Gran fracaso… ¿y ahora qué?

Sí, esa será la pregunta que muchos españoles se harán si después de las nuevas elecciones del 26 de junio los resultados son similares a los cosechados en los comicios del 20D y son necesarios los dichosos pactos. Esta ya pasada etapa electoral pasará a la historia de nuestro país como un inédito fracaso político. Se preveían nuevos tiempos en la política española con el auge un partido totalmente fresco y moderno: Podemos. Por primera vez, era posible pelear frente a frente con los tradicionales partidos que tantos años habían gobernado España. El bipartidismo llegaba a su fin.

 

Fueron días de ilusión, de esperanza y de ganas por parte de los votantes morados, que pretendían dar un golpe en la mesa y materializar una revolución que comenzó en las calles con aquel Movimiento 15-M. Muchos estaban hartos de las políticas del Partido Popular y sus consecuencias. Era el momento de escuchar al pueblo, era el momento del cambio. Con Pablo Iglesias a la cabeza, el ejército morado se preparaba para la batalla.
Pero Podemos no sería la única novedad en el nuevo panorama electoral. Un partido cuyos orígenes se situaban en Cataluña y que poco a poco había ido expandiendo su marca a nivel nacional, también quería mostrarse como la alternativa para la transformación del país. Albert Rivera y su tropa de naranjitos preparaban sus armas con el fin de conseguir el mayor número posible de papeletas a su favor.

 

Mariano Rajoy con cara de incertidumbre

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¿Y qué decir del bipartidismo? Por un lado, la intención del PP era ganar las elecciones para continuar con la “recuperación de España” a base de las reformas ya implantadas y más recortes en aquello que más nos duele: sanidad y educación. Rajoy seguía con su ofensiva en plena campaña para lograr la bendita mayoría absoluta. Mientras tanto, cada vez se le caían más y más “manzanas podridas” de ese gigantesco árbol llamado Partido Popular.

Qué suerte la suya si solo hubiesen sido unas cuantas manzanitas, ¿no?

El PSOE -con su carismático líder Pedro Sánchez– pretendía derrotar al enemigo con sus ideas progresistas y de izquierda, pero parece ser que sus proposiciones no terminaron por calar tanto en el electorado, como sí lo hacía su presencia ante esas mujeres que se volvían locas al verle. No, Pedrito, no. Lo importante no es cautivar con la sonrisa, sino con propuestas de gobierno convincentes.
Así se presentaba la nueva política… y así han terminado las posibilidades del cambio: en fracaso absoluto. Rajoy no logró la ansiada mayoría para seguir gobernando a sus anchas y se quedó con 123 diputados. Con 90 acabó el PSOE, tercer puesto para el partido de Iglesias con 69 y en cuarta posición, Ciudadanos, con 40 sillones en la cámara. Tras 33 años, el bipartidismo sucumbía al auge de dos nuevas formaciones y eran necesarios unos cuantos acuerdos para la gobernabilidad del país. Los ciudadanos habían mostrado en las urnas que no querían una única fuerza en el poder, a pesar de esa parte de la tercera edad que continuó confiando en los populares aun con todo lo que estaban robándonos. Así ejercían su derecho estos abuelos, asentados en la tradición y la irracionalidad… y sí, así va España.

Resultados electorales 20D

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La palabra pacto sería la más repetida en los cuatro meses siguientes, pero la empresa no iba a ser tan fácil. El choque de ideologías era evidente, algunas ideas se compartían y otras no. Si no teníamos bastante, allí estaba el tema del independentismo catalán para obstaculizar aún más los posibles acuerdos.

¿De verdad era necesario dar tanto la lata en tiempos políticos tan tensos, Artur Mas?

El asunto era bien complicado y existían dos opciones para llegar a los 176 escaños: el llamado pacto de la gran coalición entre PP y PSOE o el gobierno de izquierdas entre socialistas, Podemos, IU, las confluencias (Marea gallega, Compromís y En Comú Podem), Coalición Canaria y Esquerra con la abstención de PP o Ciudadanos. Claro está que también un pacto entre naranjitos, socialistas y populares hubiese sido factible, pero el caso es que ninguno quería al PP a su lado. La idea de todos era destronarlo y que comenzase su regeneración en la oposición para subsanar el entramado corrupto que lo estaba consumiendo.
En el flanco de izquierdas ni Pedro quería tintes morados, ni Iglesias deseaba naranjitos. Así, imposible. Y, mientras, nuestro querido Felipe conversaba con unos y otros para nada. El único acuerdo entre PSOE-Ciudadanos no hizo más que enredar las cosas, la investidura de Sánchez naufragó y ahora afrontamos unas nuevas elecciones con una incertidumbre expectante.

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Algunos seguirán fieles a su ideología, otros hablan de “sacrificar” su voto a favor de la gobernabilidad de España. ¿Qué haremos con los políticos si vuelve esta situación? Pues ya que estarán condenados a entenderse, yo vería con buenos ojos meterlos a la cárcel y cuando acuerden algo viable en las reuniones de los recreos, los liberamos. Mientras tanto, a pensar cada uno en su celda por qué si son adultos, no son capaces de solucionar este embrollo.

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Gran fracaso… ¿y ahora qué? por Iván Sevilla Fernández está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

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