Objetivo: Acabar con la educación

Objetivo: Acabar con la educación

Objetivo: Acabar con la educación – Wikimedia Commons

No me gusta el título. No me gusta. Y se preguntarán por qué, si lo he elegido yo, que para eso es mi artículo de opinión. Principalmente no me gusta porque podría hablar a continuación de muchísimas cosas, como por ejemplo del famoso 3+2, de la subida de las tasas universitarias, de la reducción de las becas, de la masificación de las aulas… Y seguramente ustedes puedan seguir añadiendo opciones. Concretamente os voy a hablar sobre la nueva reforma de selectividad que la Lomce planea introducir a partir de 2017. Para ponernos en situación, los alumnos harán unas pruebas tipo test de 350 preguntas divididas en: 200 sobre materias troncales, 100 sobre materias optativas y 50 específicas que podrá elegir el alumno.

En España tenemos un mal endémico. Los distintos partidos políticos, sin importar su color o su ideología, se preocupan en demasiadas ocasiones más de echar abajo leyes que su competencia aprobó en la legislatura anterior, que en valorar si son buenas o malas, útiles o inútiles. Pero diré algo más. Hay ciertos temas en las que todas y cada una de las fuerzas políticas deberían converger, o al menos intentarlo. Intentar llegar a pactos de estado. Uno de ellos es, sin duda, la educación.

El título de este artículo, tan explícito, puede parecer exagerado, pero no lo es tanto, si tenemos en cuenta que en materia educativa estamos acostumbrados, por desgracia, a soportar cómo se nos cambia el plan de estudios una y otra vez. Y la educación no es algo que debamos tomarnos a guasa. Es la base de cualquier sociedad. Los jóvenes no podemos seguir así. No sabemos ya qué caminos tenemos que seguir para formarnos. Cada cierto tiempo tenemos que volver a informarnos sobre qué vía tendremos que tomar para estudiar aquello que queremos. Los universitarios sabemos perfectamente qué se siente con esto. No quedan tan lejos de nosotros las licenciaturas. El Plan Bolonia que nos vendieron como el futuro común europeo no se usa prácticamente en Europa, salvo en España, Portugal e Italia. Europa utiliza en su mayoría el sistema 3+2, pero también es cierto que cambiarlo otra vez, cuando ahora se están comenzando a realizar balances del Plan Bolonia, es un suicidio académico. Estamos hartos de que nos mareen, por no hablar del coste económico, que tendría una consecuencia nefasta en un panorama tan desolador como el nuestro (por mucho que se empeñen en decir que España se recupera, esos avances solo se sienten en la macroeconomía), provocando que el acceso a la educación se convierta en un esfuerzo inviable para un porcentaje enorme de españoles.

Volviendo a lo que les introduje, esta reforma de la Selectividad me parece un completo error. Para empezar, pienso que hay ciertas materias que no son evaluables correctamente ni siquiera con un examen escrito. Asignaturas de expresión o de idiomas necesitan una evaluación más práctica que teórica. Creo que si queremos avanzar en calidad educativa deberíamos plantear ese debate. Desde luego con un tipo test se pueden evaluar conocimientos generales o puramente teóricos, pero no se puede valorar específicamente la capacidad que tenga el estudiante para realizar ciertas tareas. Me viene a la cabeza la asignatura de matemáticas. Los profesores serios y buenos, nos han dicho toda la vida (y yo que hice Bachiller de Ciencias y he estudiado algo de Economía en la universidad lo puedo asegurar) que en esta materia se valora el desarrollo, saber explicar qué estás haciendo. Les aseguro que si tienen el desarrollo del problema bien y por la razón que sea se han equivocado en la última cuenta, les van a puntuar casi todo el ejercicio. Si hablamos de que se tiene que marcar una casilla y esa casilla la marcamos porque solo el resultado final, solo la última cuenta, nos da X y la respuesta es Y, ¿no sabe ese alumno de verdad realizar el ejercicio? No entiendo cómo quieren plantear la prueba. Los exámenes de matemáticas en la universidad que llevan parte tipo test están compuestos por preguntas de resolución rápida y teóricas y luego, como es lógico, hay una parte práctica. Con ambas cosas sí se puede valorar la capacidad del alumno. ¿Pero sólo con una en Bachiller? No lo creo, de verdad. Hay materias en la universidad que sí admiten este tipo de exámenes porque son puramente teóricas, pero la mayoría de asignaturas que se imparten en el instituto tienen también una importante carga práctica. Piensen también en nuestra profesión, en la que saber redactar es vital. Con un examen tipo test se pierde también esa capacidad de expresarse. En general, los expertos no están de acuerdo con este sistema de evaluación, sobre todo porque los alumnos se jugarán de esa manera tan poco clara la entrada a la universidad.

Con la llegada de la crisis a España y el aumento del paro mucha gente optó por estudiar una carrera y formarse, pensando que las puertas que se le abrirían serían muchas. Ya hemos visto que el problema económico es tan serio que ni un profesional bien formado tiene asegurado un puesto de trabajo. Esta masificación de las aulas ha provocado que la calidad de las clases sea peor, pues hay menos personalización desde el profesor hacia el alumno, porque ante tal cantidad de personas el profesor no puede atender correctamente a cada uno de ellos. Por tanto, ¿estas políticas tan polémicas que se quieren llevar a cabo son un modo más de intentar vaciar las aulas?

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José Miguel Rodríguez Ros

Director General de El Periodicum y Coordinador de Actualidad, Opinión y Radio. Soy amante de la música, de las series, de los videojuegos, del deporte, de la poesía... Pero sobre todo soy un enamorado confeso de la radio. El periodismo nos da la vida a quienes lo sentimos.

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    Esa nueva “reválida” obligará además a que las facultades organicen por su cuenta y riesgo unas pruebas de acceso porque ya me dirá el Sr. Ministro qué hacer cuando casi mil estudiantes quieran acceder al Grado de Periodismo o casi novecientos a los grados de Comunicación Audiovisual y Publicidad y Relaciones Públicas. En unos centros será sencillo entrar pero en otros igual no, y además, esa dificultad puede variar curso tras curso y según el grado. No parece la mejor idea cuando desde hace más o menos 30 años se tiene aceptado que la “Selectividad” (el nombre administrativo es “Pruebas de Acceso a la Universidad”) permite una ordenación para el acceso a la universidad.

    Escribo “más o menos” porque yo tuve que pasar una prueba de admisión para estudiar Informática a pesar de tener una buena nota en las pruebas de acceso (éramos 1200 para 125 plazas hace 31 años exactamente, un verdadero disparate), me pusieron un comentario de texto y un test psicotécnico con figuras de dominó (el test D48, prueba de la llamada inteligencia no verbal creada por el psicólogo inglés E. Anstey para medir la inteligencia de los sujetos en función de sus facultades lógicas), si hubiera confundido alguna ficha quizá no estaría ahora escribiendo este comentario.