Luis García Montero: “Me gusta mucho mantener un diálogo con la tradición poética”

  • Hablamos con el poeta Luis García Montero a su paso por la segunda edición del festival poético Deslinde de Cartagena 

Luis García Montero-foto: www.aprenderespanolenmadrid.wordpress.com

Luis García Montero (Granada, 1958) es uno de los poetas referentes en nuestro país. Ganador de premios como el Adonáis, el Premio Nacional de la CríticaLoewe o el Premio Nacional de Poesía, entre otros, y con una amplia obra en poesía (El jardín extrañoHabitaciones separadasVista cansada o su novedad en Visor llamada A puerta cerrada), en novela (Mañana no será lo que Dios quiera Alguien dice tu nombre) y en ensayos, como el dedicado a Federico García LorcaUn lector llamado Federico García Lorca.

El pasado 11 de noviembre el poeta pasó la mañana compartiendo anécdotas y charlando con la gente del barrio cartagenero José María de Lapuerta en un espacio lleno de vida y libros llamado La botica del Libro. A las 19:00 dio comienzo su recital acompañado de Antonio Marín Albalate, que presentó al poeta ante la gente congregada en el Salón de Actos del Museo del Teatro Romano. Una hora antes nos encontrábamos con el protagonista del día en el hall del hotel en cuya cafetería dio comienzo esta entrevista.

El Periodicum: ¿Cuál fue la chispa que le animó a escribir poesía?

Luis García Montero: Fue todo un conjunto de azares, casualidades… Creo que fue muy importante que, cuando yo era niño, mi padre tuviera la costumbre de leer en alto sus poemas preferidos. En casa teníamos una antología, Las mil mejores poesías de la lengua castellana, y él me leía poemas que tenían un planteamiento, nudo y desenlace, por ejemplo “La canción del pirata” de Espronceda, algún romance histórico o algo del Duque de Rivas, alguna leyenda de Zorrilla, los poemas narrativos de Campoamor… Todo eso fue una primera puerta de entrada al gusto de contar, de oír… También el hecho de empezar a leer a Federico García Lorca, que era de mi ciudad, me marcó mucho también; además el haberme criado en una época donde los poetas tenían que ver y en la que los cantautores tenían mucha importancia en la cultura tras el franquismo, con gente como Paco IbáñezJoan Manuel Serrat… e influyeron en mi modo de ver la literatura. De ahí pasé a interesarme por Blas de OteroGabriel Celaya… y todas esas cosas me fueron acercando a la poesía.

E.P.: Es un apasionado del ya mencionado García Lorca. ¿A día de hoy se ve muy influenciada su poesía en la de él?

L.G.M.:  Me gusta mucho mantener un diálogo con la tradición poética, y García Lorca forma parte de ella. Él ha tenido una especial importancia en mi formación, porque incluso cuando mis pasos fueron a una poesía de carácter “meditativo”, de un tono “conversacional”, que hacían autores como Ángel González Jaime Gil de Biedma (más narrativa y que usaba el “lenguaje de la tribu” y pensaba en el poeta como un ciudadano), la presencia de García Lorca era un gran apoyo, ya que su manera de construir metáforas me servía para tensar la narración. La poesía de carácter más narrativo yo podía cargarla de intensidad a través de un tipo de metáforas que había aprendido gracias a la lectura de este autor o de Rafael Alberti. Además ocurre que ahora, muchos de los problemas de la sociedad, como la inquietud frente al futuro o la conciencia trágica del mundo en el que vivimos, los encuentro en Federico García Lorca y creo que su lección sigue estando vigente.

Un lector llamado Federico García Lorca-foto: www.casadellibro.com

E.P.: Treinta y siete años dedicados a la poesía son muchos. ¿Usted considera que hubo un punto de inflexión que hizo que su poesía madurara?

L.G.M.: Madurez no sé, pero sí hay un punto en el que uno decide configurar su propio mundo y, aunque sigue estando presente una herencia con los maestros, ya crea su personalidad propia. De mis títulos, el que más me identifica es Habitaciones separadas, de 1994, ya que noto en él una “melancolía optimista” que me define; básicamente porque valores como el progreso o una fe ciega en el futuro están en duda, pero tampoco creo que sea necesario un pesimismo absoluto, así que esa ilusión (pero preventiva) y esa melancolía (pero optimista) que definen mi relación contradictoria con el mundo creo que cuajan en ese libro.

E.P.: Hace unos años lanzó la novela Mañana no será lo que Dios quiera sobre ese gran poeta que fue Ángel González. ¿Cree que es un autor al que no se le ha dado la visibilidad que debería tener?

L.G.M.: Van a cumplirse diez años de la muerte de Ángel y es frecuente que cuando un poeta muere pase un tiempo donde se nota su ausencia, ya que los recitales y el contacto con la gente dan vida a los libros y eso pasa con un gran porcentaje de los autores. Ahora, cuando lleguen los diez años de su muerte, será el momento de dar algún empujón y recordar su peso literario. A los jóvenes lectores de poesía les gusta mucho Ángel González y eso hace que esté muy vivo. Me gusta porque el tipo de poeta que representa me parece muy adecuado para los tiempos en los que vivimos y una buena perspectiva desde donde revindicar la poesía para la gente de nuestro tiempo.

Mañana no será lo que Dios quiera-foto: www.casadellibro.com

E.P.: En cuanto a su poemática, ¿se diferencia mucho el Luis García Montero que publicaba El jardín extranjero en los 80 del de hoy en día?

L.G.M.: Se diferencia de un muchacho de unos 25 años a una persona de casi 60. Hay muchas ideas sobre la poesía que siguen ahí, como mi vocación por la poesía o mi idea de que los sentimientos son históricos o que comprometerse en la indagación de la intimidad es tan importante como comprometerse con las causas públicas. Hay también una evolución propia de la edad, ya que mi poesía ahora tiene un tono más meditativo, con una visión descarnada, donde el sentimiento de honestidad y verdad debe ser más antipático y reconocer cuál es la realidad sin dejarse engañar por sueños ni banderas que, una y otra vez, demuestran su impotencia o su mentira. Desde 2011 hasta este año llevo haciendo un libro que sale esta semana en Visor, en la colección Palabra de Honor, y se llama A puerta cerrada, en él la poesía es más seca, de alguien que se encierra consigo mismo para intentar negociar con la realidad una postura de honestidad que le permita ser coherente en la memoria frente al pasado y al mismo tiempo anunciar alguna ilusión.

El jardín extranjero-foto: www.luisgarciamontero.com

E.P.: La puerta por la que entró al mundo editorial fue el premio Adonáis. ¿Considera que el mundo editorial ha cambiado mucho desde esa época hasta hoy?

L.G.M.: Ha cambiado muchísimo. Ese premio tenía mucha presencia desde los años 40 y servía para dar a conocer un poeta y te abría las puertas, además de facilitar el llegar a la crítica y llamar la atención sobre la obra. Además, estoy muy agradecido al premio y a una reseña que hizo Aurora de Albornoz. Ahora hay muchos premios que no tienen la importancia que tenía el Adonáis porque era el premio de referencia, y aunque los que hay estén bien dotados, ninguno permite una consagración. En cuanto al cambio, creo que es por la propia sociedad y es el turno de las redes sociales. Antes, el mundo editorial hacía una labor de jerarquización y era el intermediario entre lo que uno escribía y los lectores; ahora prácticamente desapareció la mediación y el autor establece un contacto directo con los lectores a través de webs, Facebook… y eso tiene cosas buenas y malas: en el lado bueno es que no hay una autoridad que jerarquice y que imponga dogmas, pero lo malo es que se crea la confusión del “todo vale” y que la gente pueda creer que un poema, al tener 20000 “me gustas”, el que lo ha escrito es un genio. Esa es la nueva realidad, que en vez de negarla creo que hay que interpretarla bien y leerla con honestidad para que siga habiendo un criterio de calidad que no sea el de la confusión. Hay poemas que parecen un desahogo en la intimidad y que se cuelgan sin mucho pudor y, bueno, acabas teniendo una declaración amorosa que parece una campaña de El Corte Inglés en el Día de los Enamorados. Eso puede desatar muchos “me gustas” entre gente que no sabe mucho de poesía, pero también hay quien se toma la creación poética con rigor y las redes sociales sirven para captar lectores y difundir buena poesía. De hecho, cuando hay una buena voz que pasa de las redes sociales a publicar un libro en las editoriales tradicionales, como ocurre con Elvira Sastre en Visor o Luis Ramiro en Mueve tu lengua, llama la atención y creo que gente así aporta cosas interesantes desde los jóvenes a la poesía.

E.P.: Publica artículos de opinión en Infolibre y ahora vemos casos de gente que es encarcelada por sus ideas. ¿Cómo ve el futuro en este país para la libertad de expresión?

L.G.M.: Creo que hay un recorte de las libertades y la Ley Mordaza ha servido para asustar y limitar las libertades en un momento de conflicto social. Se vive con una economía muy injusta, mucha desigualdad, precariedad laboral… y hay mucha gente que lo está pasando mal y, claro, para evitar que el conflicto social pueda organizarse o tener una repercusión, se recorta con la Ley Mordaza desde el derecho a huelga hasta la libertad de opinión y eso es un arma para el poder. Si un chaval protesta y le cae una multa fuerte por esa Ley o alguien hace un chiste en Twitter y puede tener problemas de cárcel, se nota que hay un recorte serio de libertades que tienen que ver con el deseo de convertir la protesta en desorden público, que se castiga. Soy muy crítico con el impudor, hay hasta políticos que ponen en Twitter cosas sin pensar, consignas y estupideces que creo son malas para una buena convivencia social, como la idea que tiene la gente de que todo el mundo puede decir lo que le dé la gana, que tiene mucho que ver con el fascismo tradicional (lanzar a lo público los fantasmas interiores y las propias miserias); lo que ocurre es que eso exige una meditación y prudencia, pero no se tiene que resolver con el recorte de las libertad de expresión. Hay espacio para exigir responsabilidades a algunas calumnias, pero no tiene sentido pedir a alguien años de cárcel por hacer un chiste sobre Carrero Blanco o un chiste religioso.

E.P.: ¿Puede contarnos algún proyecto que tenga entre manos?

L.G.M.: Acabo de publicar A puerta cerrada, y el título hace referencia a una obra de Jean-Paul Sartre en la que unos personajes descubren que están en el infierno y hace una definición del infierno que es: “El infierno son los otros”. Es un libro sobre la crisis en el que yo me encierro conmigo mismo, “a puerta cerrada”, y con la idea de que si el infierno está en los otros, de la forma en la que interiorizamos las crisis sociales también se encuentra en nosotros y somos nosotros. Es un intento de búsqueda de reconocer el infierno y también de encontrar un acuerdo, una salida… algo que haga pensar en el futuro de otra manera. Ya todos conocemos los problemas que hay, así que solo queda buscar una solución para el futuro, bien sea desde la poesía, la ciencia… Ese es el sentido del libro. En él aparece de pronto un lobo que representa una salida de mi interior al exterior y todas esas injusticias que siento por la economía, la realidad oficial que oculta y manipula la realidad objetiva de la gente. Todo eso hace que un lobo ande entre los poemas a lo largo del libro y con él discuto, en el sentido de recuperar la mirada de la poesía que intenta reivindicar una serie de valores que son los que creo que hoy hay que defender en el mundo.

E.P.: ¿Cómo se siente tras estar en un evento como el Deslinde en Cartagena?

L.G.M.: Como tengo una gran vocación poética, me gusta estar entre lectores de poesía y la participación en eventos como este me hacen conocer lectores, compartir conversación con gente interesada en la poesía… No soy un poeta que quiera estar encerrado en su casa, ya que, aunque defiendo la soledad como un ámbito de independencia, soy de una soledad compartida y me gusta conversar con la gente. Estos festivales hay que apoyarlos por su labor de poner cultura a los tiempos que vivimos, ya que en nuestra sociedad se identifica la cultura con el entretenimiento barato y zafio, casi como una versión de la telebasura, y creo que lo que se hace en torno a la poesía mantiene esa idea primigenia de la cultura como la elaboración de una conciencia crítica.

E.P.: ¿Qué poetas le influyen en su poemática actual?

L.G.M.: Francisco BrinesRosalía de CastroGustavo Adolfo Bécquer, LeopardiBaudelaire… Todos ellos son autores que han definido lo que yo siento por la palabra “poesía”. Alberti, tras volver a España del exilio, me enseñó a tener en cuenta a los jóvenes, ya que yo era un muchacho que empezaba y él un mito, pero me trató con tanto respeto que eso me ha enseñado a tratar con respeto a los jóvenes ahora que estoy cumpliendo años y que los poetas mayores han ido muriendo. Y su consejo era tener los ojos abiertos al mundo y a la realidad que está viviendo la poesía; por ello sigo la labor de poetas jóvenes de distintas generaciones. De la generación inmediatamente posterior a la mía hay poetas como Raquel LanserosFernando Valverde Rafael Espejo, y en la generación más joven, Elvira Sastre, por ejemplo, que también son un poco mis maestros.

E.P.: ¿Qué consejo daría a los jóvenes poetas?

L.G.M.: La honestidad y utilizar la poesía con el respeto que merecen algunas cosas que me atrevo a llamar “sagradas”, aunque no soy religioso, pero llamo así a las cosas que merecen un gran respeto y que no hay que traicionar nunca. Ese sentimiento de lo sagrado es el que creo que deben tener los poetas jóvenes, donde no cabe la frivolización, y todo ello junto a la curiosidad, la búsqueda del propio mundo, la necesidad de innovación…, pero desde la honestidad de escribir aquello que sientes como verdadero. Mi consejo es ese: unir la conciencia verdadera al entusiasmo, que es lo que define una vocación.

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Christian Nieto Tavira

Estudiante de Periodismo en la UM, blogger y poeta. Amante de las series, el cine, los libros y la música.

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Luis García Montero: “Me gusta mucho mantener un diálogo con la tradición poética” por Christian Nieto Tavira está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

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