El voto de los más jóvenes

Nací el 30 de marzo de 1998. Si el año pasado me hubieran dicho que votaría cumplidos los dieciocho años en unas –puede que dos- elecciones generales, mi respuesta habría sido una sonora carcajada.

Al principio me hacía ilusión aquello de votar. Dicen que la primera vez es la más divertida, que uno cuando es joven tiene las ideas a flor de piel y hace cualquier cosa con tal de defender lo que piensa, lo que considera más justo.

Pero entonces, me asaltaron las dudas. Se atravesaba una situación inaudita dentro del marco político español y nadie parecía dispuesto a ceder lo más mínimo para desbloquearla. «Voten otra vez», parecían decirnos. «Voten otra vez, y háganlo mejor que la última». Casi en tono acusatorio, como si fuese culpa nuestra. Es posible que esa fuera mi gran desilusión, pues supe entonces que iba a estrenarme como votante, pero solamente porque los resultados no beneficiaban a nadie lo suficiente como para acercarse al camino del acuerdo, porque España había elegido mal. «Esto no tendría que estar pasando», pensé.

Fueron aquellos días convulsos en que los vimos llamarse y reunirse, los vimos hablar de líneas rojas, de pactos, de intereses, de “lo mejor para España”. Los vimos hablar mucho y actuar poco. Nos tienen acostumbrados.

Persona depositando su voto. Foto: efe.com

Persona depositando su voto. Foto: efe.com

Siempre he tenido las ideas muy claras e, inevitablemente, llegó el momento en el que tuve que plantearme qué iba a hacer el 26-J. Pensé en quedarme en casa, pensé en votar nulo… También pensé en que eso iba a cambiar poco las cosas. Miré a mi alrededor y vi que no era la única en sentirme así, que el fenómeno se extendía a la mayoría de la gente de mi edad. Esa ilusión de la que hablaba al principio se había esfumado, estábamos –estamos- totalmente desganados, superados por la situación. Desde hace tiempo soy consciente de que en España casi nadie vota a favor de una opción: más bien votamos en contra de la opción opuesta. Votamos lo que consideramos “menos malo”. Pero, ¿la primera vez? La primera vez se vota con más convicciones que nunca, porque aún no ha dado tiempo a que te decepcionen. O al menos eso quería creer.

Nos encontramos sin duda ante un enorme problema de confianza. Creo que sería temerario por mi parte afirmar que la democracia es un fracaso, especialmente cuando el pueblo habla y lo hace de manera tan clara. Nos guste más o nos guste menos, España está dividida entre aquellos que quieren que las cosas sigan como están y aquellos que quieren que las cosas cambien. Si nuestros políticos, haciendo esta lectura, son incapaces de intentar acercar ambas posturas, entonces no están a la altura. Y es que lo normal en una democracia no es -o no debería ser- una mayoría absoluta, sino el diálogo. Si en lugar de pruebas de madurez y responsabilidad, no recibimos por parte de nuestros dirigentes más que intentos desesperados de aferrarse a un sillón el mayor tiempo posible, seguiremos mirando a este sistema con desconfianza y sin esperanza en que las cosas mejoren. Y si somos los jóvenes los que perdemos la ilusión y las ganas, no sé qué nos espera en un futuro.

Imagen de perfil de Ana Cantero Ros

Ana Cantero Ros

Estudiante de primer año de Periodismo, aunque siempre he tratado de escribirlo casi todo. Apasionada del rap y la cultura hip hop, de los idiomas, de la filosofía y de la música irlandesa.

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El voto de los más jóvenes por Ana Cantero Ros está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

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