Después de la tormenta

Odio la lluvia. Creo que lo he mencionado mil veces en mi vida, pero no me canso de quejarme cuando esto sucede. Detesto los días así: grises, tristes, en los que no puedes salir de casa sin mojarte entera porque un paraguas no es suficiente para refugiarte. Solamente te queda la opción de quedarte en tu domicilio a esperar a que pase la tormenta. Y ya se sabe, quien espera, desespera. Y eso es lo que hago yo en días así: desesperarme.

¿Cómo puede haber alguien a quien le guste los días de tormenta? No me entra en la cabeza. El tópico: “días de película, manta y palomitas” se me queda corto, me aburre. Amo demasiado salir fuera, a la calle, y ver que hace un buen día para pasear pensando en mil quinientas cosas, rodeada de gente, como para renunciar a eso un sólo día.  Al igual que adoro en exceso que la luz del sol entre por la ventana de mi habitación, me golpee en la cara y me llene de optimismo.

La vida es demasiado corta como para tirarte un día entero sin hacer nada porque hace mal tiempo. Y quien diga lo contrario, no le entiendo. O quizás sí.

Supongo que al tiempo también se le puede sumar el factor de la compañía, que es una buena suma que añadirle a un día en el que no tienes posibilidades de hacer apenas nada. Podría decirse que a los que le gusta la lluvia, generalmente, aunque no en todos los casos, tienen ese plus a su favor. Gozar de una compañía especial.

Y a mí, que se me había olvidado lo que era eso, me han hecho recordarlo. He vivido tanto tiempo en mi zona de confort, acostumbrada a la soledad, que no recordaba lo que se sentía al estar acompañada. Quiero decir, que no recordaba lo bueno que puede llegar a tener un día así. Como ya he dicho, los tópicos se me quedan cortos.

Foto de un cristal empañado por la lluvia. Foto: Eltiempo.es

Cristal empañado por la lluvia. Foto: Eltiempo.es

Realmente, y suena muy triste, pero es muy cierto: la gente como yo olvida lo que es que los cristales de la habitación se te empañen y tengas una excusa para dibujar cualquier cosa en ellos, con el pretexto de que la próxima vez que suceda y se empañen, verás de nuevo ese dibujo, y sonreirás al recordar cuándo lo hiciste, o con más motivos, sonreirás al mirarlo y ver que alguien lo dibujó para ti. También que en días  de lluvia tienes la excusa para no salir de la cama, para quedarte abrazado a alguien y dejar que el tiempo pase sin mirar el reloj. O, simplemente, mirar por la ventana cómo el agua cae, haciéndote hasta escuchar, en lo que parece un ruido desagradable, una bella melodía.

Me he pasado media vida queriendo que el sol salga, cuando realmente ha habido tormenta dentro de mí. Estoy seca, pero por dentro mojada. Y eso es algo que, por desgracia, acongoja a cualquier corazón. He querido pasar los días malos encerrada, sin comunicarme apenas con el exterior, cuando realmente debería de haber salido fuera y haberme mojado alguna vez que otra para despertarme de esta pesadilla que me atormentaba, pero me he negado.

Mucha gente y yo nos negamos. Nos negamos a recordar que siempre, después de la tormenta llega la calma. Que como dicen Rayden: “Si se acercan tiempos de tormenta y viene nubes negras, no te hundas, aprende a bailar bajo la lluvia”.

Hasta que un buen día despertamos de este coma profundo y descubrimos algo fantástico. Que ciertas compañías hacen de un día horrible, algo agradable.

De repente te das cuenta de algo: Hay quien sería capaz de correr bajo la lluvia y empaparse de los pies a la cabeza por ti.

Y eso es algo maravilloso de ver y recordar. Porque a veces, dejarse llevar suena demasiado bien. Y si hay que mojarse para ello, no debe importar.

Porque no estamos en la edad de quedarnos con las ganas de hacer algo más. Aunque el tiempo, el día y las circunstancias no se presenten apropiadas para ello.

Imagen de perfil de Carmen Romero Román

Carmen Romero Román

Estudiante del Grado de Periodismo en la Universidad de Murcia. Amante del cine y la lectura. Sabemos que hemos leído un buen texto cuando este nos entra por la vista, pero es capaz de tocarnos el alma.

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Después de la tormenta por Carmen Romero Román está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.