red social: “De hecho, mi hermana se tuvo que sentar conmigo a explicarme cómo funcionaba Instagram porque no lo había usado en mi vida”. Admite que no se imaginaba que una app para móvil podría cambiarle la vida de esta manera. “Siempre criticaba a los que estaban todo el día enganchados y ahora soy yo el que está todo el día enganchado”, comenta entre risas. Y, por lo que podemos apreciar en su cuenta, merece la pena tanta dedicación. Más de 5000 personas (y la cifra sigue creciendo a un ritmo frenético) son las que siguen, admiran y alaban constantemente su trabajo y, lo más impactante de todo, es que lo ha conseguido en escasos diez meses. “Me doy cuenta de que mucha gente lleva mucho más tiempo y no crecen tan rápido, así que tengo que agradecerlo”, explica con humildad y sorpresa. Además, gracias a las colaboraciones ha empezado a salir de su zona de confort; últimamente ha estado trabajando también con material audiovisual en la realización de anuncios para unas empresas del sector textil que se han puesto en contacto con él.

El fotógrafo no se cierra al cambio y prevé comenzar un estilo de fotografía diferente muy pronto. Entre sus nuevas influencias se encuentra el libro de María Cabañas, titulado Pronóstico de lluvia: ¿Quieres calarte conmigo?, que trata sobre poesía e ilustración. “Me está motivando un montón”, resalta con euforia. El joven trata de plasmar en sus fotografías lo que siente en cada momento, igual que la autora expresa en sus poemas lo que le transmiten sus dibujos.

Cuando le preguntas sobre sus objetivos en este momento, Espinosa lo tiene muy claro: “Pues de momento pasármelo bien, estoy súper a gusto; me gusta un montón conocer gente”.

CC BY-NC-ND 4.0
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