Si pides pan, se monta el circo

  • Hoy vamos a hablar de la gran palabra mágica, del término más usado, más leído y más comentado, sobre el que se montan debates en la tele y del que todo el mundo habla. La palabra mágica es, y aquí entra un redoble de tambores: “populismo”
El populismo haciéndose patente en las calles de España. Fuente: lainformacion.com

El populismo haciéndose patente en las calles de España. Foto: lainformacion.com

La palabra populismo es la nueva “demagogia”, el comodín y el as juntos; la carta que, instantáneamente, gana la partida. Imaginad que os encontráis en una discusión y os veis acorralados por una verdad incómoda de este tipo: “es una vergüenza que, en dividendos, este año gas natural se reparta un 10 % más de billetaje que el año pasado, llegando a más de 1000 millones de euros y que, a la misma vez, Rosa, una mujer de 80 y pico años, tenga que morir quemada y a oscuras en su casa porque los que se reparten la pasta le han cortado la luz. Por tanto, entiendo que, aunque esa gente gane menos pasta, se debería hacer algún tipo de regulación para que la luz eléctrica sea un derecho fundamental y no se le pueda negar a alguien por el mero hecho de no poder pagarlo, porque la pobreza genera muerte”. Si esto pasa, si un “rojo malo” os ataca de esta forma, no os preocupéis, que os la ha puesto botando. Sacad la palabra mágica, seguid el ejemplo de los medios, de muchos políticos de diferentes partidos y de algunos de los tertulianos más famosos del país, usad la carta y ganad la mano. Decidlo alto y claro. “Eso es populismo”.

Quizás, si hiciéramos un análisis sobre lo que es tildado de populista, podríamos descubrir qué se hace, generalmente, con lo que alguna gente ha pasado a llamar “verdades emancipatorias del pueblo”. Y se preguntará el lector, ávido de explicaciones: “¿qué son las verdades emancipatorias del pueblo?”. Elemental, querido Watson: una verdad emancipatoria del pueblo es algo que es verdad y que, además de ser verdad, describe las bajezas del sistema dejando sus vergüenzas al aire de forma entendible y reproducible por cualquier persona. Es una verdad que da argumentos con los que todos podemos armarnos para defender una postura, seamos doctorados, estudiantes de universidad o jornaleros analfabetos. El ejemplo anteriormente usado, en el que se señala a Gas Natural como culpable de la muerte de Rosa, es una verdad emancipatoria del pueblo.

Estas verdades, si las dice alguien con tirón que, además, tenga acceso a las tribunas mediáticas, y si llegan a todo el mundo, pueden generar una cohesión popular, una conciencia colectiva, un sentimiento de pertenencia a una clase social, un hermanamiento en defensa de unos servicios y derechos. Y entonces, cuando eso pasa, se monta el circo, no vaya a ser que a algunos se les desmonte el tinglado.

Y menudo circo; horas y polémica en la televisión. Que si el que lo ha dicho es un comunista, que si el comunismo mata a 200 000 millones de personas cada 15 minutos, que si Pol Pot, que si Mao, que si Irán, que si Corea del Norte, que si Cubazuela. Se escuchan gritos de “populista”, el público se viene arriba, “oé, oé, oé, oé”, “yo soy español, español, español”, “hemos venido a emborracharnos, el resultado nos da igual” y, entonces, aparece el payaso principal, el delantero centro del equipo y dispara un “usted ha sido financiado por el demonio, Stalin y Stan Lee”. Luego eso sale en todos los periódicos, en los telediarios y hasta en el papel del váter, para que no puedas escapar a una información de tamaña calidad. Al final, un juez dice que todo eso es mentira, pero eso ya… en pequeñito, en una esquina y para otro día.

Resultado final de la película: si se te ocurre decir que Rosa ha muerto porque le han cortado la luz eléctrica, defender los derechos humanos y pedir que la electricidad sea un derecho fundamental, a pesar de que el artículo 128 de la constitución diga que “toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general” y que no muera la gente de frío o quemada por tener que usar velas imagino yo que es interés general), te montan un cirio del copón y además resulta que lo que estás diciendo es populismo. Pero cuando sale De Guindos y dice que el rescate del sistema bancario no va a costarle un euro al estado engañando a todo el país, los medios le hacen palmas y resulta que hay que dar confianza a los mercados y es sentido de Estado. Vaya, cosas de la vida.

Y al final de todo, después de tantas horas de emisión, seguimos sin saber qué es el populismo, que, por cierto, parece tener un significado diferente al que se le ha dado. Al final de todo, lo único que sabemos con toda seguridad es que si pides pan, se monta el circo.

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Chencho Ruiz Ayala

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