Elegir sin complejos

“Decisión” es para algunos una palabra temida porque hay quien la asocia a la sensación que se tiene al cruzar la puerta del aula para presentarse a un examen de julio. Y es que si no te decantas por algo y tampoco tomas decisiones, nunca tendrás la oportunidad de saborear cómo hubiese sido, es decir, si te presentas al examen puedes aprobar y en el caso contrario, no tendrás ninguna posibilidad.  Cuando elegimos desde pequeños entre salchichón o chorizo, carne o pescado, matemáticas o lengua,  ya estamos perfilando nuestros gustos; estamos tomando decisiones que nos llevarán a una situación u otra,  aunque siempre hay excepciones, claro está.

El símil de las relaciones humanas son las compras materiales.

Demos un pasito más y hablemos de todas las posibilidades que tenemos en la vida. Son tantas las opciones: a, b, c, d… que se crea un nuevo abecedario. Un abecedario que, desde mi punto de vista, es como un mundo desconocido en el que ni siquiera sabemos qué queremos ni qué necesitamos. Así, nuestra sociedad nos ofrece miles de propuestas y ¡esto se convierte en un mercado con una excesiva cantidad de ofertas! Hay tanto donde elegir que se nos olvida lo que tenemos, y  deseamos  huir cuanto antes de eso porque sentimos que nos perdemos algo, que hay más. Es por eso por lo que no disfrutamos lo que poseemos ahora.

Puedo comparar la obsolescencia programada de los electrodomésticos con las relaciones para “usar y tirar”. La reflexión que hago sobre esto es que, al igual que estamos presionados para cambiar constantemente objetos materiales (al comprar día sí y día también), renovamos las relaciones sentimentales -ya sean las de los amigos o las de pareja-; en muchas ocasiones decidimos sin tener en cuenta qué perdemos o qué ganamos. Considero que tendríamos que escuchar nuestros verdaderos deseos, y así saber qué queremos para poder elegir, arriesgar, y hacernos sentir bien con nosotros mismos.

Espectantes cuando Homer pulsa el botón

Espectantes cuando Homer pulsa el botón . Foto: http://www.spfshopper.com/

La facilidad de decisión entre dos vestidos o dos camisetas se convierte en algo complejo cuanto mayor sea la cantidad, es decir, mayor dificultad de decisión a mayor número de vestidos o camisetas. Además, esto se traslada a situaciones como escoger entre un plan u otro: ir a la playa o al campo, salir a tomar unas cervezas con tus amigos o quedarte en casa para ver la película que tanto te gusta. Y la consecuencia es que nos sentimos estresados, ansiosos por estar en varios lugares a la vez, lo que nos lleva a la confusión y a acabar sin disfrutar cada momento. Elegir está bien, siempre que no nos genere angustia aquello que no hemos elegido.

Decidas lo que decidas, disfrútalo y exprímelo al máximo.

 

 

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Paula M Forca

Estudiante de Periodismo, inquieta e intuitiva. Mi deseo es escuchar, aprender y aplicar. Dispuesta a colaborar en El PeriodicUM para comenzar esta experiencia.

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Elegir sin complejos por Paula M Forca está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.