Un ciclista, una vida

  • A uno se le encoge el corazón cada vez que abre los diarios digitales, ve el telediario o escucha la radio y se entera de que ha habido un nuevo atropello con ciclistas implicados. Por desgracia, los accidentes en esta vida ocurren y nos pueden pasar a cualquiera y en cualquier circunstancia. Ahora bien, tener que enterarte de que ha muerto un deportista por el simple motivo de que a una persona ebria se le ha ocurrido la brillante idea de ponerse al volante genera una impotencia increíble. La rabia y la tristeza de que podría haber sido cualquier amigo o familiar, o incluso uno mismo

Domingo, 14 de mayo de 2017. Abro mis redes sociales como todos los días y ojeo las novedades de los diarios digitales. Todo normal, salvo el gallo de Eurovisión. Entre tanta coña irónica y memes, una noticia capta mi atención: “Una conductora ebria atropella a dos ciclistas en Navarra y se da a la fuga”. Una persona borracha, con toda la crudeza y banalidad del adjetivo, se dispone a conducir su vehículo y, lo que es peor, atropella a dos deportistas indefensos para darse a la fuga. ¿Qué clase de poca vergüenza, falta de sentido común y ausencia de humanidad hay que tener para actuar de esta manera?

Señoras y señores, un ciclista que sale a la carretera es un blanco francamente vulnerable. Todos los amantes de este deporte, a los que nos gusta salir a disfrutar de las dos ruedas, conocemos el peligro al que nos exponemos. Yo soy el primero que ha tenido alguna vez algún susto y, por suerte, nunca ha ocurrido ninguna desgracia. Sin embargo, todos estos accidentes, además del factor suerte, radican en una falta de respeto. Tan sencillo como eso. España nunca será un país de bicicletas porque esa cultura no está arraigada aquí. Alguna vez se me ha ocurrido desplazarme por Murcia centro en bici y se pedalea con una tensión increíble. Los peatones invaden los pocos carriles bici existentes y los vehículos te adelantan sin respetar el metro y medio de distancia. Además, a algún salvaje todavía se le ocurre pitarte, sin saber que con ese ruido de claxon puede asustarte y tirarte de la bicicleta.

Un casco y la pericia se postulan como la única protección del ciclista ante un vehículo. El resto, suerte. No quiero decir con estas líneas que algunos aficionados a dar pedales no incumplan las normas circulando en filas de más de dos ciclistas o pedaleando en las aceras. También los hay, ojo. Pero la situación actual, con tantos atropellos y por causas tan similares quitan las ganas de pedalear en la calle. Detrás de cada bicicleta, cada casco y cada maillot, hay una vida, una familia, unos amigos. Resulta triste y extremadamente fácil acabar con todo eso. Para empezar, si te pones al volante no bebas y cuando veas a un grupo de ciclistas, piensa dos veces cómo vas a adelantarlos. Respeto y civismo.

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Alberto Martínez

Melómano, adicto al deporte y la información, interesado en la salud y la política. Stay strong and keep moving. #ImMadeOfSport

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