Yo sufrí maltrato

“A veces sueño que aún estoy con él. Estamos juntos y yo sé que quiero dejarle. Pero nunca lo hago.”

Esto no es parte de ningun relato. Ojalá lo fuera. Esto es una historia real, una historia vivida por mí. Yo he sufrido maltrato.

Tenía 16 años y cuando lo dejé, 17. Agradezco todos los días que solo hubiera durado un año y cuatro meses. Por desgracia, esto no es lo normal. Lo normal es pasar años en este infierno, hasta que decides salir (si hablamos de las que lo consiguen). Y es por ellas por las que escribo esto.

A mí nunca me pegó un puñetazo, jamás llegué a mi casa con un ojo morado. No le hizo falta. Yo hacía absolutamente todo lo que él quería. Eso no quiere decir que no tuviera marcas nunca. Pero claro, los moretones del pecho, para que no te pusieras camisetas con escote, no los enseñas. Ahí me encontré con otro problema de la sociedad, eso no es maltrato. Un puñetazo porque se ha enfadado durante una discusión es machismo. Que te hagan un chupetón para que no te pongas cierta prenda de ropa, no lo es.

Cuando lo dejamos, las pocas personas que seguían en mi círculo de amistades se sorprendieron, decían que no se imaginaban que tuviésemos problemas, ¿cómo lo iban a saber? No llegas y cuentas: “ayer mi novio me obligó a mantener relaciones sexuales con él”. Tú dices que “a veces a ti no te apetece pero a él sí, y haces el esfuerzo porque eso es una relación”. Y él ni si quiera necesita ‘violarte’ de forma agresiva. Los maltratadores son muy listos. La mayoría de las veces no necesitan pegarte para hacerte agachar la cabeza y hacerte sentir como la peor persona del mundo por querer salir a tomar un café sin él. La manipulación es algo que vives continuamente junto con el aislamiento social. No te va a prohibir salir de fiesta con tus amigas, pero ya se inventará un problema o causará una discusión para que tú esa noche (por “voluntad propia”) no quieras salir.

Fuente: Google

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Y las secuelas son terribles. Viví aquello durante un año y cuatro meses. Terminó cuando yo tenía 17 años. Ahora tengo 20 y sigo teniendo pesadillas. No he tenido ninguna relación desde entonces. El sexo debería ser lo más maravilloso del mundo, pero a mí me da miedo desnudarme delante de alguien y, si lo hago, si consigo hacerlo, rezo para que los recuerdos no me pillen en ese momento y rompa a llorar sin motivo aparente. No he olvidado las veces que me dijo que no era nadie, que debería aprender a hacer que fuera más feliz conmigo.

Cuando, por fin, salí de eso, me pasó como a todas. Ahora sí que no era nadie. Él era un jarrón roto que necesitaba parches y yo me convertí en arcilla, me amoldé a él y a sus gustos, aficiones, personalidad, familia, amigos, etc. Sus gustos de música eran los míos y pasaba lo mismo con el cine, la televisión, la literatura… Me obsesioné por qué me hacía reír antes de conocerle, las cosas que realmente hacían que riera hasta que me doliera la barriga.

Y las encontré. Y seguí adelante. Y ahora mucha gente me llama feminazi porque no tolero cosas que otras sí. Pero yo sé a dónde lleva tolerar ciertos comportamientos. Por supuesto, que no todos los hombres son machistas o maltratadores en potencia, pero ciertas conductas lo son, y yo culpo a la sociedad.

Nadie ha intentado convencerme de escribir sobre esto, al contrario, todo el que alguna vez se ha enterado de una pequeña parte ha tratado de que lo guarde en secreto con frases como: “nadie tiene por qué enterarse de las cosas que pasan en tu intimidad”, “vas a quedar estigmatizada para siempre”, “no lo cuentes, no hagas pública esta vergüenza”, “¿y si él se entera de que lo has contado?” o, la mejor de todas, “si vas a empezar con un chico, no lo cuentes; él no tiene porqué cargar con las secuelas que otro te causó (o te causaste tú misma por no hacer nada a tiempo)”.

Lo más triste de todo es que estas frases provienen de personas de mi entorno más cercano. De personas que solo buscan mi bien y lo hacen sinceramente. El problema no es de ellas, ni de mí. El problema es de una sociedad que nos ha enseñado que, si has sido maltratada, tienes que callarte. Tienes que luchar contra ello y apoyar a las que han sido maltratadas, pero tu historia no puedes contarla. El problema es de una sociedad que no entiende que para salir de ello, necesitas ver que otras lo han hecho. Y no otras que salen en televisión contando su historia de 20 años de maltrato físico constante o cuando te enteras de que alguien ha estado en coma dos días por una paliza porque entonces, cuando esas son las historias que conoces, resulta que lo tuyo no es maltrato. Y lo es.

La edad es otro factor importante. Sabemos que no hay un perfil específico de mujer maltratada al igual que no lo hay de maltratador. Yo tenía 17 años y no vivía con él, ni teníamos una familia en común, ni había pasado más de 5 años en esa situación, ni me había pegado palizas. Pero había sufrido maltrato.

Por último, diré que si alguien se encuentra en esta situación hablad con vuestras madres, padres, amigas, amigos, hermanas, hermanos… Tened en cuenta sus opiniones. Una relación no es sana si te pasas un 50% del tiempo bien y el otro 50% llorando. Y, sobre todo, no tengáis miedo a la sociedad, a los estigmas, a los padres que van a ver vuestra historia por las redes sociales, a los amigos que aún tenéis en común y que van a descubrir quién es, a los desconocidos que van a poder señalaros por la calle. No tengáis miedo de buscar ayuda, porque haber sido maltratada no es una vergüenza. Una vergüenza es maltratar. 

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Alba Morales Madrid

Amante de la literatura, música, cine y teatro. "Cultureta" por excelencia.

CC BY-NC-ND 4.0
Yo sufrí maltrato por Alba Morales Madrid está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

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