Conflicto interior

Todos hemos escuchado esa frase tan típica con la que algunas veces nos identificamos: la cabeza me dice una cosa, el corazón me dicta otra.

Suele suceder más veces de las que creemos, es muy normal. Y que la mente nos grite un “no lo hagas”, y el corazón nos susurre un “hazlo, ni lo pienses”.

Imagen de un corazón y la mente. Foto: Culturainquieta.com

En ese conflicto interior siempre obedecemos a una de las dos partes. Hay algunas personas que otorgan más valor a la lógica y a la razón, y otros otorgamos la oportunidad de escuchar lo que nos dicen las tripas o, más bien, lo que nos dictan los sentimientos. Después, tomamos una decisión que siempre marca un antes y un después.

Sin embargo, me llama la atención que cuando hemos marcado un fin, marcamos también el principio de este. Porque aunque le hagamos caso a la cabeza, los actos finales siempre están señalados por alguna emoción que sentimos por dentro y que nos ha llevado a comportarnos de esa forma. Porque si duele, nos alejamos; si nos gusta, nos acercamos.

Ya lo dije en alguna ocasión: los sentimientos no se pueden controlar. Y, por consiguiente, aunque algunas de nuestras acciones no tengan sentido, lo hacemos. ¿Por qué? Fácil: hay que dejar de darle lógica a lo que se mueve dentro. Hay ciertas cosas que son inexplicables y, simplemente, pasan.

Pero ¿qué sucede cuando no es tu corazón quien grita, sino tu cabeza? Quiero decir cuando estás estable emocionalmente, pero tu razón no para de darle vueltas a algunas cuestiones. ¿Hay alguna fórmula que explique qué debemos hacer en estos casos? Porque, simplemente, no es que tengas un sentimiento incontrolable que te impulse a hacer algo: es que tu cabeza no para de preguntarse ciertas cosas. En ese momento, cuando no dejas de hacer funcionar tu cerebro, al final tus pensamientos crean una nueva emoción. Quizás ese pensamiento te enfade, esa cuestión te entristezca… ¿Qué haríamos?

Igual que las emociones no tienen control absoluto, hay algunos pensamientos que tampoco lo tienen.

Y realmente ahora es cuando más frustrada me siento, no tengo respuesta para esa pregunta exactamente. Igual que para otras tantas que se me van apareciendo a lo largo del camino.

Y seguramente sea eso: hay preguntas que nunca tendrán respuesta. Por eso a veces no merece la pena pensar de más. A lo mejor lo bueno es quedarte con lo que ya sabes, que es lo que te calma la mente, y quedarte con lo mejor que sepas antes que seguir intentando buscar respuestas a preguntas que quizás solo puedan ser respondidas a través de una emoción, y por eso no obtenemos un resultado: porque no es posible explicarlo.

Imagen de perfil de Carmen Romero Román

Carmen Romero Román

Estudiante del Grado de Periodismo en la Universidad de Murcia. Amante del cine y la lectura. Sabemos que hemos leído un buen texto cuando este nos entra por la vista, pero es capaz de tocarnos el alma.

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Conflicto interior por Carmen Romero Román está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

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