Alguien tendrá que apostar por nosotros

Charlaba hace un tiempo con una amiga que ha terminado la carrera universitaria que comenzó hace ya cuatro años. Ahora ha entrado en otra. En su caso, no es que se equivocara al elegir; más bien le gustaban ambas y decidió hace un tiempo seguir estudiando. Pero los dos estábamos de acuerdo en algo: una razón fundamental por la que continuar con los estudios es por las pocas oportunidades laborales que tenemos.

Foto: www.empleabilidadett.es

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“Tío, es casi imposible encontrar una empresa que no te pida un año de experiencia… ¿pero cómo voy a tenerla si solo tengo mis meses de prácticas?” me decía, resignada. No se rinde y sigue adelante con gusto, pero mi contestación, tras una larga pausa y una profunda respiración fue: “joder, alguien tendrá que apostar por nosotros en algún momento; nadie tiene experiencia…”. Mi voz se fue apagando y yo mismo me di cuenta de todo lo que conlleva esa frase.

No se engañen. Las empresas del Ibex 35 pueden estar notando la mejoría económica en España, pero preguntemos en la calle. Me extrañaría que una familia de nivel medio o bajo diga lo mismo. Y nosotros, los jóvenes, que nos ha tocado vivir esta época, sin comerlo ni beberlo, nos enfrentamos a un futuro demasiado incierto como para pensar que estudiando vamos a tener la vida encarrilada. Eso se acabó. ¿Trabajo? ¿Cobrar? ¿Oportunidades? Nos cuesta cada día más creer en eso y entenderán el drama y el problema que supone. Semanas atrás le escuché a una periodista en Hoy por hoy de la Cadena SER, de cuyo nombre no me acuerdo, esta terrible frase: “Le dijimos a nuestros hijos que si estudiaban una carrera, vivirían igual o mejor que nosotros. Ha resultado ser mentira”. Lapidaria, ¿no creen?

Al llegar a casa recordé la conversación con mi amiga y empecé a preguntarme por qué el sistema permite las cosas que están ocurriendo. Las empresas piensan que nos hacen un favor enorme dándonos una oportunidad por empezar a desarrollar nuestra actividad. Claro que lo agradecemos, sin embargo llega un momento en el que el “favor” toma tintes más serios. No negaré que hoy en día sea fácil que debamos pasar por el aro en alguna ocasión y trabajar gratis, ganarnos ese hueco y ese respeto. Recalco trabajar, no hacer prácticas. Muchos becarios (palabra utilizada en este país de manera despectiva y peyorativa en muchas ocasiones) sacan adelante el curro, hacen la misma labor que haría un trabajador remunerado. La vida de los estudiantes de prácticas no es un paseo como muchos piensan. Además, la mayoría de veces, si se hace todo con agrado y dándolo todo, el estudiante piensa que puede existir la posibilidad de ser contratado tras su “periodo de prueba”. Pasa, estoy seguro. Pero de que no es lo normal, también. Habrá otro con la misma ilusión que tú, con ganas de adquirir la experiencia, que te sustituya, que haga lo que tú hiciste y que piense que él será el afortunado. Pero no, pasará otro. En definitiva, muchas empresas se aprovechan de los alumnos y de la coyuntura para “ir tirando” y luego si te he visto, no me acuerdo. Por desgracia, son situaciones que veo a mi alrededor, en compañeros de todo tipo de titulaciones.

No podemos ser estúpidos y pedir porque sí, debe pasar un tiempo en el que demostremos nuestras capacidades, pero como he dicho en líneas anteriores, podemos pasar por esta situación alguna que otra vez, sin embargo nosotros debemos poner en valor nuestro trabajo y debemos saber cuándo es el momento de decir “basta”. Que no se equivoquen las empresas, nuestra labor en muchas ocasiones es mejor que la de otros profesionales en plantilla o, al menos, seguro que mostramos mucho más interés. Llega un momento en el que la experiencia ya no es un pago y la remuneración económica es necesaria. Trabajar supone gastar, no se equivoquen: desplazamiento, las comidas que se realicen fuera, etc. Y un aspecto más teórico pero igualmente cierto: aquello que en economía se conoce como el “coste de oportunidad” (esas cosas que no hacemos por estar haciendo otras; podríamos estar en cualquier otro trabajo cobrando; o estudiando…). En definitiva, también damos nuestro tiempo. Como bien dijo el expresidente de Uruguay, José Mujica, en una entrevista concedida al programa Salvados, el precio del dinero, que lo conseguimos con horas de trabajo, es privarnos de nuestro tiempo, de ser felices, de cometer locuras, de disfrutar. ¿Qué menos, entonces, que recibir algo tangible a cambio? Sin dinero no somos nada, ni nadie. Es duro, es triste, es cruel, pero es así.

Otra situación que estamos viviendo en los últimos años y que tiene que ver mucho con todo esto es la fuga de cerebros de nuestro país. Personas con una capacidad enorme de trabajo y sacrificio, que les gustaría trabajar en España, tienen que buscarse las castañas fuera de nuestras fronteras. Incluso viéndolo desde un frío punto de vista político y económico, estamos haciendo el tonto (con perdón) formando grandes profesionales, para que luego otros los disfruten.

Nosotros deberíamos saber poner nuestro trabajo en el lugar que se merece y luchar por que se nos reconozca como es debido. Las empresas deberían poner también de su parte, darnos la importancia que también merecemos, porque el futuro somos nosotros. Los estudiantes tenemos la ilusión de trabajar en algo que nos hace felices, pero el amor al arte también tiene un precio.

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José Miguel Rodríguez Ros

Director General de El Periodicum y Coordinador de Actualidad, Opinión y Radio. Soy amante de la música, de las series, de los videojuegos, del deporte, de la poesía... Pero sobre todo soy un enamorado confeso de la radio. El periodismo nos da la vida a quienes lo sentimos.

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