No son hombres, son animales

  • “Vergonzoso, miserable y vacío de todo resquicio moral defender a tales engendros”

Cartel contra los abusos sexuales. Foto: frankhooker90.blogspot.com.es

Durante las últimas semanas hemos leído multitud de artículos y mensajes sobre el caso de La Manada, ese grupo de individuos (por aplicarles alguna nomenclatura) que abusó sexualmente de una joven de 18 años. Pese a que, como ya digo, hay numerosos artículos a cerca del tema, no podía permitirme como mujer y como parte integrante de la sociedad no hacer mención al respecto.

La defensa de los acusados tiene la carencia de escrúpulos propia de alguien que es capaz de recriminarle a la víctima que haya intentado superar durante este año el trauma que pudo suponerle. Sí, se está acusando a una chica de 18 que acudió a una fiesta con la intención de pasárselo bien y que – como es propio de la edad- consumió alcohol, de intentar conseguir superar (cosa que probablemente nunca hará) que cinco miserables acabaran con su ilusión y abusaran de ella sometiéndola a una humillación y vejación que ningún ser humano merece.

Además, también se culpabiliza a la víctima de cometer alguna incoherencia en su declaración: el hecho de que dijera que no accedió voluntariamente al portal y que no dijera que había visto que la estaban grabando. La víctima rectificó y aclaró que accedió al portal voluntariamente, evidentemente sin imaginarse lo que ocurriría, y que fue consciente de que la estaban grabando. Bien, hagamos uso de la razón y también de la empatía, ¿después de sufrir una experiencia tan terrible como esta, no es comprensible que la joven pudiera confundirse a la hora de hacer la primera declaración?

Como observo constantemente en los medios de comunicación, el juicio no se les está haciendo a los acusados sino que se está inclinando sobre la víctima por si el juicio legal no fuera lo suficientemente duro con ella. Porque claro, una chica con esa edad lo que más deseaba a altas horas de la noche regresando de la fiesta era encerrarse en un portal con cinco hombres para que le provocaran lesiones en sus genitales, le robaran el teléfono y la grabaran. No sé exactamente qué clase de afección puede llegar a hacerle pensar a alguien que eso le puede gustar a alguna mujer, a una mente sumamente perversa supongo. Y, es más, los acusados habían mantenido conversaciones por Whatsapp bromeando sobre si se llevaban burundanga, soltando barbaridades del calibre de: «porque luego queremos violar todos». Sin embargo, esos comentarios misóginos son calificados de “humor” porque ahora resulta que jugar con la idea de maltratar a un ser humano es humor. Me parece increíble que pueda haber especímenes capaces de dirigirse a las mujeres de esta manera; aún llegan más lejos y se excusan diciendo que ellos no tienen necesidad de violar porque son gente guapa (claro, los feos tendrán que violar) y es muy vergonzoso, miserable y vacío de todo resquicio de moral defender a tales engendros.

Este año se volverán a celebrar los Sanfermines, como tantas otras fiestas, y mujeres y hombres acudirán, mujeres y hombres beberán, mujeres y hombres bailarán, mujeres y hombres irán ligeros de ropa, pero solamente las mujeres provocarán, incitarán o se insinuarán dando lugar a que los hombres como si un instinto animal los poseyese se abalancen sobre ellas para satisfacer sus instintos como les venga en gana.

Ahora me gustaría dirigirme a ellos, a La Manada como se hacen llamar. Truncar la vida de una chica de 18 años humillándola, maltratándola, utilizándola, dejándole secuelas psicológicas de por vida, ¿no os da asco?¿no os hace sentir miserables? Imaginad por un momento que a una de las mujeres de vuestras vidas –que, obviamente, mínimo una madre tenéis- les hubiera ocurrido, que cinco individuos las hubieran hecho sentir como un despojo. Las mujeres no somos objetos, no somos instrumentos, no somos manejables. Y si decimos NO, significa NO y una ausencia de NO, también significa NO. La cantidad de tela, la forma de bailar o el alcohol no le confieren el derecho a ningún hombre de decidir y responder por nosotras. Basta ya. No más manadas, no más abusos, no más humillación, no más maltrato. Empecemos por una educación que inculque la verdadera igualdad y respeto porque no es chiste ni es humor, se trata de la dignidad de seres humanos indispensables en esta sociedad: las mujeres.

A pesar de que no percibo un ápice de igualdad por ningún lugar, me tranquiliza que no nos rendimos. Seguiremos luchando para que algún día los hombres dejen de comportarse como animales y estos actos infames dejen de ocurrir, pero para ello los hombres que no quieran incluirse en ese colectivo deberán agarrarnos de la mano para avanzar en el camino hacia la verdadera igualdad.

CC BY-NC-ND 4.0
No son hombres, son animales por Esperanza Hernández Martínez está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

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