Tengo un sueño

  • Se nos toma por objetos, por instrumentos que pueden utilizar para satisfacer sus necesidades

El productor Weinstein con dos de las actrices que lo han acusado de acoso sexual. Foto: www.filo.news

He estado leyendo estas últimas semanas un aluvión de comentarios sobre la noticia de que el productor de cine estadounidense, Harvey Weinstein, había acosado y abusado sexualmente a una treintena de mujeres del mundo de Hollywood. Y algunos me han parecido hirientes para mí como mujer y como ser humano, pero sobre todo me he sentido desesperanzada y triste al observar que seguimos siendo consideradas seres de segunda clase, relegadas a un segundo lugar que nos desnuda de dignidad.

Dejando al margen las supuestas atrocidades de las que se acusa a este «señor», su caso me ha hecho reflexionar acerca de lo que nosotras y, solo nosotras, estamos obligadas a soportar diariamente. No es solo un problema del mundo del espectáculo. Los hombres creen que se encuentran en un escalafón de superioridad y, por ello, se cometen este tipo de actos.

Queramos asumirlo o no, no estamos en una sociedad moderna, libre y abierta como se nos pretende hacer creer. Nos encontramos en un complejo social en el que las mujeres todavía siguen teniendo miedo de volver tarde de noche a casa, de pasar por delante de un grupo numeroso de hombres, de vestir ropas cortas y reprimidas con su vida sexual. ¿Esto es libertad e igualdad?

Según datos del Ministerio de Interior, desde 2009 hasta fecha de 2015 se registraron en España un total de 8933 casos de violación –más los casos de acoso y abuso de otro tipo y aquellos que no se han podido registrar–. Estas cifras son un reflejo de la deplorable situación en la que nos hallamos.

Se nos toma por objetos, por instrumentos que pueden utilizar para satisfacer sus necesidades porque se nos considera débiles y vulnerables. La realidad es muy distinta; no consideraría débil ni vulnerable a un grupo que ha luchado en solitario para conseguir el ápice de igualdad que hemos logrado dejando atrás a muchas.

Sin embargo, actualmente vislumbramos un destino elegíaco que hemos contraído ambos sexos; a pesar de ello, yo renuncio a él y no estoy dispuesta a quedarme como muchos otros atentando con mi pusilánime pasividad a los derechos y libertades que nos merecemos. Las mujeres –algunas cómplices de los actos de algunos hombres y otras tan o más machistas– tenemos mucho camino por hacer y cuanto antes se eche a correr, antes alcanzaremos la meta.

Prestando atención a algo tan cotidiano como el propio lenguaje, observamos la gran nube de machismo que nos persigue y nos llena nuestra carrera de niebla: nosotras somos putas pero ellos son solo mujeriegos, nosotras somos locas pero ellos son varoniles, nosotras somos víboras, zorras o arpías, se llora como una mujer pero se lucha como un hombre y, así podría continuar inundando párrafos. Aun así, prefiero ser todo esto antes que ser cobarde, maltratador, violador, asesino y otros muchos adjetivos que acompañan a nombres masculinos en los telediarios.

Por esta misma razón, no es un tema que ataña únicamente al sexo femenino. ¿Acaso vosotros no queréis borrar vuestro estigma? ¿No sois padres, hijos, hermanos, parejas? ¿Cómo pensáis que se sustentaría este mundo sin nosotras? ¿No os gustaría demostrar vuestra valía sin necesidad de someter y esclavizar a las mujeres?

En definitiva, no es una cuestión baladí. Es un asunto de suma relevancia y que ha de grabarse a fuego en nuestras conciencias para poder hacer de esta miserable sociedad algo más decente.

Martin Luther King tenía un sueño –acabar con la supremacía blanca en Estados Unidos–, sueño que todavía no se ha cumplido después de 54 años. Yo también tengo un sueño: conseguir la codiciada y anhelada igualdad entre hombres y mujeres. ¿Cuánto tiempo? ¿Hasta cuándo?

«El lugar de una mujer en la sociedad marca su nivel de civilización»

Elisabeth Cady Staton

Imagen de perfil de Esperanza Hernández Martínez

Esperanza Hernández Martínez

Estudiante de Periodismo e Información y Documentación. Amante del cine español, la literatura clásica y la música.

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Tengo un sueño por Esperanza Hernández Martínez está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

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