¿Son las novatadas unas paletadas? Desmontando algunos de los argumentos a favor

Fuente: columnazero.com

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Este artículo tiene el propósito de reunir y analizar críticamente algunas de las razones que más frecuentemente se esgrimen a favor de la realización de las novatadas, y que los estudiantes recién llegados a la universidad tenemos ocasión de escuchar, en mayor o menor medida, año tras año.

En primer lugar, antes de entrar en materia, conviene hacer una distinción entre aquellas novatadas que pueden afectar seriamente a la salud física o mental (como las consistentes en tratar al estudiante como cenicero, en forzarlo a desnudarse o a ingerir grandes cantidades de alcohol, agua de retrete, vómito, etc.), y que, por norma general, son reprochadas y calificadas de excesivas -aunque continúan existiendo sin especial dificultad en los colegios mayores-; y aquellas otras que, en principio, no afectan de forma importante a la integridad de la persona (como las consistentes en lanzar huevos, harina, ketchup y otras sustancias a los novatos, en tratarlos y obligarlos a actuar como sirvientes, en forzarlos a simular actos sexuales…), y que, lejos de estar mal vistas, son justificadas y fomentadas por los propios alumnos a quienes van dirigidas con argumentos como los siguientes:

 

1. Si no quieres ir, no vayas… Nadie te obliga 

Sí y no. Vale, es verdad que no hay un veterano apuntándote con una pistola para que no te escapes (y espero que esto no sea lo que parece…), pero tampoco es del todo acertado afirmar que se puede decidir libremente si ir o no ir, en tanto que existe un condicionante considerable: el temor a ser marginado por los compañeros de clase durante el resto del curso (ocurra o no ocurra tal cosa finalmente).
En otras palabras: parece que hay algo de coacción.

Pero imaginemos por un momento que no fuera así, que no hubiera ningún tipo de coacción y la elección fuera libre. La primera consecuencia sería que no habría buenos motivos para prohibir las novatadas, como tampoco los hay para limitar la cantidad de alcohol que uno puede beber (cuando no va a conducir), ni para prohibir el sadomasoquismo, la lectura de los libros de Paulo Coelho o escuchar hablar a Eduardo Inda un sábado noche, por muy mal que estas cosas nos puedan sentar, pues son actos a los que se somete una persona mayor de edad de forma voluntaria y, lo que es más importante, no tienen consecuencias sobre terceras personas, sino solo sobre uno mismo.
Ahora bien, ¿que esta (segunda) clase de novatadas no deban prohibirse significa por sí solo algo más, como, por ejemplo, que sean un evento valioso y recomendable? Obviamente, no, pero hay quien dice que sí, basándose en algunos de los argumentos que se exponen a continuación:

 

2. Es una tradición 

Mencionar las palabras “Toro de la Vega” debería bastar para ver la debilidad de la idea “algo es una tradición, luego ese algo está bien (no es reprochable éticamente)”. Ojo, con esto no pretendo comparar, ni por asomo, los rituales de iniciación universitarios con lo que se hace cada año en Tordesillas sino, únicamente, constatar el error que se comete al concluir la bondad de una acción del hecho de que esa acción se lleve a cabo desde hace muchos años (error que incluso está catalogado por la lógica como una falacia o argumento no razonable, conocido como apelación a la tradición o -en latín, que queda mucho mejor- argumentum ad antiquitatem), y que lo mismo te sirve para justificar las novatadas como te sirve para justificar la tauromaquia o la opinión de que la mujer se debe quedar en la casa “porque así ha sido toda la vida”, cuando en lo que uno debe fijarse para emitir un juicio de valor es en el hecho en sí y no en sus, digamos, circunstancias (“es que se lleva realizando desde hace muchos años”, “es que va mucha gente“, etc.).
Y las propias características del hecho que nos ocupa (relación desigual amo-esclavo, humillación -aunque sea mínima-, posibles daños psicológicos e incluso físicos, y, en muchas ocasiones, pagando dinero por ello) me parece que no dicen precisamente mucho a su favor.
A estas objeciones se responde entonces con otro argumento:

 

3. Sirven para integrarte socialmente/Haces muchos amigos

Que vendría a significar algo así como “vale que a lo mejor sufres un poco, pero al final merece la pena porque conoces a gente y haces amigos” o, dicho de otro modo: las consecuencias positivas superan con creces a las consecuencias negativas. Pero, y digo yo, ¿acaso es imprescindible sufrir alguna consecuencia negativa para obtener las consecuencias positivas, o se podría perfectamente hacer otra actividad que solo tuviera las consecuencias positivas y ninguna negativa? ¿es que la harina y el ketchup ayudan a hacer amigos?
Yo, desde aquí, propongo a los veteranos algunas ideas (porque parece que con lo de “pollos de mierda” se agotó la creatividad), como una tomatina estudiantil (se pringa todo el mundo por igual), una guerra de almohadas, una fiesta de disfraces, una barbacoa o, si no hay más remedio, un botellón (en el que cada uno se paga lo suyo, y, de hecho, es donde se conoce a la gente después de la novatada). Que no sea por falta de alternativas…

 

4. Lo pasas bien 

Por último tenemos este argumento, a mi juicio, el mejor de todos los que se pueden esgrimir en favor de las novatadas, pero que no deja de plantear otros interrogantes como… ¿No dependerá bastante tal cosa -pasarlo bien- del tipo de novatada? ¿No parece razonable pensar que es en la fiesta “posnovatada” donde ya todos sí que se lo pasan bien? ¿E incluso no es posible que haya a veces algo de autoengaño o una suerte de racionalización defensiva en esa afirmación?
En el libro NOvatadas. Comprender para actuar se ofrece una explicación interesante de este fenómeno según la teoría de la disonancia cognitiva:

La disonancia cognitiva se define como el estado de tensión que se produce cuando una persona mantiene simultáneamente dos cogniciones o creencias (ideas, actitudes o valores) incompatibles. Por ejemplo, tener un buen concepto de uno mismo/a es incompatible con someterse a actividades vejatorias y degradantes para ganar aceptación social. Cuando nos encontramos ante estas contradicciones, nuestra tendencia es liberar la tensión resolviendo el conflicto en favor de una de las dos opciones: bien modificando la percepción de gravedad de estas situaciones [“no fue humillante, fue divertido”] o bien cambiando mi concepción de mí mismo y de mi valía personal. Siempre será más probable la primera opción, puesto que las personas recurrimos a este mecanismo cognitivo para proteger nuestro autoconcepto. 

Aunque, ahora que lo pienso, se me ha pasado un quinto argumento (y no me lo estoy inventando: juro que lo he escuchado un par de veces) para el que no tengo réplica, y que, intentando convencer a los novatos de acudir a las novatadas, diría algo parecido a lo siguiente:

 

Así se las puedes hacer tú a los nuevos el año que viene

Touché.

CC BY-NC-ND 4.0
¿Son las novatadas unas paletadas? Desmontando algunos de los argumentos a favor por Germán Medina está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

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