Empatía y simpatía

Todos tenemos amigos que nos cuentan sus problemas personales a diario, o casi todos. Y la mayoría de veces, nos limitamos a decir algo que los consuele o los haga sentir mejor, pero en ocasiones es más efectivo incluso no decir nada. Esto es algo que la gente apenas entiende, porque confundimos simpatía con empatía, que parece que suenan casi igual, pero no son lo mismo. Y eso es lo difícil, el comprender la diferencia y el saber cómo aplicarlas. Pero… ¿cómo lo hacemos? Intentaré explicarlo de la manera más simple y desde mi punto de vista, para que se pueda comprender mejor.

La simpatía es aquello a lo que acudimos cuando alguien nos cuenta sus problemas, y seguidamente los empujamos fuera de nosotros. No quiero decir que rechacemos lo que nos quieran decir, sino más bien, rechazamos cualquier semejanza con nosotros mismos. En este caso solemos decir: “Es que yo no he estado en esa situación, entonces…”, lo que hace que en vez de conectar, desconectemos completamente.

Otro de los aspectos que se da en la simpatía es cuando intentamos ver el lado positivo a ese problema que nos han expuesto. Normalmente, y es lo que intento pensar yo, este caso solo se produce en una persona que envidia de cierta manera lo que la otra persona posee. Por ejemplo, el caso de “Me he peleado con mi novio” y la respuesta seguidamente sería: “Tú al menos tienes novio”. Lo que nos hace de inmediato inaccesibles a la hora de que la otra persona conecte con nosotros, de que nos intente transmitir lo que siente por dentro.

La empatía es más bien cuando una persona te cuenta su caso y tú te pones en su situación. Empatizar no significa dar soluciones, es cuando una persona al saber lo que se siente o intentar ponerse en el lugar de la otra persona, seguidamente le diría: “Sé lo que se siente al estar en esa situación, y no estás sola”, lo que hace que conectemos con un sentimiento de nuestro interior y, sin darnos cuenta, con lo que siente la otra persona.

Foto sobre la empatía. Imagen: mejorconsalud.com

Foto sobre la empatía. Imagen: mejorconsalud.com

Quizás, como un caso claro y personal, podría poner una situación que me ocurrió con una de mis mejores amigas, que es muy empática. No era yo quien estaba contando el problema, sino otra de ellas, y la respuesta de esta fue: “Tía, sé lo que me quieres decir, pero a la vez, no sé qué decirte, solo que aquí me tienes para lo que necesites”. Ese preciso momento, lo vi con exactitud.

Una persona muy empática, además, al ponerse en tu situación, a veces no es capaz ni de dirigir una palabra clara cuando lo hace. A veces, ese problema le llega tanto que, aunque no sea suyo, lo hace como suyo. Y ahí se da esa conexión especial.

A los comunicadores, por ejemplo, nos hacen ver la diferencia de estas dos, porque tenemos que tratar de ser empáticos. No es lo mismo que tú comuniques una noticia de, por ejemplo, una catástrofe natural que ha dejado sin casa a miles de personas en un lugar determinado con empatía que son simpatía. Con esta última sería más fría: “Menos mal que no soy yo”. Con la primera sería más “Si me hubiera pasado a mí, yo no sé lo que haría…”. Y, por poner otro ejemplo de comunicador, un publicista no puede persuadir o convencer a nadie de que compre algo si no se pone en la situación y en la mente de esa persona antes. Empatiza con el consumidor para poder convencerlo, ya que reconoce lo que se mueve por dentro de este.

En este mundo, podría decirse que yo veo más gente simpática que empática. No es que rechace a la gente simpática, pero alguien que es capaz de empatizar conmigo no tiene precio, pues sentirá lo que yo siento, y eso es lo que quiero. No quiero que cuando tenga un problema, me digan: “Supéralo o ya pasará…” porque desconectarán de mí y no volveré a pronunciar una palabra más. Pero, afortunadamente, me rodeo de personas empáticas a doquier.

Como dice Brené Brown en el vídeo The power of empahty: «Siempre pienso en la empatía como una especie de espacio sagrado. Cuando alguien está atrapado en un agujero profundo y grita desde el fondo, diciendo: “Estoy atrapado, está oscuro, estoy abrumado”, bajamos, miramos y decimos: “¡Oye! Yo sé lo que es estar aquí abajo, y no estás solo”. La simpatía es como: “¡Uh! Qué mal, ¿no? Eh… ¿quieres un sandwich?”».

Y es que empatizar es maravilloso, aunque no nos guste sentirnos mal, no hay que rechazarlo. Porque quizás haciéndolo solamente te salga abrazar a una persona y no decir nada. Y es que a veces un silencio vale más que mil palabras.

Imagen de perfil de Carmen Romero Román

Carmen Romero Román

Estudiante del Grado de Periodismo en la Universidad de Murcia. Amante del cine y la lectura. Sabemos que hemos leído un buen texto cuando este nos entra por la vista, pero es capaz de tocarnos el alma.

CC BY-NC-ND 4.0
Empatía y simpatía por Carmen Romero Román está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.