La ética y la moral periodística

  • La comunicación del siglo XXI está condicionada por el medio que la distribuye, y los inversores del mismo. Como profesionales de este campo, nuestra responsabilidad es ofrecer un producto real y de calidad, pero no siempre es así. La era digital está provocando la comercialización de la información y, como siempre, los responsables somos los periodistas. Tal vez debamos replantearnos si realmente luchamos por la veracidad y la objetividad o cedemos ante el monopolio de la información. ¿Qué clase de periodista quieres ser?

Cuando la gente escucha la palabra periodista suele pensar en: manipuladores de la información, insensibles, amorales, e incluso el propio Papa Francisco casi califica nuestro trabajo de “terrorismo” en 2016. A veces me gustaría saber con cuántos periodistas o estudiantes de periodismo habéis hablado para contrastar vuestras fuentes. Cuando un profesional de la información deja que su trabajo sea adulterado por el medio que paga sus facturas, todos cargamos con las consecuencias, pero no significa que vayamos a actuar de la misma manera.

Es cierto que nos enfrentamos a un trabajo duro, criticado, mal remunerado y que debe estar en constante mejora y evolución. Pero os aseguro que nadie nos advierte más que nuestros profesores, así que, nos metemos en el infierno a conocer a Satán por voluntad propia. Yo estudio periodismo porque no me veo haciendo otra cosa durante el resto de mi vida. Y tú, ¿por qué estudias? Juzgamos la ética y la moral de un estudiante únicamente porque es lo que confirma el colectivo, pero nadie se pone nunca en nuestro lugar, nadie ha ejercido nunca en un cargo como el nuestro y nadie sabe la lucha diaria a la que nos enfrentamos en el mercado laboral.

Fuente: https://elojocondientes.com/category/por-jorge-felippa/page/2/

Foto: Sociedad mal informada. Fuente: https://elojocondientes.com/category/por-jorge-felippa/page/2/

El mundo del periodismo ha cambiado mucho desde que nos introducimos en la era digital, y no para mejor precisamente. Los medios se han adentrado en una carrera contrarreloj por convertirse en the first ones (‘los primeros’). Tal y como afirmaba el actor Denzel Washington, tras haber sido protagonista de una fake new (‘noticia falsa’), en una entrevista:Vivimos en una sociedad en la que lo único que importa es llegar primero. Qué importa si es verdad, tú sácalo. Qué importa si dañamos o destruimos a alguien. Ni siquiera nos preocupamos de averiguar la verdad. Lo que se quiere es vender”. Y, ¿quién sufre las repercusiones en la era del share (compartir)? Todos.

La crisis de la industria informativa ha transformado este sector en puro marketing con la única finalidad de la obtención del máximo beneficio. Ya no se busca la noticia sino el escándalo, claro ejemplo de ello es la imagen del niño sirio muerto en la playa. La noticia de calidad es sustituida por puro sensacionalismo, y lo peor de todo es que estamos tan acostumbrados a este tipo de informativos que ya no sabemos discernir entre lo caro y lo barato. La libertad de expresión se está viendo coartada por motivos económicos, financieros y políticos generando el máximo exponente de la información manipulada. Denzel Washington se preguntaba: “Si no lees los periódicos no estás informado, si lees los periódicos estás mal informado. ¿Qué hacer?”

Cuando acabamos nuestros estudios tenemos que sobrellevar innumerables horas de explotación por parte de los periódicos, que ellos denominan “prácticas”, para convertirnos en los corresponsales preparados que queremos llegar a ser. Hasta ahí bien, acepto el hecho de que me hagan trabajar hasta que me sangren los ojos en algo que para mi no supone un trabajo pues, cuando disfrutas lo que haces, es de todo menos un castigo, pero siempre dentro de unos límites que no sobrepasen la humillación personal. “No podemos hacer que los jóvenes tengan tan largo tiempo para consolidar su posición profesional y en miserables condiciones”, defendía Fernando González Urbaneja en los premios APM (Asociación de la presa de Madrid) de Periodismo 2016.

Tengo muy claro qué clase de informadora quiero ser y, lo que no pienso aceptar como periodista, es la sumisión a una entidad con una ideología y una moral que contradice mis principios y que falta al respeto a toda persona contraria a su opinión. Lo que no pienso consentir como periodista, es que manipulen mi trabajo para que este parezca favorecedor a sus ideas. Lo que no pienso admitir como periodista es que el medio para el que estoy ejerciendo se ría, denigre o infravalore mi criterio. Y lo que menos pienso tolerar como periodista es que traten de manipular mis convicciones para convertirme en un trabajador más de la cadena de producción.

CC BY-NC-ND 4.0
La ética y la moral periodística por Cristina Salinas Gutiérrez está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

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