San Valentín, el amor y otros mitos

Corazones, rosas, bombones… Todo esto y mucho más se queda corto para demostrar tu afecto a la persona amada este 14 de febrero (si se tiene, claro). Yo soy de los que piensan esta fecha como una estratagema comercial de las chocolateras para vender el stock, que no tiene por qué ser celebrada si uno no quiere, y ahí le doy la razón a mi compañera de sección; “el amor se celebra todos los días de nuestras vidas“, y no solo el romántico. Sin embargo, y en vistas de que el tema amor como sentimiento de afecto a personas cercanas ya ha sido abordado, quisiera que se me permitiese hablar del amor de película y, por extensión, de su festividad.

Puedes aprovechar la fecha y regalarle algo asi de ingenioso a tu pareja

Puedes aprovechar la fecha y regalarle algo así de ingenioso a tu pareja. Foto: http://degreesearch.org/blog/nerdy-valentines-part-three/

Porque San Valentín debe tener un trasfondo histórico… ¿no es así? Este santo fue, en época del Imperio Romano, un sacerdote que casaba a los jóvenes. Puede parecer muy poca cosa si se olvida añadir que, por orden del emperador Claudio, aquello estaba prohibido. Esto le costó una pena de cárcel, que derivó en martirio y muerte en el año 270 después de Cristo. Según la leyenda, incluso tuvo tiempo para devolverle la vista a la hija de su carcelero, aunque al parecer no le sirvió para rebajar la pena… Sin embargo, San Valentín como “festividad” surge a raíz de la decisión de la Iglesia de acabar con las “Lupercales“, fiesta de origen romano durante la cual, los jóvenes salían a la calle y daban latigazos a las mujeres, a fin de procurar su fertilidad. Y ahí tenemos el origen de la festividad, celebrada hasta 1969, aunque comercializada desde 1840, cuando Esther A. Howland decidió vender tarjetas de motivos románticos.

Sin embargo, estas fechas han alimentado, junto con las grandes industrias, un modelo de amor romántico concreto. Muy probablemente al hablar de “amor” te venga a la cabeza alguna de las muchas princesas Disney, que aguardan a un príncipe azul que la haga feliz, o a esa muchacha “sencilla” de instituto en la que se fija el Quarterback del equipo local (algo usual en las películas americanas). Este modelo de lealtad y fidelidad absoluta hacia la pareja, propiciado también por la religión, acaba resultando en una toxicidad que, honestamente, debería reservarse a serpientes y arañas del hemisferio sur del globo.

La Bella Durmiente es una buena historia, tal vez no tanto como modelo romántico. Fuente: Disney's Sleeping Beauty

La Bella Durmiente es una buena historia, tal vez no tanto como modelo romántico. Foto: Disney’s Sleeping Beauty

Tenemos la concepción de que el amor es exclusivamente para nuestra pareja, y que esta nos debe lo mismo. Nada más lejos de la realidad. Esta visión única y estandarizada del amor no funciona para muchos, y si bien algunos consiguen quitarse ese estigma y logran desarrollar relaciones poliamorosas estables, otras se martirizan por sentir lo mismo por alguien aparte de su pareja, dando lugar a celos y comportamientos de posesividad nada saludables en ninguna relación que se llame a sí misma “estable”. Además, existe gente que no “siente” el amor romántico, o que carece de deseo sexual (asexuales se les llama, y no están rotos por mucho que se diga). Igual que es importante comprender que amar a más de una persona es posible, también lo es interiorizar que no todos buscan a alguien con quien pasar toda su vida, y que el sexo no tiene que ir asociado obligatoriamente al afecto.

Con esto vengo a decir que es necesaria una deconstrucción a nivel general de nuestro concepto de “amor”. Aprender a respetar el espacio y las preferencias de la otra persona, comprender que hay más de un modelo de amor, que por salir con una persona, esta no te debe relaciones sexuales, y que lo más importante a la hora de amar no es tener pareja, sino sentirse libre. Solo así se puede disfrutar del amor no solo el 14 de febrero, sino toda la vida. ¡Feliz San Valentín!

CC BY-NC-ND 4.0
San Valentín, el amor y otros mitos por Onofre Ortiz Fenoll está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

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