No perdamos la virtud de escuchar

¿Quién no ha oído en estos últimos meses a la manada de políticos españoles hablar sobre Cataluña y su posible independencia? Todos los días, a todas horas, ya sea en radio o televisión, escuchamos a políticos de toda índole hablando sobre el tema. Los hay a favor, los hay en contra, pero no los hay razonables. Unos y otros discuten, luchan y juegan a un estúpido pasatiempo en el que parece que mirasen quién tiene la paja más grande, olvidando completamente el trasfondo del tema y olvidando, además, que detrás de todo esto no hay más que personas.

No quiero posicionarme con un bando u otro, ya que tengo ideas a favor y en contra de ambos, y sería condicionar el resto de mi escrito. Por una parte, toda nación debería tener el derecho a tener su propio Estado (sí, Estado, con mayúscula); pero de igual manera pienso que, España no sería España sin Cataluña, es decir, Cataluña aporta muchísimo a España, y como tal, una escisión de esta podría ser perjudicial para ambas partes. Dicho esto, España, que es -según nuestra constitución- un Estado de naciones, ¿no debería tener más consideración con Cataluña? Igual me equivoco, pero si nuestro modelo de Estado de naciones aboga ahora de una sola nación, quizá, y sólo quizá, estemos ante un modelo equivocado.

Movilizaciones masivas en Cataluña por la Independencia.

Movilizaciones masivas en Cataluña por la Independencia. Foto: abc.es

Siguiendo con esto, me resulta evidente que España necesita a Cataluña para ser fuerte y viceversa, pero… ¿Pueden seguir conviviendo catalanes y el resto de españoles en esta situación? No. La unión hace la fuerza, sí, pero la unión nunca será real si ambas partes no se ponen de acuerdo para luchar, juntos y de la mano, por sacar esto adelante. He aquí el quid de la cuestión. Tenemos que plantearnos el por qué de esa decisión de los catalanes de querer abandonar el país. No olvidemos que, detrás de todo este entramado, lo que hay son personas con su opinión y razones, y quizá la solución más adecuada sea escuchar la voz del pueblo e intentar solucionar estos problemas desde abajo. Quizá la manera de evitar que Cataluña quiera ser independiente es escuchándolos, dándole voz, y haciendo que se sientan cómodos e integrados, formando parte de una comunidad, de una población, de una nación, que, aunque nos la intenten vender, no existe realmente.

Con todo esto, preguntémonos los unos a los otros, reflexionemos, y digamos, ¿realmente nos sentimos orgullosos de ser españoles? Seguramente cuando vayamos al extranjero no podamos sacar orgullosamente el pecho y presumir de ser españoles ante países de verdad (a excepción de cuando ganamos el mundial, ahí todos gritamos aquello de “yo soy español, español, español”) y quizá, y sólo quizá, esa falta de orgullo, esa sensación de que no estamos bien representados, esa mala imagen de nosotros gracias a los chupacámaras de turno, puede que sea la misma que tiene la mayoría de catalanes, y por la cual quieran huir, reclamando su propia voz, y reivindicando que se sienten, y son, diferentes.

Pues bien, para acabar, quiero decir que tal vez nos estemos equivocando y precipitando con este tema. Somos humanos, y como tal tenemos derecho a equivocarnos, pero, puesto que somos humanos, también tenemos una cierta serie de virtudes que nos distinguen, que nos hacen únicos, y no debemos desaprovecharlas; no perdamos la virtud de dialogar, no perdamos la virtud de comprender, no perdamos la virtud de escuchar. 

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Miguel García Gallego

Redactor de Deportes. Amante de la Formula 1 y del FC Cartagena. Pequeña persona, grandes historias. Escribiendo con pasión.

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