Son todos iguales

El deporte aglutina una serie de valores que se desvirtúan en manos de esos radicales. Además, sus ideales irradian odio e intransigencia: Hay que echarlos.

Desde hace entorno a un año, tras el asesinato de un miembro de los Riazor Blues en los aledaños del estadio Vicente Calderón, los hinchas radicales son la principal preocupación del fútbol español. “El mundo ultra se aburrirá de ir al fútbol”, dijo hace unos meses el presidente del fútbol profesional español, Javier Tebas. El mundo ultra como un todo indivisible y sin matices. El análisis simplista de establecer esa equidistancia entre todas las hinchadas ultra, indefectiblemente equipara con ello sensibilidades, valores e identidades.

Varios políticos catalanes posan con la camiseta del Barcelona.  Fuente: El Periódico

Varios políticos catalanes posan con la camiseta del FC Barcelona. Fuente: El Periódico

“El deporte está para unir, los ultras utilizan el fútbol como excusa para enfrentar ideologías”, reclaman medios de comunicación e instituciones. Que la política y el deporte no son compatibles, parecen decirnos. Pero, ¿qué es, sino política, el trato de favor de administraciones públicas hacia determinados clubes mediante la cesión de instalaciones, quitas de deuda, patrocinios o subvenciones? ¿Cómo ponderar la carga ideológica que subyace en el precio prohibitivo de las entradas, en la existencia de clubes como sociedades anónimas, en la explotación publicitaria de marcas y estrellas o en la mera cohabitación de empresarios, directivos y políticos en los palcos de los estadios?

La realidad es que hay connotaciones políticas en cada persecución arbitraria a un grupo ultra determinado. Por supuesto que también es política la militancia, presente o pasada, de algunos dirigentes. El fútbol exhala política y, por lo tanto, no se puede censurar la expresión ideológica de las gradas. Para el ultra, el fútbol es un universo paralelo tan real y tan serio como la vida misma. En su club encuentra un auténtico sentimiento de pertenencia y se llegan a confundir la identidad de uno y otro.

Si de ultras quieren hablar en la Liga de Fútbol Profesional, primero deben preguntarse quiénes son los intolerantes. Y, ante todo, reclamar responsabilidades a aquellos clubes en los que se ha amparado y patrocinado el negocio y la barbarie de los violentos. Esa es la verdadera batalla de Javier Tebas, distraído con la comercialización audiovisual de La Liga, y no la politización del fútbol, la exposición ideológica de las hinchadas ni, por supuesto, la caza de brujas indiscriminada hacia todo el colectivo ultra.

Protesta de 'Bukaneros' por la celebración de partidos los lunes. Fuente: Rayo Herald

Protesta de ‘Bukaneros’ por la celebración de partidos los lunes. Fuente: Rayo Herald

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Javier Aguilar

Maestro y estudiante de Periodismo. Intento contar cosas a través del fútbol.

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