Llámalo por su nombre: improbable

Parece extraño cómo todo lo que decimos alguna vez que es imposible, acaba sucediendo. Supongo que tenemos tendencia a pensar que hay cosas que nunca podrán pasar o ni siquiera existir. Y eso es un error común que el ser humano acaba teniendo a diario. Ponerlo por imposible todo. Cuestionar una y otra vez las cosas, cuando, realmente, no hay que hacerlo tanto. Ejemplo de esto es el dicho de “si no lo veo, no lo creo”. Y acaba pasando que, un día sin más, ves que suceden cosas que ni tú mismo crees que estén pasando.

Por eso, no lo llames imposible. No lo llames así, porque lo que un día creemos que no puede suceder, al siguiente pasa. Lo que un día creíamos que no íbamos a poder lograr, un día lo hacemos. Así que no lo llames imposible por el hecho de que haya una dificultad para que pueda ser. Porque siempre hay una posibilidad entre un millón. Y, aunque solo sea una, sigue estando ahí.

No llames imposible a querer conseguir tus sueños. Porque un día quizás te levantes con ganas de comerte el mundo, y lo hagas. No subestimes la capacidad humana de hacer que lo que queremos se convierta en realidad, porque acabarás perdiendo. Y si no, mira ejemplos de la historia. Nadie confiaba en que Cristóbal Colón llegara hasta la India, nadie le daba un préstamo para poder intentarlo; hasta que llegaron los Reyes Católicos y lo financiaron. La Pinta, la Niña y la Santa María a su disposición. Y, con tres navíos que pretendían llegar hasta el otro lado del mundo, pisaron un suelo que creían que era imposible que existiera. América estaba ahí.

Foto de Gabrielle Chanel. Imagen: pinterest.com.

Foto de Gabrielle Chanel. Foto: pinterest.com.

También podemos poner miles de ejemplos más, como el de aquella frase que sonó y que parecía imposible: “Un pequeño paso para el hombre, un gran paso para la humanidad”, e incluso cuando Gabrielle Chanel (Coco Chanel) subió de peldaño; de ser una poseuses (‘persona que entretiene al público entre actuaciones de los artistas principales’) en “La Rotonde”,  pasó a convertirse en una de las diseñadoras de moda más inspiradoras de todos los tiempos. Quién la había visto y quién la veía, que nadie daba nada en un principio por ella  y ahí sigue su esencia. En cada uno de los diseños de la marca, sigue viva.

Tampoco llames así a lo que creemos que nunca en la vida podría suceder, porque podemos llevarnos una decepción muy grande. Como por ejemplo, que Trump gane las elecciones en Estados Unidos que, para el caso, cuando sucedió seguíamos sin creernos lo que veían nuestros ojos. Pero era cierto.

Así que la palabra perfecta para estos supuestos y muchos más no sería “imposible”. Porque nada lo es.  Mejor llámalo por su nombre cuando pienses que no puede pasar, pero que hay probabilidades de que sea, aunque sean muy pequeñas. Llámalo entonces “improbable”.

Improbable que el mundo se acabe, que el sol se apague, que haya una tercera guerra mundial, que el ser humano vaya a peor o a mejor y que podamos conseguir nuestros sueños o alcanzar a lo que aspiramos en un futuro. Porque si hay una posibilidad, por minúscula que sea, sigue estando ahí. Con lo cual, el hecho deja de ser imposible.

Dejemos esa palabra a la gente cobarde, a la gente que no se atreve a hacer lo que quiere, a las personas que se auto-engañan para sentirse mejor con ellas mismas o con su vida. También, para la gente envidiosa que no creerá en ti. Algún día podrás demostrarles que aquello que decían que no serías capaz de hacer, lo has acabado consiguiendo.

Dejemos los imposibles para los ciegos de corazón, para las almas convertidas en piedra, para los que no aprenden que la historia habla por sí sola y que, a veces, los patrones se repiten una y otra vez.

Los improbables son para los valientes, para los que comprenden que en esta vida todo es posible, aunque sea difícil. Que como dice Rayden: “No hay imposibles, solo improbables; para que cobardes no se atrevan presos por el miedo”. Y es que es exactamente eso.

El miedo solo fue la excusa que alguien se inventó para lo que veía imposible y otro lo consiguió. El miedo solo es lo que nos hace pensar que hay cosas que no sucederán jamás.

Hazte un favor, a partir de este artículo, y quítate toda esa cáscara que te protege de la vida, todos esos “imposibles” pronunciados por miedo a caer. Y te vuelvo a repetir una vez más:

Llámalo por su nombre, por la verdad que es.

No lo llames imposible, porque hasta la misma palabra solo es un compuesto entre un afijo y una realidad.

Así que llámalo improbable, porque siempre hay una probabilidad de que suceda.

Imagen de perfil de Carmen Romero Román

Carmen Romero Román

Estudiante del Grado de Periodismo en la Universidad de Murcia. Amante del cine y la lectura. Sabemos que hemos leído un buen texto cuando este nos entra por la vista, pero es capaz de tocarnos el alma.

CC BY-NC-ND 4.0
Llámalo por su nombre: improbable por Carmen Romero Román está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

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