La vergüenza de las tertulias políticas en España

Foto: lasexta.com

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Hace unos días estuve viendo en Youtube un debate político de El gato al agua entre Alejandro Cao de Benós (representante del gobierno norcoreano) y otros tertulianos, y hubo un detalle que me sorprendió muy gratamente: apenas se interrumpieron el turno de palabra.

Este comportamiento, que brilla por su ausencia en la mayor parte de las tertulias de la televisión actual, podría parecer poco importante, pero creo que es una de las cuantas condiciones fundamentales que se deberían cumplir para que una discusión tuviera, al menos, la posibilidad de ser interesante y fructífera; para que tanto los que hablan como los que escuchan pudieran sacar algo en claro de un intercambio de opiniones… intercambio que, por ejemplo, en un programa como La Sexta Noche, es una indignante tomadura de pelo que se prolonga durante más de cuatro horas.

No hablo ya de la preparación de quienes debaten, de cómo unos pocos acaparan el escaso espacio que se le dedica al diálogo en los medios, o de las flagrantes falacias lógicas (esto es, malos argumentos en defensa de una opinión) en que incurren, sino solo del respeto de las intervenciones ajenas. Y mira que la solución es sencilla: basta con ir anotando en algún lado lo que dice el contendiente para replicarle cuando se nos devuelva la palabra. Mejor para el espectador, que se podrá enterar de algo; mejor para los dialogantes, que podrán exponer su postura de forma completa y ordenada (o hasta conocer con mayor corrección lo que deben rebatir del otro); y mejor para el programa, que incluso podrá desarrollarse con mayor velocidad y, quizás, dar cabida a más temas.

Todo ventajas, vaya… pero no hay manera de conseguirlo. Seguramente es porque pensamos que el mero hecho de que alguien pronuncie una intervención hasta el final supone el convencimiento automático del público, o que el contrario está dando la razón con su silencio. Por otro lado, el moderador tampoco hace nada por evitar estas situaciones, pues se limita a pedir silencio cuando los que hablan a la vez no son dos, sino por lo menos cinco o seis personas.

Un circo, un follón, un barullo, que no sé si tendrá algo que ver con la cultura española, pero que, desde luego, ya no me hace tanta gracia ni me entretiene como (lo reconozco) cuando era más pequeño y no era consciente de que aquello tenía que ser una cosa mínimamente seria.

 

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La vergüenza de las tertulias políticas en España por Germán Medina está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

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