Paco López Mengual: «Nuestra literatura debe ser una argamasa para unir a la gente, incluso territorialmente»

Literatura en Murcia

  • El escritor y editor ha publicado su última novela, El grafiti del Cid, en la que podremos conocer mejor esta figura de la Historia de España
  • «Un país debe tener sus “héroes” y el Cid ha sido un héroe medieval»

Paco López Mengual es un escritor nacido en Molina de Segura que pertenece a la Muy Noble y Muy Leal Orden del Gran Meteorito. Ha publicado tanto novela de adulto (Maldito chino o Un paseo literario por calles de Murcia) como narrativa infantil (¿Te cuento un cuento?). Pero su labor literaria no se orienta únicamente a su escritura, sino que decidió convertirse en editor y creó La Fea Burguesía, junto a Fernando Fernández Villa y a Paco Marín. Tras ella, se embarcó en el proyecto de una editorial de autopublicación: Tirano Banderas. Ambas empresas dan a conocer trabajos de otros escritores de nuestra Región y de fuera de ella.

Su último libro, El grafiti del Cid, presenta la historia de Nora y Elena, dos niñas que descubren un secreto oculto durante siglos en torno a la figura de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador. Un accidente las llevará a investigar sobre este emblemático personaje y las pondrá sobre la pista de un tesoro oculto. Mezclando leyenda e Historia, Paco López Mengual narra una aventura que cualquier adolescente querría vivir, al mismo tiempo que aprendemos quién fue este personaje de nuestro pasado medieval.

Paco López Mengual. Foto: Julián Piqueras

El Periodicum.: ¿Por qué ha empleado la figura del Cid?

Paco López Mengual: Creo que todas las historias provienen de lo que escuchas en la infancia. El Cid, por ejemplo, estuvo en mi pueblo, en Molina de Segura, en noviembre de 1089, y recuerdo que la primera vez que escuché aquello me impactó bastante. Son cosas que siempre has llevado en tu interior y que un día salen.

E.P.: Entonces, ¿realmente Rodrigo Díaz vino a Molina? ¿Qué hay de verídico en la historia de su libro?

P.L.M.: Sí, vino por la llamada de Alfonso vi. Las tropas musulmanas habían acorralado Aledo. El rey le pidió ayuda pero cuando llegó la batalla había acabado. Pernoctó una noche en Molina y lo demás forma parte de la fantasía. El laberinto secreto es otra leyenda bastante extendida. Y también la historia del tesoro, que está en todos los pueblos: un rey moro que debe marcharse y deja un tesoro escondido.

E.P.: La protagonista es una niña de 14 años. ¿Le ha costado ponerse en el lugar de ese personaje?

P.L.M.: No. La protagonista se llama Elena; mi hija se llama Elena. El grueso del libro lo escribí hace diez años, cuando ambas tenían más o menos la misma edad. Lo construimos de una forma bastante original: escribía un capítulo; entonces mi hija se metía en la cama y yo me tenía que sentar a su lado y leérselo. Lo cierto es que cada vez que escribe un libro, el autor tiene que hacer un trabajo casi de actor y tiene que transformarse. Para hacer creíble un personaje, tienes que adoptarlo. Si tú no te lo crees primero, es muy difícil hacérselo creer al lector.

E.P.: La niña dice del Cid: «Amado por su familia; seguido por sus soldados; llorado por el pueblo». ¿Cómo definiría a Rodrigo Díaz de Vivar?

P.L.M.: El Cantar de mio Cid tiene más de leyenda que de historia; en este libro me he basado en la leyenda. El Cid era un señor de la guerra de medio pelo al que la literatura lo ha hecho un héroe. La mayoría de datos que aparecen en el poema no son reales. Él tuvo un hijo que no aparece y sus hijas no se llamaban doña Elvira y doña Sol, por ejemplo. Pero creo que es un personaje fundamental y no es muy conocido por las nuevas generaciones. Nuestra literatura debe ser una argamasa para unir a la gente, no solamente por generaciones, sino incluso territorialmente. Estamos haciendo algo bastante mal: un país debe tener sus “héroes” y el Cid ha sido un héroe medieval.

E.P.: ¿Se planteó algún objetivo al escribir la novela?

P.L.M.: Me planteo contar una historia de la mejor manera que sé y, a la vez, que le guste a la persona que esté al otro lado de las páginas. Sin marcarme mucho ni temas morales ni éticos, ni siquiera que vaya a ser leído en los institutos. Es un homenaje a algo que me gusta mucho: el cine de aventuras. También un homenaje a Los Goonies, una película muy ochentera donde una pandilla de niños vive la más fascinante de las aventuras sin salir de su barrio. Es lo que les ocurre a Nora y a Elena. Además, el Cantar de mio Cid es arduo de leer, así que es contar un poco ese poema de una forma más entretenida.

Portada. Foto: librosdelsur.es

E.P.: Usted acude a institutos y conoce el sistema educativo. ¿Cómo cree que se estudia la literatura en las aulas?

P.L.M.: Los profesores de instituto tienen una tarea complicada. Por un lado, creo que es necesario conocer nuestra literatura y de dónde viene. Me parece fundamental que se estudien los clásicos; pero a la vez también es muy necesario darles a los jóvenes libros que les gusten. Muchas veces intentamos darles libros que los aburren y lo que estamos haciendo es negar lectores de cara al futuro. Debe haber un equilibro que es bastante difícil de conseguir.

E.P.: ¿Qué le gusta más: escribir literatura infantil o novelas dirigidas a adultos?

P.L.M.: Hasta ahora escribía solo para adultos, pero también me lo paso muy bien con la literatura infantil y juvenil. Es, incluso, un público mucho más difícil, porque ellos no disimulan: cuando no les gusta la historia, cierran el libro y punto, así que hay que esmerarse realmente a fondo. Y el contacto con esos jóvenes lectores me motiva bastante.

E.P.: «El mejor lugar para colocar los tesoros […] es en la imaginación de las personas». ¿Se disfruta más imaginándolo que poseyendo el tesoro?

P.L.M.: Yo creo que sí. Estar en la mente de tanta gente, de tantas generaciones, es su sitio perfecto. Hubo un señor que escuchó la misma historia que escuchan Nora y Elena en la novela y que estaba convencido de que el tesoro de Molina estaba en el patio de su casa. Durante treinta años estuvo excavando; hizo una auténtica mina. Se murió sin encontrarlo. Los tesoros existen: en la calle Jabonerías hace unos años aparecieron 423 monedas de oro del siglo XI, del mismo siglo que el Cid. Posiblemente pertenecían a algún comerciante que las dejó escondidas y murió sin decirle a nadie dónde estaban.

E.P.: Con su obra un Paseo literario por calles de Murcia organiza, periódicamente, un recorrido por la ciudad. ¿Cómo surgió la idea?

P.L.M.: Este libro tiene su origen en otro, La pistola de Hilarito y otras historias que me narraron, que parte de esas noches de verano de todo el Mediterráneo. La gente sacaba sillas a las puertas de las casas, se formaban corros de vecinos y se contaban historias, leyendas maravillosas. Yo era uno de esos niños que estaba deseando sentarse en el portal y escuchar todas las historias que contaban los mayores. Las recogí en ese libro y con ellas hago, desde hace cuatro años, rutas por el casco antiguo de Molina. Dónde entró el bandido, dónde está la casa con fantasma, dónde se supone que dejó el rey moro enterrado el tesoro… La Red de Bibliotecas sabía lo que estaba haciendo y me pidió que preparara una serie de historias de Murcia para hacer lo mismo aquí. No son historias mías; simplemente les he dado el toque de literatura oral que tanto me gusta. El libro lleva un plano y con él hago las rutas por la capital.

E.P.: Quizás los murcianos no conozcan su propia historia…

P.L.M.: Los autores murcianos, y los murcianos en general, tenemos un complejo respecto al resto del país. Nos da como vergüenza ambientar las historias en nuestra Región; pensamos que les vamos a quitar valor. A mí me gusta mucho ambientar mis historias en Murcia y soy el primero que sufro ese complejo, como me ha pasado con El grafiti del Cid. Pero en un instituto de Madrid una profesora se lo ha enseñado a sus alumnos y dice que les ha gustado, y me sorprendo de cómo una historia tan localista puede gustar a unos chavales de un barrio de Madrid. De hecho, cuando presenté el libro de Hilarito allí, dio la casualidad de que entre el público había un cantante de rock que tiene un grupo en Alcalá de Henares y le gustó tanto la historia que me escribió después diciéndome que había compuesto una canción. Es curioso cómo un personaje del silgo xix de la Murcia profunda puede inspirar a un roquero del siglo XXI. Me doy cuenta de que nuestras historias son universales.

E.P.: Comienza el libro de Murcia relatando la historia del árbol de Santo Domingo. Tras lo ocurrido hace unos meses, ¿cree que es el final de este icono?

P.L.M.: Creo que no es el final. El árbol ha sufrido muchos accidentes a lo largo de sus 124 años. Siempre se ha argumentado lo mismo: que es un peligro para los viandantes, que las raíces están tocando los edificios… Incluso, como señala el libro, llegó a aprobarse su tala. Este ha sido otro episodio más de su aventurada vida. Para mí es uno de los símbolos de la ciudad. Siempre lo comparo con King Kong, al que se le tiene enjaulado y que ha roto la jaula de nuevo.

Portada. Foto: librosdelsur.es

E.P.: También podemos leer un capítulo en el que se menciona a dos premios Nobel que vivieron en Murcia. Ahora mismo en nuestra ciudad se está disfrutando de un momento literario muy fructífero. ¿En realidad siempre ha sido así y no nos hemos dado cuenta?

P.L.M.: Hasta hace unos años era muy difícil que un autor de Murcia consiguiese que su trabajo se leyese más allá de Albacete; había una especie de frontera invisible. Pérez-Reverte, Montalvo o Eloy Sánchez Rosillo eran los únicos que lo conseguían. Desde hace unos diez años esa frontera se ha roto y cada día son más los autores que se van incorporando al elenco nacional de autores.

E.P.: ¿Cómo fue el paso de tener una mercería a tener una editorial?

P.L.M.: Cuando terminé magisterio me incorporé al negocio familiar, la mercería. A los cuarenta años empecé a escribir. Me gustaba mucho leer, las historias, el cine, los tebeos de niño…, pero nunca había escrito. Eso me llevó primero a publicar y después a editar. Había publicado con Maeva y con el Grupo Planeta; sin embargo, esas dos editoriales se negaron a publicar la siguiente novela, Maldito chino, por su incorrección política. Yo no quería que el trabajo se quedase en el cajón y lo publiqué con una editorial de autopublicación, Círculo Rojo. La experiencia me gustó hasta el punto de que me llevó a asociarme con Fernando Fernández Villa, que era el editor de Alfaqueque, en Cieza, y con Paco Marín, en Caravaca. Entonces montamos La Fea Burguesía. Después hemos creado Tirano Banderas, de autopublicación. La vida te va empujando hacia un lado o hacia otro.

E.P.: ¿Y cómo está más cómodo? ¿Como escritor o como editor?

P.L.M.: Me gusta más escribir que editar, pero también estamos haciendo visible mucho trabajo de Murcia, ese boom literario que se está viviendo. Ahora mismo somos de las regiones que más estamos creciendo en ese sentido y en Molina trece autores hemos publicado en editoriales de rango nacional.

E.P.: Hablando precisamente de esos autores, ustedes forman la Orden del Meteorito. ¿Puede contarnos en qué consiste esta peculiar institución?

P.L.M.: En Molina tenemos el mayor porcentaje de España de escritores en proporción al número de habitantes. La escritora Marta Zafrilla empezó a preguntarse por qué hay tanta movida literaria y ella la única explicación que encuentra es retroceder 150 años en el tiempo y achacarlo al meteorito que cayó allí en la Nochebuena de 1858. Ha defendido la leyenda de que del cráter que dejó el meteorito ahora está emanando una sustancia invisible que se extiende por el pueblo y que, al respirarla, dota con el don de la literatura. Probablemente ese sea el motivo de que a mí, con cuarenta años, un día que bajé la persiana de la mercería me dio por sentarme a escribir una novela. Entonces se ha creado una Orden: la Orden del Meteorito.

E.P.: Un lugar de Murcia que recomiende.

P.L.M.: Uno de los lugares que he visitado últimamente y que me ha gustado, aunque parezca raro, es el cementerio de Nuestro Padre Jesús. Tenemos en él algunas joyas escultóricas y arquitectónicas impresionantes. Es un paseo bastante agradable, lleno de historia, de secretos. Y en la zona de la ciudad, la plaza de Santa Catalina, por ejemplo, o esa Murcia medieval que todavía conserva el saborcillo de las callejuelas.

E.P.: Un libro que recomiende.

P.L.M.: La Hipótesis Saint-Germain, de Manuel Moyano, me ha fascinado.

 

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Paco López Mengual: «Nuestra literatura debe ser una argamasa para unir a la gente, incluso territorialmente» por Mónica Pelluz está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

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