Guerra, mujeres y libros

Arturo Pérez-Reverte en la Charla-Coloquio acompañado de José Orihuela, Rector de la UM. Foto: Laura Nicolás.

Arturo Pérez-Reverte en la Charla-Coloquio acompañado de José Orihuela, Rector de la UM. Foto: Laura Nicolás.

Guerra, mujeres y libros: tres columnas que sustentan la vida de Arturo Pérez-Reverte, y  que bien podrían asemejarse al popular lema “Sexo, Drogas y Rock and Roll”. Y es que el autor cartagenero, que ronda casi los 65 años, es una auténtica estrella de Rock que mueve a las masas.

Casi una hora antes de que empiece la charla-coloquio a la que asistirá, la parte baja del Paraninfo de La Merced ya está llena y la parte superior se completa por momentos. No cabe un alfiler. El protocolo de seguridad deja de ser una preferencia y la gente comienza a sentarse en los escalones.

Lleno en El Paraninfo de La Merced para ver a Reverte

Lleno en El Paraninfo de La Merced para ver a Reverte. Foto: Laura Nicolás

Hay hasta una sala aparte preparada con una pantalla que retransmitirá el acto en directo. Tal es el magnetismo del escritor de novelas y personajes tan famosos como el Capitán Alatriste, que el propio rector de la universidad de Murcia, José Orihuela, invita a la gente a  sentarse en el suelo y se disculpa repetidamente por la falta de aforo.

Antes de hablar, Reverte mueve su copa de agua como si fuera a degustar vino y se la bebe de un trago. Más tarde confiesa que contenía un medicamento porque se encontraba con un fuerte dolor de cabeza. Comienza también con una disculpa porque, por causas ajenas a él, no podrá quedarse a firmar libros una vez haya acabado el encuentro. Su visita se debe a la creación de la Cátedra Arturo Pérez-Reverte en la Universidad de Murcia, la primera dedicada al estudio de sus obras. Pero que no se preocupen sus seguidores, porque el próximo mes de noviembre se realizará una firma de libros con motivo del lanzamiento de su nueva novela, Falcó, llegando así a publicar su decimoctava obra: “A ver si consigo que a los lectores les guste un personaje que es un verdadero hijo de puta”, comenta.

La charla fluye entretenida y moderada por los doctores Don José Belmonte Serrano y Don José Sebastián Carrión. Belmonte, como amigo del escritor, ahonda en sus experiencias y recuerdos; por otra parte, Carrión le lanza una batería de preguntas personales para intentar “llevarlo al límite”. De ellas descubrimos, entre otras cosas, que opina que ningún país podría vivir sin ejército, que el teléfono móvil no es el invento que más feliz le hace -el suyo es “de antes de la guerra”-; o que nunca ve la tele: “Me dicen que hay un tal Sánchez por ahí que se ha ido y yo no sé ni quién es”, bromea. 

No defrauda con su habitual lenguaje mordaz. Según él, los enemigos lo mantienen despierto, y es que es uno de los autores españoles que más polémicas levanta. Ejemplo de su rebeldía, y de no callarse nada, es el que relata y que le pasó siendo tan solo un adolescente: su hermano pequeño y él  fueron expulsados por pegarle una paliza a un cura de su colegio.

Habla también de la educación de hoy en día, y opina que “estamos en manos de gente mediocre”; que “el talento y la excelencia están mal vistos” lo que provoca que “los niños brillantes tengan que rebajarse” para seguir al resto. “No todos somos iguales. Hay inteligentes y estúpidos”, manifiesta, y critica duramente la relación de los más pequeños con las nuevas tecnologías: “Si mi hija pequeña estuviera enganchada a la tablet, yo sería un cretino y no tendría solución. Habría perdido a mi hija”.

Durante el acto tiene puntos cómicos y frases que golpean como puños de realidad, provocando que el público estalle en aplausos.

Es un diccionario parlante y se siente orgulloso de su condición de académico: “Mi única patria es la lengua”. Sólo consigue quedarse sin palabras cuando, ante la pregunta de qué tipo de orgasmo prefiere, tiene que explicar por qué motivo elige llegar al clímax fisiológico. “El orgasmo intelectual es una gilipollez”, sentencia, entre las risas de los asistentes, después de forzosos intentos por salir moderadamente de la cuestión.

Pérez-Reverte se considera un tipo afortunado, al que todo le ha salido bien, que llegó a la guerra y a la escritura por accidente.La guerra te da un sentido de la vida, del azar, de la muerte. Del absurdo valor que le damos a la vida en el mundo occidental. Te ayuda a darte cuenta de que eres una gotita en un mar inmenso”, explica al rememorar sus años como corresponsal en conflictos armados; y añade que a la hora de escribir, no le hace falta mirar libros para recordar el horror, sino que recurre a sus recuerdos personales.

“Estamos entrando en Territorio Comanche”, dice al hablar sobre las mujeres. Le apasiona, halaga y ensalza la figura de la mujer: “Son la leche, uno podría pasarse la vida observándolas”. Según él, hay que aprender a mirarlas, y le parece muy interesante reflejar en la literatura el “cortocircuito que se produce entre la mente y el útero de una mujer” a la hora de tener que tomar una decisión relacionada con la libido.

Carrión, Orihuela, Pérez-Reverte y Belmonte en la charla-coloquio

Carrión, Orihuela, Pérez-Reverte y Belmonte en la charla-coloquio

Su otra gran pasión es la literatura. A pesar de ser uno de los escritores españoles más importantes, no se considera como tal, sino un lector. Su verdadera vocación son los libros; y su biblioteca, el refugio al que acudir. “¿Cómo vas a interpretar el mundo sin la lectura?, ¿cómo te consuelas o defiendes si no es con los libros?”, se pregunta.

Se crió rodeado de ellos, de hecho, su madre pidió que fueran su único regalo en su primera comunión. Por ello, no puede ponerse en la piel de aquellos que los desprecian.“El que no lee no merece vivir” -“con felicidad”, matiza después-. “Los libros sirven para comprender y afrontar las situaciones de la vida”.

Asegura que “podría vivir sin escribir, pero no sin leer”, aunque se toma muy en serio su trabajo como escritor. Todos los días baja a su bodega y, arropado por libros, teclea de ocho y media a tres de la tarde, con una pausa para un vaso de leche.

“Tienes que ser un enfermo de la literatura para crearla”, sentencia. Cree firmemente que para ser escritor se necesita haber leído a los clásicos. Enumera a algunos como Quevedo, Cervantes, Benito Pérez Galdós, Scott Fitzgerald o Joseph Conrad.

Arturo Pérez-Reverte es uno de esos escritores que nunca deja de pensar en sus novelas. Se acuesta pensando en ellas y se levanta del mismo modo. Expone que “cada novela es un desafío” y que si se encuentra en un sitio, está continuamente observando qué gestos, personas o comentarios de su alrededor pueden servirle para sus escritos. “Todos los personajes hablan de mí, pero ninguno soy yo”. 

CC BY-NC-ND 4.0
Guerra, mujeres y libros por Paula Rodríguez está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

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