Fases

A diario nos sucede que hay noches en las que no conseguimos conciliar el sueño. Mentes incómodas, llenas de incertidumbre, de preguntas sin respuesta, de no saber hacia dónde ir; hacen que por las noches, las almohadas, sean más de lo mismo. Y nos quedamos en vela, pensando en nada y en todo. Dándole explicaciones a algunas cuestiones que, a veces, ni siquiera tienen una lógica o razonamiento, porque en ocasiones no depende de nosotros mismos dárselas.

Y en ese momento en el que no encontramos la manera de que la pared, o el techo, o cualquier parte de nuestra habitación nos diga algo que nos pueda reconfortar y poder sumirnos en un sueño placentero, hay personas que nos levantamos de la cama, y salimos a la terraza o al balcón que tenemos en casa y nos ponemos a mirar al cielo. Nos quedamos contemplando la inmensidad que habrá detrás de esa capa de estrellas que alumbra esa nada, hasta que nos tropezamos con algo muchísimo más bello.

A lo alto, reinando en toda esa oscuridad, iluminando la extensión, encontramos ese satélite natural de la tierra, con sus mares de origen volcánico y astroblemas, que influye en las mareas y en el aumento de la duración del día. Esa figura que nos parece redonda y perfecta, que a veces es del color de la nieve, otras veces desaparece, y otras veces parece que se incendia y da la sensación de que es fuego por su color naranja.

Sí, en esos momentos nuestras miradas se cruzan con la luna y nos detenemos a observarla. Nos preguntamos cómo algo tan bonito puede reinar solo en el cielo y, a veces, nos sentimos hasta identificados con ella, y vemos reflejada su soledad en cómo nos encontramos nosotros por dentro.

En uno de esos meses donde nada parece salir a derechas, me paré a observar detenidamente su evolución, todo lo que había significado para el hombre hasta ese momento, cuántas personas le habían dado culto, las habían personificado como a diosa.

Sin embargo, lo que más me llamó la atención fueron las fases cambiantes por las que pasaba mensualmente. Y tras una larga reflexión para distraer mi mente, me di cuenta de que estas, para mí, se asemejaban a la vida de las personas.

Cuando la luna es nueva, cuando no la vemos en el cielo, pero sin embargo está ahí, significa que es el comienzo de algo nuevo, de algo que, de ser nada, va a a ser todo lo que importa. Y comprendí que quizás esa fase reflejaba el nacimiento de una persona. La nueva vida que se creaba a partir de algo pequeño.

Fases de la luna. Foto: astromia.com

La fase creciente, cuando la luna refleja solo una parte, cuando es media, cuando parece que está acunando a un bebé, cuando poco a poco empieza a formarse para llegar a una entera. Esa fase es la de la infancia y la adolescencia, que para algunos puede tardar más en pasar y para otros menos, o puede que haya hasta personas que se queden estancadas ahí. Porque realmente pasamos a la siguiente fase cuando maduramos, cuando comprendemos ciertas cosas básicas de la vida, cuando le damos respuesta a preguntas que nunca serán respondidas, pero que, aun así, entendemos: cuando asumimos que los sentimientos están fuera de nuestro control; cuando sabemos que si no tenemos ese dominio sobre algo nuestro, cómo lo vamos a tener sobre alguien más; cuando aceptamos que en ciertas situaciones nadie tiene la culpa de lo que pasa y que tampoco nadie lleva razón en todo lo que dice o en todo lo que piensa, y dejamos las verdades absolutas. También cuando sabemos que “hay tranvías que solo pasan una vez en la vida”; cuando “empiezas a creer en ti”; cuando empiezas a llamar a lo imposible, “improbable”, y cuando sabes el verdadero significado de las palabras “perdonar” y “olvidar”. Pero, sobre todo, cuando sabes que caer es aprender, que no es malo, que está permitido, que asimilas más conocimientos de esa manera, pero que, después de eso, debes levantarte y seguir, porque “después de la tormenta”, siempre llega la calma.

Es ahí cuando llegas a ser una luna llena, a estar totalmente completo. Llegas a la edad adulta, que no significa no seguir aprendiendo, al contrario, sino que aprendes más rápido y con más agilidad.  Apareces en ese estado de calma en tu vida, en el cual, en cada cosa que pasa, sabes cómo actuar. O eso pienso yo. Tampoco puedo hablar mucho de esta fase, puesto que aún considero que soy creciente.

Y tras estar completo, empiezas a menguar. La vida pasa apenas sin que te des cuenta y, en un abrir y cerrar de ojos, apareces en una fase menguante. ¿Sabéis lo mejor de esta? Que el satélite parece que sonríe. Y es que si las tres anteriores fases las pasas plenamente, solo te queda eso: ser feliz.

Después de la fase menguante, vuelve a aparecer la luna nueva. Y es que, como bien sabemos, cada principio tiene su fin y, sin más, vuelve a empezar.

Supongo que las fases de la luna para mí son eso, un círculo cerrado que se repite diariamente, al igual que pasa en cada punto de este planeta. Alguien muere y deja paso a una nueva vida.

Le tengo tanto cariño a este satélite que, si eligiera ser algo de esa inmensidad, sería ella. Porque en su soledad, está rodeada de estrellas que brillan con luz propia y permanece orbitando alrededor de un cuerpo que en su interior contiene algo tan magnífico como es la vida.

Imagen de perfil de Carmen Romero Román

Carmen Romero Román

Estudiante del Grado de Periodismo en la Universidad de Murcia. Amante del cine y la lectura. Sabemos que hemos leído un buen texto cuando este nos entra por la vista, pero es capaz de tocarnos el alma.

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Fases por Carmen Romero Román está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

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