Clima en blanco

Ah, el miedo al folio en blanco… aunque ahora debería llamarse “síndrome al nuevo documento de texto”. No sabes cómo lo odio. Llevo como dos horas sufriendo, dándole vueltas a posibles temas jugosos para elaborar una opinión. Y nada. Vacío. Bloqueado. Mis musas se han ido de vacaciones en el peor momento: en pleno noviembre. Lo peor es que las entiendo: con el calorcillo que todavía hoy hace en las costas, yo también me escaparía a disfrutar de las aguas del Mar Menor, o de los complejos de la más famosa ciudad de vacaciones. Desde luego, apetece más que ir a clase, tomar apuntes y terminar prácticas y trabajos.

Foto: Onofre Ortiz

Foto: Onofre Ortiz

Con todo, aún echo en falta el frío. Ojo, el frío, que no la nieve, porque aquí es más fácil ver a un perro verde o a un político honrado por la calle que ver nevar en Murcia. Más aún, entre ver llover y ver al perro, hay días que apostaría más por lo segundo. Pero volvamos al frío. Porque, es cierto: ya se puede salir a la calle sin derretirse en el intento, y un helado no es lo que más apetece. Pero tampoco ha bajado el termómetro lo suficiente como para deleitarse en condiciones con una tarde de brasero, bata y chocolate caliente, opcionalmente viendo alguna serie, y también haciéndolo en compañía. Yo, personalmente, estoy esperando a poder lucir una de mis bufandas sin tener que quitármela a la hora de salir de casa porque sobra, igual que la sudadera, o los mitones. Así que aprovecho para hacer un llamamiento: Querido hombre del tiempo, ¿me llevo mañana una sudadera o una camisa corta? ¿Volverán los oscuros cumulonimbos del cielo de Murcia sus lluvias a precipitar? ¿Queda mucho para el fin del “veroño”?

Veroño o invierano, como queráis llamarle, da lo mismo, porque lo mismo hace calor de piscina y sangría un día, que hace frío de madres sugiriéndote el uso de “rebequitas” al siguiente, que un viento de los que soplan llevándose hojas, bolsas de plástico, y niños a su paso. ¿Quién sabe? A lo mejor, este es el motivo que tiene todo el sistema educativo para cargar las mochilas de los escolares, para que no salgan volando como María Sarmiento. Sea como fuere, una cosa es segura: algo le pasa al tiempo y la culpa es nuestra. Esta loca meteorología no es sino el resultado de toda la contaminación industrial que ha generado el ser humano, y nuestro deber es reducirlo antes de que se derritan del todo los polos (que, por cierto, el hielo del polo norte ya ha perdido un tercio de su terreno), y antes de que el aire se vuelva irrespirable, y antes de que la marea suba e inunde las ciudades costeras, y que la temperatura global amenace la vida en la tierra.

Por desgracia, todo apunta a que el futuro presidente de los Estados Unidos, la segunda nación más contaminante del mundo, cree que el cambio climático y el calentamiento global no son más que pamplinas, igual que la Navidad para Ebenezer Scrooge. ¿Harán falta también tres fantasmas que le hagan cambiar de idea? Lo que sí que no hace ya falta es buscar a mis musas, que han vuelto con gafas de sol, la toalla, un cucurucho de castañas y un “saludable” color cangrejo de piel por culpa de la debilidad de la capa de ozono.

CC BY-NC-ND 4.0
Clima en blanco por Onofre Ortiz Fenoll está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

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