Las relaciones 3.0

  • El siglo XXI, la era de la tecnología, de la innovación, del avance, de la conexión, de la inmediatez, pero, ¿la era de las relaciones? La red está tan sumamente inmersa en nuestra sociedad  que ya forma parte de nuestra vida cotidiana. De modo que, ¿qué consideramos hoy en día una relación? 

Desde mi punto de vista, hoy en día, el amor -refiriéndome no solo al platónico, sino también al familiar y al confraternal- es inversamente proporcional a la interacción mediática. Las redes sociales se han convertido en un modo de “medir” el nivel de vida social y pasional del que gozamos. A más “me gusta”, fotos, comentarios y menciones, más “te quiero”. Nos hemos convencido de que, si no está inmortalizado y subido, es como si no hubiera pasado.

En el ámbito de las relaciones, podríamos calificarlas como: “el terminator 3.0”. Han llegado a nuestra sociedad para destruir todo lo que la humanidad había construido acerca del amor y los sentimientos, acerca de la amistad, acerca de la convivencia y, por desgracia, acerca de la vida en general. Arrasan por donde pasan, dejando únicamente como recuerdo un código binario y un par de selfies mal hechos de lo que un día pudo haber sido alguna clase de vínculo emocional.

La necesidad de inmortalizar las relaciones. Foto: https://www.isep.es/actualidad-psicologia-clinica/las-nuevas-parejas-del-siglo-xxi-parejas-digitales/

La necesidad de inmortalizar las relaciones. Foto: https://www.isep.es/actualidad-psicologia-clinica/las-nuevas-parejas-del-siglo-xxi-parejas-digitales/

Nos hemos encargado de crear nuestro propio mundo virtual. Da la impresión de que, al nacer, lo primero que hacemos es generar nuestro documento nacional de identidad -DNI- y, seguidamente, el perfil de Facebook o Instagram. Ha llegado a tal extremo que ya nos cuesta discernir cuál de los dos es el oficial. En lugar de utilizar las redes para su propósito -emprender, innovar y conectar-, vivimos a través de ellas, y resulta enfermizo.

Como resultado, hemos engendrado una identidad 3.0 que da vida a un personaje irreal. Estas cuentas no son más que pura ciencia ficción. Nos hemos bautizado en el nombre de la fachada, la estética y el “postureo” máximo, cuya finalidad es alcanzar el mayor número de followers y likes. Y nos convertimos en la representación de la velocidad: queremos la gloria y la queremos ya. Las redes han traído Hollywood a nuestras casas, convirtiendo así a toda una prole en yonkies de la fama o millennials, según lo fashion que seas con tu jerga.

Estamos tan ocupados y estresados con ser trending topic que no tenemos tiempo -o ganas- ni para tomar un café con la vecina. De modo que, al perder el trato personal, empezamos a confundir estar conectados con tener una conexión. Puede que nos cueste asimilarlo, pero estar en línea no es estar disponible, un grupo de chat nunca podrá sustituir unas cañas y una buena conversación, un emoji guiñando el ojo ni se acerca al escalofrío que te recorre el cuerpo con la mirada de ese chico/esa chica, y un corazón dibujado jamás reemplazará un sincero “te quiero”.

Yo digo que la vida es corta y que toda mundología es poca. Desde mi punto de vista, solo podemos experimentar y evolucionar a través de la convivencia, entre los ya conocidos y los que nos cruzamos por el camino. ¿Qué es eso de las apps para parejas? Qué ha sido de las frases de ligoteo de los bares, de las mariposas en el estómago cuando se acerca la persona con la que llevabas intercambiado miradas toda la noche o de los encuentros casuales en las máquinas de café en la biblioteca.

Se está extinguiendo el romanticismo y la apasionante experiencia que supone “conocer a alguien”. Decía Oscar Wilde que “la experiencia es simplemente el nombre que le damos a nuestros errores”. El problema surge cuando llamamos error a hacer una captura de pantalla de tu ex en snapchat con su nueva novia, no responder el mensaje de tu pareja o amigo en un periodo inferior a tres segundos, dar me gusta sin querer a una foto de la persona que te resulta insufrible -agravando más la situación si para colmo ni siquiera eras follower-, a seguir al amigo de tu novio -o al ex de tu amiga-, incluso a tener pareja y no colgar ninguna foto juntos con un texto que empacharía a cualquier niño hambriento de África.

El problema de las relaciones, en este universo egocéntrico e imaginario al que damos forma, es que estamos tan saturados de conocidos -los cuales realmente ni siquiera conocemos- que después creemos, erróneamente, que en la correspondencia cuenta más la calidad que la cantidad. Y nos convertimos en sujetos selectivos de una clase de especímenes que entren dentro de nuestro sistema, regido por normas propias pero influenciado por agentes externos. Excluimos y desechamos lo diferente, siempre por miedo a que la masa nos juzgue. El individuo se convierte en un producto del mercado mass media y dejamos que un Iphone decida quién es nuestra mejor pareja.

Somos las celebrities protagonistas del un reality show al alcance todo el mundo que llamamos “nuestra vida”, pero, ¿qué pasa cuando se acaba el programa?

CC BY-NC-ND 4.0
Las relaciones 3.0 por Cristina Salinas Gutiérrez está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

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