¿Próxima parada?

El pasado viernes fui testigo de un hecho digno del calificativo “desfachatez”, y que levantaría la alarma social todavía más ante un problema que afecta a muchísima gente de toda Murcia y pedanías, si bien el caso y mi crítica se refiere a puntos concretos.
Pero comencemos desde el inicio: el día se antojaba poco productivo para mi persona, puesto que, por motivos que no vienen a cuento, solo me tocaba cursar la primera hora y nada más. Así que el resto de mañana lo invertí en Murcia centro. Y llegó el momento de volver a Molina. Llegué a las dos y diez a la parada de Plaza Circular. Hasta aquí todo bien. Fue a las dos y cuarenta cuando surgió la pregunta: ¿Dónde está el autobús? Según la página web oficial de la compañía Latbus, el 22-A efectúa su parada en Plaza Circular a las 14:23, y un retraso de 15 minutos no es lo usual, mucho menos en hora punta.

Por suerte o por desgracia, el de las 14:48 sí llegó “más o menos” a su hora. Y aquí el segundo evento de esta hora de pesadilla: a una joven le da un mareo notable justo antes de entrar al autobús. Sujetada por la gente que esperaba para subir, se le proporciona agua y caramelos, a la vez que se la guía hasta un asiento para que pudiera recobrar el sentido una vez se estimó que no sería necesario llevarla al hospital más cercano. He de decir que considero un milagro que encontrara sitio para sentarse, pues el autobús salió de allí con unas ochenta personas a bordo. Y en lugar del autobús “gusano” que suele cubrir la ruta a esas horas de mayor tráfico, la compañía Latbus había enviado un autobús de un solo vagón. Para que os hagáis una idea, ese 22-A equivaldría a un 39 o un 47 de la misma línea. Demasiado pequeño para los ochenta y tantos que teníamos que apretujarnos ahí dentro, con más abrigo del necesario, y con un insuficiente aire acondicionado.

Pero eso no es lo peor. Detrás de nosotros, pegado, venía otro 22-A. El de las 14:48. Sí, estábamos montados en el de las 14:23, que había llegado tarde no, lo siguiente. Y ahí estábamos las 90 personas que llegamos a caber dentro, porque, en efecto, el conductor permitió que llenáramos el autobús antes de mandar a cuatro jóvenes al de atrás (si es que llegaron a subir), porque resultaba imposible meter un solo alma más en aquella barca improvisada de Caronte.

Así estaba el autobus en cuestión, visto desde mi posición. Foto: Onofre Ortiz

Así estaba el autobus en cuestión, visto desde mi posición. Foto: Onofre Ortiz

La capacidad máxima alcanzada resultó, de primeras, en un viaje ajetreado, agobiante y lento. Por el camino, encontramos a otro 22-A, parado. ¿Averiado, quizás? Lo desconozco. Serían las 15:00 cuando lo encontramos, en la zona del Polígono Industrial el Tiro. Pero mentiría si dijera que aquí acabó todo. Apenas pasamos el “Oasis”, a otra chica que se encontraba a mi lado le pudo la situación, y perdió brevemente el conocimiento. Por segunda vez, en menos de media hora, todos los que estábamos allí sacamos pañuelos, agua y caramelos para tratar a una chica que, en esta ocasión, había sufrido un mareo causado, sin lugar a dudas, por el panorama claustrofóbico del autobús. Ni qué decir tiene que el conductor tuvo que detener el autómovil mientras la llevábamos a un asiento amablemente cedido por otra de las viajeras. Sobra decir que ambas jóvenes se encontraban algo mejor cuando logré bajarme en la parada de San Roque, y no porque fuera mi parada, sino porque vi necesario salir, a fin de evitar en la medida de lo posible un tercer desmayo.

Esta situación alarmante no queda aquí. A esta sucesión de errores técnicos y humanos que han coincidido en esta ocasión, hay que añadir el hecho del encarecimiento de los precios en los últimos años, pasando de costar 2’40€ la ida y vuelta, a 3’20€. Y ojo, esto solo si se pide expresamente; de lo contrario, el viaje de ida más vuelta asciende a 4’05€, si bien es cierto que se pueden pedir bonos de transporte, que tardan unas 3 semanas en darte. A esto se suma que entre Molina y Murcia solo hay dos líneas, que una de ellas es compartida con Lorquí y Ceutí, y se cuenta con que, a partir de las 10 de la noche dejan de pasar autobuses que cubran la ruta Molina-Murcia, al anular el ayuntamiento el acuerdo con la compañía, que afectó además a otras líneas con servicio de Búho-bus.

Y aquí estamos, solo en el caso de Molina, con dos líneas de autobuses confusas, llenas de atrasos, saturadas, puestas por una compañía que ha elevado los precios sin elevar la calidad, dejándonos tirados a partir de las 10 de la noche, y a la cual se le han hecho llegar varios paquetes de firmas de gente que, como yo, quiere que esta situación cambie. Sin embargo, tanto la administración pública como la compañía de autobuses han desestimado finalmente las peticiones, del mismo modo en que, visto lo visto, desestiman al cliente.

CC BY-NC-ND 4.0
¿Próxima parada? por Onofre Ortiz Fenoll está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

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