Rafael Balanzá: “El tema capital de mis libros es la libertad humana”

Literatura en Murcia

  • Rafael Balanzá regresa al mundo literario con una nueva novela
  • “A lo mejor, lo que me salva de la transgresión es la duda, porque para transgredir hay que estar seguro”

Rafael Balanzá es un escritor nacido en Alicante, pero que se trasladó a Murcia a una muy temprana edad, donde vive desde entonces. Ganador de diversos galardones en su juventud, el premio Café Gijón le lanzó al panorama nacional con su novela Los asesinos lentos. Tras el éxito de esta obra, publicó con la misma editorial Recado de un muerto, su último título hasta la fecha.

De Los asesinos lentos su autor dice: “He reivindicado que es una novela de humor, te puede hacer gracia o no, pero hay críticos que han destacado esos pasajes de humor. Esa categoría de lo tragicómico para mí es crucial”, y añade que “Kafka es un humorista, Samuel Becket es un humorista, y en Dostoyevski hay mucho humor”.

En esta entrevista nos habla de sus comienzos, de los temas que rigen su narrativa y nos ofrece una exclusiva: el escritor alicantino sacará su próxima novela tras el verano.

Rafael Balanzá. Foto: Conocer al autor

El Periodicum: Ha mencionado en alguna ocasión a Manuel Moyano, escritor del que, además, próximamente se podrá leer la entrevista en este medio. ¿Qué supuso para usted su ayuda?

Rafael Balanzá: Yo tuve ayuda de mucha gente y de nadie, me explico: Luis Alberto de Cuenca para mí ha sido una ayuda capital porque la primera reseña importante en un medio nacional la hace él, de Crímenes triviales, el libro de relatos. Yo creo que Luis Alberto de Cuenca es el mejor de su generación (ahora es Premio Nacional de poesía), y es un encanto como ser humano, es un caballero. Luego, Manuel Moyano, el mejor escritor de ciencia ficción literaria que hay en España y uno de los mejores autores de relato, lo que hizo fue ayudarme como amigo, fue una colaboración, una simbiosis. Me atreví a darle una colección de relatos de los que yo tenía muchísimas dudas. Y su ayuda fue estimar esos relatos que, de verdad, lo digo con toda sinceridad, pensaba que no valían; y él me envió encuadernado el libro que yo le mandé. Es de las cosas más emocionantes que me han pasado. Una muestra de amistad y de estima.

Sin embargo, la ayuda más importante que he tenido es la de mi mujer, el premio que de verdad he ganado en la vida es casarme con ella. Con mi situación económica (que tengo resuelta, pero que es fluctuante), no me habría atrevido a ser padre. El pan seguro que entra en casa es el de ella y estoy orgullosísimo de mi mujer. Ella es la que me ha apoyado, ya que en la época de Los asesinos lentos yo estaba a punto de tirar la toalla. Acababa de cerrar El Kraken [revista literaria que creó Rafael Balanzá y que tuvo muy buena acogida hasta que la crisis terminó con ella en el año 2009] y estaba dudando si ser comercial y olvidarme de las fantasías literarias. Le dije a mi mujer que era mi última apuesta. Escribí la novela en dos meses y medio, escribiendo 10-11 horas diarias. Fue una última oportunidad y salió bien, y por eso me sigo dedicando a esto.

E.P.: Ya había ganado anteriormente algún premio literario.

R.B.: Había ganado dos premios literarios muy joven, con 17 años; el primero fue con un cuento titulado Alienación, que ganó el concurso que sirvió de germen a lo que hoy es el Creación Joven. Además, recuerdo que fue un chasco porque creí que iba a ganar dinero y el premio, lo recuerdo perfectamente, eran catorce mil pesetas en un cheque regalo de El Corte Inglés. Y a mí se me cayeron los palos del sombrajo (risas). Al año siguiente gané otro premio, el Mayos de Alhama, con La franja de luz, y entre los 20 y los 30 años llegué a escribir tres novelas que fueron rechazadas, creo que con toda justicia (es muy raro un novelista con menos de 30 años).

E.P.: Y después de publicar el libro de relatos Crímenes triviales, publicó su primera novela, Los asesinos lentos, que se consagró con el premio Café Gijón.

R.B.: Lo que a mí me pone en primera división es el premio Café Gijón. Me han preguntado si conocía a alguien del jurado; yo no conocía a nadie. Para mí era impensable ganarlo. El Café Gijón tenía en esa época, y creo que la sigue teniendo, una característica que no tenían otros premios: era casi el único que de verdad te podía proyectar a esa primera división y que era abierto. Siruela, esto hay que decirlo alto y claro porque es así, no mete mano en el premio en absoluto; es el jurado.

E.P.: Hay una frase en este libro que dice “El protagonista es víctima de un cúmulo de circunstancias absurdas que terminan convirtiéndolo en un criminal”. ¿Es así como definiría a sus protagonistas?

R.B.: No. No los caracterizaría así. Eso es una opinión del personaje; no es desde luego la opinión del autor. Ese sería un enfoque determinista que a título personal no subscribo. De hecho, te diría que el tema capital de mis libros es la libertad, la libertad humana; a mí lo que me preocupa es lo mismo que preocupa a Woody Allen en sus películas y es lo mismo que preocupaba a Dostoyevski: el tema de la ética frente a la lógica.

Portada. Foto: siruela.com

E.P.: En sus libros hay también una lucha contra el destino…

R.B.: Sí. Igual que el determinismo es una idea del personaje, la lucha contra el destino sí la comparto, porque es casi lo contrario. La hýbris de los clásicos griegos, la tragedia griega, la rebelión contra los dioses es casi el ejercicio más temerario de la libertad humana. La lucha contra el destino sí es una característica de mi literatura, sin duda.

E.P.: Entonces, ¿el criminal nace o se hace?

R.B.: Yo creo que somos libres, y más aun, te diría que estoy seguro de que somos libres. El cogito cartesiano, el “pienso, luego existo”, se ha discutido mucho, pero honradamente no puedes dudar de tu existencia y no puedes dudar de tu libertad. Es una intuición inherente a la propia conciencia. Quizás sea una maldición, pero somos libres. Estamos condenados a la libertad. Lo que pasa es que somos mucho menos libres de lo que nos creemos: estamos condicionados por muchas más cosas y el margen de libertad es muy estrecho (esto lo dice Woody Allen), pero cuanto más pequeño, más importante. Creo que la tendencia al determinismo es hacer trampas para sacudirse responsabilidades: como estoy determinado, no soy responsable de mis actos. Somos libres.

E.P.: En Los asesinos lentos habla del miedo cuando dice el protagonista que le “avergüenza sentir miedo, incluso en sueños, porque eso le revela que aún desea estar vivo”. ¿Es el miedo lo que nos hace darnos cuenta de que estamos vivos?

R.B.: Sí. El miedo es inherente a la vida, es un aspecto del sufrimiento. No se pueden eliminar las partes malas de la vida sin cargarte la vida. Esto es lo contrario de lo que dicen la mayor parte de los libros de autoayuda. La vida es dura, es problemática, y como decía Nietzsche: que empiece otra vez. En Los asesinos lentos el tema es ese, y es una novela que va a contracorriente, porque la corriente es la de las respuestas fáciles, la de tirar por la borda todo lo que no nos gusta.

E.P.: Dice en su última historia, Recado de un muerto, que hay que ser muy valiente para salirse de los caminos trillados.

R.B.: Audentes fortuna iuvat (“A los osados sonríe la fortuna”). En Recado de un muerto yo me inspiré en un amigo. Me inspiré un poco en su vida porque él se crió en Santomera y todo su afán era salir de allí porque se sentía como mi protagonista. El desafío al destino, el desafío a los dioses, la afirmación del yo, la transgresión, el romper los límites… son todos los temas de Recado de un muerto. Él quiere salirse de los caminos trillados, pero la cuestión es cómo salirte sin fastidiarla, que es lo que hace el protagonista. Claro, voy a contracorriente, porque me siento así, como escritor y como individuo. Hablamos de nosotros aunque no queramos. En mi vida personal he sido más convencional que en mis personajes (estoy casado, tengo un hijo), entonces lo no convencional lo encauzo artísticamente, en mi trayectoria literaria. ¿Lo convencional o la transgresión? Las dos cosas. El desafío a la ruptura de los límites está en todos mis libros, es un tema central, y es mi preocupación básica, porque está vinculado al tema de la ética.

E.P.: En sus obras se replica la afirmación “la verdad nos hará libres”, advirtiendo que es todo lo contrario: que la realidad nos hace esclavos. ¿Cuál es su postura?

R.B.: El protagonista de Los asesinos lentos llega a una especie de anti-fe o de convicción metafísica contraria al cristianismo. Yo, en lo personal, apuesto por la frase evangélica, lo que pasa es que no sé si es una frase verdadera. Lo que me caracteriza a mí es la duda. La situación de Valle [personaje de la novela Los asesinos lentos] refleja lo que ha sido en algún momento mi vida; es la apuesta por la vocación artística o por una vida sensata. Lo que pasa es que yo no he llevado la transgresión hasta el límite al que la llevan mis personajes, pero la tendencia la tengo; en ese sentido, mis personajes son reflejos míos. Mi narrativa refleja situaciones vividas por mí. A lo mejor lo que me salva de la transgresión es la duda, porque para transgredir hay que estar seguro.

E.P.: ¿Cuáles son sus planes de futuro?

R.B.: Se publica una nueva novela en la editorial Algaida. El título provisional, pero seguramente será el definitivo, es Los dioses carnívoros. Estoy encantado con Algaida porque es una editorial que conjuga calidad literaria de primer nivel con una buena implantación comercial. Este libro no se lo hemos ofrecido a Siruela, pero con ellos también tengo muy buena relación y espero seguir publicando en el futuro. Solo hemos pensado que esta novela encajaba muy bien en la línea de Algaida, y saldrá después del verano.

Otra novedad más: va a salir Recado de un muerto como audiolibro (con Audiomol), que es un mercado en expansión. Y la tercera novedad es un curso de literatura (que saldrá próximamente) vinculado a la web Conocer al autor, que es un portal literario con mucho material audiovisual y con el que colaboro. Se llama “Descritura” y es un curso, centrado en el thriller psicológico, que hicimos en Madrid y se ha editado como online.

E.P.: Por último, una obra literaria que recomiende.

R. B.: Es difícil. Ahora mismo es tentador recomendar el libro de un amigo, porque tengo amigos que son muy buenos escritores: Miguel Ángel Hernández, Manuel Moyano, Leonardo Cano… pero me parece un poco mezquino que los que tenemos amistad nos recomendemos unos a otros. Así que para recomendar, uno de los autores contemporáneos por los que siento auténtica admiración es Houellebecq. Es, de los últimos 10 años, de mis descubrimientos literarios de máximo nivel. Cualquier novela de él.

 

Rafael Balanzá sigue con su vocación de salmón, nadando contra corriente, con sus temas que luchan contra lo establecido, aunque estos sean impopulares. Y seguro que lo demuestra en su nueva novela, que esperamos leer muy pronto.

CC BY-NC-ND 4.0
Rafael Balanzá: “El tema capital de mis libros es la libertad humana” por Mónica Pelluz está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

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