Levántate y anda

  • No quiero, ni mucho menos pretendo, dar lecciones de vida con estas líneas. Simplemente quiero despertar conciencias y  la empatía en todos los que me estáis leyendo. Voy a explicar las dificultades con las que se encuentra una persona en una silla de ruedas, como yo, en su día a día 

A lo mejor por el título del artículo pueden deducir de qué voy a hablar y, si no es así, lo explicaré brevemente. Servidor “padece” –luego explicaré el porqué de esas comillas– de una “enfermedad” –lo mismo que antes– llamada espina bífida, que se caracteriza por la falta del cierre del tubo neural en el primer mes de gestación. En resumidas cuentas, es una enfermedad que afecta a las extremidades inferiores y que, en la mayoría de casos, imposibilita una acción tan simple como la de andar. Y este es mi caso.

Una silla de ruedas no es un castigo, es un medio de transporte. Fuente: andina.com

Una silla de ruedas no es un castigo, es un medio de transporte. Fuente: andina.com

Particularmente me han educado, desde bien pequeño, con la idea de que no tengo ninguna discapacidad y que soy una persona totalmente normal con capacidades plenas. Podía salir a jugar, ir a la escuela, salir con la familia a dar un paseo en mi carricoche, como un rey; lo normal en una criatura inocente. Pero, conforme crecía, iba dándome cuenta de que no era igual a las demás personas. Ellos pueden mover sus piernas y tú no. Yo, en cambio, me movía con una especie de prótesis que me ayudaba a estar en pie y, ciertamente, no notaba la diferencia. Posteriormente, por problemas de otra índole, conocí a la que es mi amiga hoy en día: la silla de ruedas. Entonces ahí es cuando noté el cambio; yo necesitaba –y necesito– cuatro ruedas para moverme.

Aunque objetivamente, como digo, sea diferente a los demás, no lo soy. Desde el colegio he crecido en un ambiente sano, con personas buenas a mí alrededor, amigos aún hoy en día a los cuales no les han importado mis circunstancias a la hora de acercarse a mí. Así como en el instituto, de donde guardo la mayor parte de mis amistades, muy valiosas para mí. Y en este progreso también debo hacer hincapié, teniendo en cuenta que al nacer no daban ni un duro por mí unos médicos negligentes que decían que no iba a llegar a nada en la vida. Será duro para ellos si leen este artículo. Volviendo al tema, es duro también llegar a la adolescencia y no poder hacer planes tan simples con tus amistades como ir a la playa, algo que es un verdadero “territorio comanche” para los discapacitados, además de las miradas indiscretas de la gente que te mira de tal forma que parece que no ha visto una silla de ruedas en su vida. Por no decir de ir al cine, una actividad que se convierte en un deporte de riesgo al tener que quedarte en primera fila con riesgo de acabar con dolor en el cuello. O ya, pensando más en el futuro, los problemas para encontrar trabajo simplemente por mi circunstancia, aunque por fortuna en nuestro país cada vez son menos frecuentes estos casos de exclusión laboral. También acciones tan cotidianas como vestirse o ducharse son una auténtica aventura, aunque a día de hoy, y gracias a la fuerza de voluntad, soy totalmente capaz de hacerlas por mí mismo. Así como andar por la calle con mi silla de ruedas, lugar donde diversas barreras arquitectónicas me impiden moverme con facilidad. Son un sinfín de contras, pero es importante tener fortaleza e inteligencia para convertir todas esas flaquezas en puntos fuertes. Ahí es donde entra el asunto de la educación, una educación que no te inculque que eres un “lisiado” sino que puedes con todos los vendavales que se presenten en tu día a día.

Alejandro Zarzuela, uno de los iconos de la Selección Española de Baloncesto en Silla de Ruedas. Fuente: El Heraldo

Alejandro Zarzuela, uno de los iconos de la Selección Española de Baloncesto en Silla de Ruedas. Fuente: El Heraldo

Y por eso mismo digo que no padezco ninguna enfermedad; tengo una circunstancia añadida, un reto en la vida. Salgo a hacer deporte –el baloncesto en silla de ruedas me apasiona–, salgo con mis amigos a pasar un buen rato, al igual que con mi familia. Y sigo superándome día a día, siendo tal y como soy, con mi fiel compañera, mi silla de ruedas. Y, por supuesto, no lo considero ningún castigo ni una cruz, simplemente tengo un punto de vista distinto al tuyo. Soy una persona vital, que va con la felicidad por bandera y que siempre quiere que los que estén a su alrededor pasen un buen rato con él. Ya sabéis que conmigo todo irá sobre ruedas.

Imagen de perfil de Pablo Molina Martínez

Pablo Molina Martínez

Estudiante de Periodismo en la Universidad de Murcia. El deporte, mi pasión. Informar, mi vocación. Cartagenero, aficionado al fútbol y al FC Cartagena. Superándome día a día.

CC BY-NC-ND 4.0
Levántate y anda por Pablo Molina Martínez está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

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