¿Son útiles los deberes?

Desde hace algunas semanas, hay un tema candente en los medios de comunicación que vuelve a poner nuestro sistema educativo en el punto de mira: los deberes. Esa tarea que realizan estudiantes desde primaria hasta bachillerato y que puede resultar tan tediosa como necesaria, según el cristal con el que se mire. Esta división de opinionesotra más– ha logrado enfrentar estos días tanto a padres y madres como a docentes.

Las cuestiones que se plantean son varias: ¿es excesiva la carga de trabajo que deben realizar los escolares en sus casas?, ¿tiene alguna utilidad?, ¿debería regularse legalmente el tiempo que dedican a este tipo de tareas? En la primera cuestión, suelen coincidir gran parte de las familias: los niños pasan demasiado tiempo haciendo deberes. Ahora bien, mientras que algunos lo entienden como “un mal necesario”, para otros es inaceptable.

He de confesar que me agrada que al fin se haya abierto este debate en España. No me avergüenza reconocer que he pasado muchísimas más horas de las que me correspondían sentada en el escritorio. Ese sentido de la responsabilidad, del que padecemos algunos, nos ha acarreado algún que otro dolor de espalda, bastantes agobios por falta de tiempo y, sobre todo, mucho mal humor. No es agradable pensar en lo que te pierdes fuera mientras resuelves divisiones de cuatro cifras.

Es perfectamente factible ser un buen estudiante sin realizar dos –o más- horas diarias de trabajo en casa. Iré más allá: en su gran mayoría, la cantidad de deberes que he tenido que hacer a lo largo de mi vida han sido del todo inútiles. No se equivoquen, la tarea no mejora el rendimiento ni contribuye a paliar las dificultades que ciertos alumnos padecen.

¿Son útiles los deberes?

Foto: www.elcorreo.com

Mucha gente opina que los hábitos de estudio y trabajo que se adquieren haciendo deberes son útiles y necesarios. Falso. Los hábitos de estudio del estudiante medio dejan mucho que desear: se les ha enseñado a ser esponjas, a absorber de memoria todo el conocimiento posible para soltarlo a trompicones el día del examen y olvidarlo antes de que pasen veinticuatro horas. Lo único que consiguen los deberes es provocar tedio y frustración, lograr que se aborrezcan los contenidos que se estudian y que el colegio sea un fastidio. Porque ya ni los fines de semana se respetan.

Deberíamos empezar a trabajar desde las aulas. Si los docentes consideran que hay ejercicios indispensables, que se hagan en clase. Así es más fácil evitar que los alumnos se escaqueen y controlar cuántos de ellos encuentran dificultades. Por su parte, el “trabajo en casa” podría enfocarse muchísimo mejor. Podrían hacerse trabajos de investigación, encargar libros de lectura o simplemente repasar lo aprendido durante el día para asentar conocimientos. Pero no, seguimos pensando que es mucho más útil analizar sintácticamente quince oraciones, resolver veinte ecuaciones y “destripar” un poema de Lorca (no vaya a ser que el hombre se equivocase al medir los versos). El conocimiento que ofrece nuestro actual sistema educativo es enteramente teórico, y se nos está olvidando que la teoría no es aplicable en la vida real.

Jamás he sido mala estudiante. Por desgracia, me di cuenta tarde de que la cantidad de tarea no variaba en absoluto mis calificaciones. No me cabe duda de que si pudiera volver atrás, haría menos deberes. Porque he perdido -me han hecho perder- demasiado el tiempo.

Educación es lo que queda después de olvidar lo que se ha aprendido en la escuela (Albert Einstein)

 

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Ana Cantero Ros

Estudiante de primer año de Periodismo, aunque siempre he tratado de escribirlo casi todo. Apasionada del rap y la cultura hip hop, de los idiomas, de la filosofía y de la música irlandesa.

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